El dilema de "entrar y salir": apuntes para pensar el 2023 - Política y Medios
04/12/2022 - Edición Nº5420

OPINIÓN

El dilema de "entrar y salir": apuntes para pensar el 2023

Existe un problema que llamaremos el dilema de "entrar-salir", que implica una dificultad de los dirigentes políticos del interior para perforar electoralmente el AMBA. Su contraparte, los candidatos que surgen del conurbano o de la ciudad, a su vez tienen enormes dificultades para lograr el apoyo en el interior del país.

Por: Nicolás Mujico - Politologo UBA- Maestrando en Defensa Nacional UNDEF

 

Hace rato que los reflectores solo iluminan el desencanto. Un actor se pasea por la escena a los gritos. Al siguiente acto, dos de los protagonistas del drama se pelean de manera más o menos velada. El público se fastidia. Sin embargo, muchas otras cosas suceden y el desenlace de la historia finalmente puede revelarse sorpresiva. Para eso, hay que ser capaz de dar cuenta de todo. Como los buenos críticos teatrales. A falta de uno, las líneas que siguen intentar dar cuenta de todos los personajes y el drama actual de esta obra, a la que podríamos denominar “elecciones 2023”.

Los sistemas electorales son el modo en el que se traducen votos en cargos públicos. En ese sentido, Javier Milei podrá obtener con suerte un buen resultado en las elecciones nacionales, si es que todo lo que se comenta día y noche es cierto. Sin embargo, es más difícil que logre buenos desempeños en las 24 jurisdicciones, más aún en los 135 municipios de la provincia y en los más de 1000 que existen en todo el país. Acción por la República, aquel partido liderado por Domingo Cavallo con sus dos millones de votos y el 30% en la ciudad, no logró más de 12 diputados en su mejor momento. Recrear, estuvo a solo 800 mil votos del balotaje en 2003 que posiblemente hubiese llevado a la presidencia a Rircado López Murphy sin lograr mas que un puñado de diputados y ningún senador para migrar lo poco que le quedaba a un precio de regalo al PRO tan solo dos años más tarde. El pan radicalismo ARI, Coaligado o con algún otro nombre, no superó mas de los 13 diputados. Nunca lograron acceder al senado con una representación significativa. Todos estos partidos surgidos en el área metropolitana lograron un gran caudal de votos y escasa representación.

El radicalismo tiene el problema inverso. A pesar del desastre del 2001, logró pasar los siguientes 10 años sin caer nunca por debajo de los 40 diputados y 13 senadores y eso a pesar de, en muchos casos, no contar siquiera con un candidato presidencial propio. Eso le permitió articular el Frente Progresista que se opuso al segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner y luego ser la base nacional, estructural e institucional (aunque no electoral) del Frente político Cambiemos. Cabe recordar que todavía en 2013, el PRO no alcanzaba los 20 diputados.

El radicalismo, decíamos, tiene el problema inverso. Si bien es competitivo en los distritos del interior del país y de Buenos Aires, en las provincias donde gobierna y donde se fortalece como oposición, no logra tener un candidato presidencial desde el colapso del 2001. Esta situación que intentan revertir con la aparición del gobernador Gerardo Morales, Facundo Manes, Julito Cleto Cobos y Alfredo Cornejo, no parece por el momento estar surtiendo efecto frente a los candidatos que aporta el PRO del área metropolitana, donde el caudal de votos parece garantizarles un piso con el que el radicalismo no puede competir. Estos candidatos de la ciudad, por su parte, continúan sin tener buena penetración en el interior del país.

Existe un problema que llamaremos caprichosamente el dilema "entrar-salir", que podríamos postular como la dificultad de los dirigentes políticos del interior para perforar electoralmente el AMBA. Su contraparte, los candidatos que surgen del conurbano o de la ciudad, a su vez tienen enormes dificultades para lograr el apoyo en el interior del país.

El peronismo tiene su propia versión de este dilema. En el retorno a la democracia Carlos Menem y Eduardo Duhalde fueron los grandes protagonistas de este drama. El kirchnerismo, gracias a la elección de Cristina Fernández del año 2005, logró superar este problema. Esta elección explica el enorme liderazgo de la expresidenta que en 2023 acumulará dos décadas de vigencia en la primera plana nacional. No obstante, desde su salida de la rosada en 2015, el dilema reaparece y se expresa con claridad en las primeras elecciones de 2019. Derrotas K en Neuquén, Chubut y retiro de candidatos en las elecciones cordobesas. Victorias de los gobernadores peronistas en La Pampa, San Juan, Santa Fe y Córdoba. Esta última elección, decidió a Cristina a no intentar ir personalmente por la presidencia y proponer un candidato que le haga “bajar la guardia a los gobernadores”. Para consolidar su distrito, fue a su vez en búsqueda de Sergio Massa quien traccionó los votos de la primera sección electoral para garantizar una elección brillante en 2019.

Al día de hoy, la profundidad de la crisis en el binomio presidencial es notoria. Sin embargo, esa herida no es mortal. Ninguno parece estar decidido a la traición final. Es probable que simplemente no lo hagan porque no pueden. El mandato de Alberto Fernández esta signado por la promesa de “no pelearse nunca más con Cristina” de acuerdo a sus propias palabras. Por su parte, la jefa del kirchnerismo conoce bien las implicancias de un Vicepresidente opositor. El gobierno transitará su último año envuelto en este encierro estratégico que no tiene mecanismos institucionales creados para resolver semejante entuerto. Este empate catastrófico es más propio de parlamentarismos europeos que de democracias presidencialistas sudamericanas. La crisis, por lo tanto, salta del gobierno al Frente de Todos. De la nación a su provincia más importante. El gobierno en general, se hace chiquito.

La discusión suscitada es profunda porque se trata de definir donde reside la soberanía política en el Frente de Todos. No se trata de una pueril discusión ideológica, sino de una profunda discusión política que define el futuro político de una generación de dirigentes. Prueba de ello es el sinuoso camino trazado por CFK en estos últimos años. Hoy resulta inaceptable acordar con el Fondo Monetario Internacional. Sin embargo cuando necesitó los votos de la ciudadanía, no tuvo inconvenientes en acordar con Sergio Massa quien además de acompañar al expresidente Macri a Davos, aportó los votos en 2016 para negociar con los holdouts y prestó los votos para el desafuero de Julio De Vido, lo que hizo posible su puesta en prisión. Cristina se intensifica en el día a día pero en cuanto se acercan las elecciones pierde intensión y gana en extensión. Es posible, conociendo esta historia, que lo que hoy parece inaceptable, vuelva a ser considerado necesario el año que viene.  

Por su parte, el dilema reaparece y esta vez con escenografía cambiante a cada semana. Por un lado, Máximo Kirchner lidera el peronismo bonaerense de dudosas posibilidades en 2023. A su vez, resulta impensable una victoria en el orden nacional sin una victoria en la provincia. Por su parte, Cristina, re-edita Unidad Ciudadana, lo que podría comprometer las posiciones políticas de su hijo, ya que el peronismo bonaerense es parte integrante del peronismo en el orden nacional conducido por el presidente. Gambetear estas cuestiones estatutarias podría tener un alto costo. 

Parece que todo se definirá en mayo o junio de 2023. Dependiendo de las expectativas, las estrategias podrán cambiar. Suponiendo que los gobernadores, el gobierno y Cristina se vean con posibilidades de ganar o perder, el dilema podrá o no tener solución, ya sea por vía Kirchnerista o Peronista. Los actos de Esteban Echeverría y Mendoza son los primeros indicios de estas nuevas puestas en escena. Ambas estrategias podrían incluir, por qué no, el renunciamiento histórico de los Fernández.

En cambio, si para mayo del año que viene no hay expectativas de victoria, el Kirchnerismo podría intensificar su discurso (ya de por sí intenso) y convertirse en un nuevo movimiento político con base en el conurbano sobre el ya creado partido político ciudadano. Los gobernadores podrían jugar solo a consolidar sus distritos corriendo los calendarios electorales como viene sucediendo hace ya tiempo. En ese sentido, la lección Masaccesi es un  caso de estudio que habría que desempolvar. En el año 1995, Menem reelegía, el FREPASO obtenía 7 millones de votos y el radicalismo 3.5 millones. Sin embargo, el radicalismo logró obtener 6 gobernaciones, muchísimas intendencias y consolidar su poder como oposición principalmente en el senado y en menor medida en diputados. El partido de Chacho Álvarez, por su parte, no logró una sola gobernación ni municipio, sino apenas dos senadores y un puñado de diputados. Esta situación significó que, cuatro años más tarde, tuviese que aceptar a Fernando De La Rúa como cabeza de formula. El desastroso gobierno de la Alianza hace olvidar esta exitosa estrategia radical de largo plazo que hoy más de uno procura aprender.

Después del 2023, aunque algunos creen que no existe más nada, viene el 2024 y el partido sigue. Por lo tanto, no a todos les conviene lo mismo. Llevamos 20 años sin candidatos del interior competitivos. Buenos Aires impone su agenda y decide como hermana mayor sobre los destinos de todos. Muchas son las cosas a revisar. A pesar de ello, nunca hay que perder la esperanza. El milagro de la unidad, aún es posible.

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