El que controle el petróleo, controlará las naciones; el que controle los alimentos controlará a los pueblos - Política y Medios
22/05/2022 - Edición Nº5225

ANÁLISIS

El que controle el petróleo, controlará las naciones; el que controle los alimentos controlará a los pueblos

Después de dos meses de la invasión rusa a Ucrania, los mercados energéticos se han alterado. El gas, el petróleo e incluso el carbón son los grandes protagonistas de las preocupaciones mundiales y atrapan los titulares de los medios. En la mesa del poder mundial, se sentarán los que dominen el petróleo y los alimentos. ¿Quiénes serán después del conflicto?

Por: Martín Bronstein - Investigador del Centro de Estudios de Energía, Política y Sociedad (Ceepys)

 

Después de dos meses de la invasión rusa a Ucrania, no caben dudas que los mercados energéticos se han alterado. El gas, el petróleo e incluso el carbón son los grandes  protagonistas de las preocupaciones mundiales y atrapan los titulares de los medios. Incluso más: pareciera que la transición energética impulsada por Europa y el gobierno de Joe Biden, que implicaba una lucha sin cuartel contra los combustibles fósiles, se está flexibilizando en aras de  la seguridad energética. Los números mandan: hoy el 83% de la energía primaria mundial proviene de estas fuentes energéticas. 

La pregunta entonces es: ¿la guerra en Ucrania ha cambiado los mercados petroleros y energéticos para siempre? Sí y no. Incluso antes de que Rusia invadiera Ucrania y generara un aumento extraordinario de los precios del gas y del petróleo, el mercado petrolero ya mostraba problemas de suministro y precios altos. Rusia invadió Ucrania el 24 de febrero. El precio del Brent el 23 de febrero era de US$ 99,29. Después de que las tropas rusas entraran en Ucrania, los precios del Brent se dispararon, con precios promedio semanales que subieron hasta US$ 123,60, para la semana que terminó el 25 de marzo de 2022. El precio actual del petróleo Brent es de alrededor de US$ 104. Si comparamos el precio actual con el precio del día anterior al comienzo de la invasión, el precio es solo US$ 5 más alto. Incluso en comparación con el promedio semanal del 28 de enero de US$ 90,22, el precio actual es US$ 14 más alto.

Por lo tanto, la situación es más compleja y decir que sólo la invasión de Ucrania está causando el alto precio actual es discutible y supone que los altos precios desaparecerán repentinamente si el conflicto desaparece. La verdad pareciera ser, sin embargo, que hay problemas de suministro provocado por la falta de inversiones en los últimos años y por la pérdida de influencia de EEUU sobre los países de la OPEP lo que hace que el aumento de la producción de la alianza siga sin cambios a pesar de los pedidos de Washington para aumentarla. Los gobiernos de los países exportadores de petróleo están aprovechando la situación. Ellos necesitan precios altos para cobrar altos impuestos sobre el petróleo 
exportado. Cada vez estamos experimentando más un conflicto entre los precios que los consumidores pueden pagar y los precios que requieren quienes lo extraen o producen. Pareciera que hoy la mayoría de los países exportadores de petróleo necesitan un precio superior a 
US$ 100 por barril para satisfacer sus necesidades, incluidas la reinversión y los impuestos para sostener el estado. Por el otro lado, los consumidores preferirían que los precios del petróleo estuvieran por debajo de los US$ 50 por barril para mantener bajo los precios de los alimentos  y el transporte. Esta tensión continuará seguramente cuando finalice el conflicto.

En este sentido, vemos una situación similar a la guerra árabe-israelí de 1973, donde un conflicto local se convirtió en global por el embargo petrolero hacia los países que apoyaron a Israel. Esa guerra empoderó a la OPEP que había sido creada en 1960 sin demasiada influencia en los mercados, provocó la nacionalización del petróleo en los países árabes, triplicó el precio del crudo y reconfiguró el mercado petrolero mundial que pasó a ser controlado por la OPEP desplazando a EEUU.

Aunque algunos historiadores han señalado el hecho de que el embargo finalmente fracasó en el sentido de que no llevó a Israel a renunciar a todo el terreno conquistado en la Guerra de Yom Kippur, un análisis más profundo nos muestra que Arabia Saudita y sus socios de la OPEP 
habían ganado una guerra más amplia en el sentido de que el equilibrio de poder había cambiado entre los grandes consumidores de petróleo (principalmente en Occidente en ese momento) y los grandes productores de petróleo (principalmente en el Medio Oriente en ese 
momento). Este punto fue destacado por el entonces Ministro de Petróleo y Reservas Minerales de Arabia Saudita, sheikh Ahmed Zaki Yamani, quien es reconocido como el ideólogo de la estrategia de embargo, quien destacó que el embargo marcó un cambio fundamental en 
el equilibrio mundial de poder entre las naciones en desarrollo que producían petróleo y las naciones industriales desarrolladas que lo consumían.

Este punto también lo advirtió EEUU, y particularmente Henry Kissinger, quien se desempeñó como Asesor de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de enero de 1969 a noviembre de 1975 y como Secretario de Estado de septiembre de 1973 a enero de 1977. En el momento del embargo petrolero de 1973/74, EEUU había perdido el autoabastecimiento y su producción estaba en declinación, por lo tanto, formuló una estrategia para evitar que los estados árabes volvieran a unirse para controlar los precios mundiales del petróleo y, con eso, socavar la economía estadounidense y su poder político en todo el mundo. A Kissinger se le ocurrió una variación del concepto de "divide y vencerás", conocida como "La Doctrina Kissinger" de "ambigüedad constructiva", en la que EEUU (con la ayuda de Israel) explotaría los conflictos sectarios y étnicos religiosos de los estados árabes. La visita controvertida del entonces presidente egipcio Anwar Sadat a Israel en 1977 y la posterior firma en 1979 del Tratado de Paz Egipto-Israel son un ejemplo de esta doctrina. La guerra Irán-Irak en los 80 del siglo pasado, otro ejemplo. El acuerdo con Arabia Saudita en 1985 para inundar el mercado con petróleo y así bajar los precios con el objetivo de debilitar a la Unión soviética, la otra gran potencia de entonces, fue otro ejemplo exitoso de esta estrategia.

Sin embargo, hoy la situación es muy distinta y comenzó a cambiar antes de la invasión a Ucrania, lo que se ve reflejado en la solidez de la alianza de la OPEP+ y en la abstención de los países árabes a condenar a Rusia. Los comentarios negativos de Biden sobre Arabia Saudita durante su campaña electoral presidencial parecen haber causado una ruptura de la relación entre el Reino y EEUU basada en el acuerdo que alcanzaron en 1945 y que hicieron de esa relación un factor fundamental para disciplinar a los países árabes más confrontativos con Occidente. 

Hoy, Arabia Saudita no solo abrió un canal de diálogo con Irán y se negó a aceptar las llamadas telefónicas de Biden sobre el tema de los altos precios del petróleo, sino que también ha presionado para que se amplíe y profundice la cooperación de los estados árabes. El hecho de que el organismo formal para esta cooperación, el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), pareciera estar moviéndose hacia la esfera de influencia de China puede ser sólo una forma para que Arabia Saudita y los otros estados adviertan a EEUU que sus días de dependencia de Washington han terminado. Pero también podría ser un movimiento genuino, como lo destaca la reciente serie de reuniones en Beijing entre altos funcionarios del gobierno chino y ministros de Relaciones Exteriores de Arabia Saudita, Kuwait, Omán, Bahrein y el secretario general del 
Consejo de Cooperación del Golfo (CCG). En estas reuniones, los principales temas de conversación fueron sellar un Tratado de Libre Comercio entre China y el CCG y una cooperación estratégica más profunda en una región donde el dominio de EEUU está mostrando signos de retroceso. Detrás de estos acuerdos está la seguridad energética de China y el resurgimiento de la ideología del panarabismo sustentado en que todavía el mundo no puede desprenderse del petróleo.

Antes que Rusia invadiera Ucrania, ya Europa estaba en una situación de crisis energética, con problemas en las cadenas mundiales de suministro, inflación en alza debido al aumento de los precios energéticos y de las materias primas debido a sus políticas de transición energética. 
Ahora, todo parece estar empeorando a la vez. ¿Cuánto tiempo falta para que las cosas vuelvan a la normalidad? Los estrategas geopolíticos han estado planteando hipótesis sobre cómo podría terminar la guerra a los efectos del análisis del mercado petrolero. La pregunta importante es si terminaría más temprano que tarde. Es difícil responder a esta pregunta ya que la respuesta depende de múltiples factores. Sin embargo, hay una pregunta aún más importante que esa: ¿volverán las cosas a la normalidad previa al conflicto? 

Cuanto más dure la situación actual, más probable será que conduzca a algunos cambios irreversibles, como que Europa se apoye cada vez más en las importaciones de GNL en lugar de gasoductos y Rusia se apoye cada vez más en Asia para sus exportaciones de energía. En este 
contexto, los precios del petróleo y el gas se mantendrán elevados durante más tiempo y el poder global se habrá reconfigurado.

En este contexto, Europa no tiene hoy una alternativa inmediata para reemplazar al gas ruso. Por eso, los gobiernos europeos están analizando cómo responder a una orden de Putin de comenzar a pagar su gas en rublos ya que se arriesgan a un corte en los suministros si no cumplen.

La Comisión Europea ha dicho que cambiar a la moneda rusa violaría las sanciones impuestas a Moscú tras la invasión de Ucrania. Las empresas tienen sólo semanas para decidir qué hacer: el decreto se aplica a las entregas de abril, y la mayoría de esos pagos vencen en mayo.
principios de este mes, Putin advirtió que cualquier negativa a pagar en rublos resultaría en un corte de entregas. Sin embargo, en la reunión del jueves, Putin no reiteró sus advertencias de posibles cortes, pero dijo que su gobierno ve "problemas con los pagos de los suministros de energía de exportación rusos, ya que los bancos de los estados hostiles retrasan las transferencias de dinero". Si bien no dio más detalles, el Banco de Rusia ha propuesto establecer un grupo de trabajo para discutir los temas de compensación. Mientras tanto, Rusia trabajará para dejar de depender de los compradores de energía de Occidente, según afirmó Putin en un reportaje reciente.

Otro ejemplo de la nueva situación es que, contradiciendo su postura contra los combustibles fósiles, las autoridades alemanas finalmente cedieron ante la realidad y permitieron que la perforación de gas continuara en uno de sus territorios más controvertidos. El miércoles, una autoridad regional alemana responsable de las Islas del Mar de Wadden dio luz verde a una compañía holandesa para perforar en el Mar del Norte, algo impensable hace unos pocos meses pero que la nueva realidad energética mundial ha impulsado.

Por otra parte, en 2020, China fue responsable de más de un tercio de las instalaciones de capacidad eólica y solar del mundo. En términos de volumen, Beijing superó a todos los países en la instalación de fuentes alternativas para la transición de energía verde. Sin embargo, la crisis de Ucrania está mostrando que, en realidad, China tomaba el compromiso verde como una manera de salir de la dependencia del petróleo y gas importado. A pesar de la prodigiosa construcción de capacidad e infraestructura de energía renovable, China no ha podido dejar de lado su consumo masivo y dependencia del carbón y el mes pasado, la producción diaria de carbón de China alcanzó un máximo histórico.

Irónicamente, las mismas preocupaciones de seguridad energética que están empujando a China hacia la descarbonización y el aumento de la energía renovable son las mismas preocupaciones que están empujando hoy a ese país hacia el carbón. Esta contradicción ilustra que el objetivo principal de China es su seguridad y su economía, no el cambio climático u otras preocupaciones ambientales. 

La guerra no parece haber destruido la demanda de petróleo hasta ahora, sólo cambió los patrones del suministro y generado nuevas alianzas entre China y los países árabes. En esta nueva realidad, las consecuencias de la guerra pareciera que van a continuar y no se disolverán cuando termine el conflicto. La geopolítica mundial se está reconfigurando, pero todavía es muy pronto para saber cómo será el nuevo escenario y quiénes se sentarán a la mesa del poder mundial. 

En 1970, cuando el mundo no tenía problemas de suministro de petróleo y éste se cotizaba a menos de tres dólares el barril, previo a la crisis petrolera de 1973, Henry Kissinger resumió su pensamiento estratégico en una frase: “el que controle el petróleo, controlará las naciones; el 
que controle los alimentos controlará a los pueblos”. Hoy, la invasión de Ucrania pareciera darle nuevamente la razón. En la mesa del poder mundial, se sentarán los que dominen el petróleo y los alimentos. ¿Quiénes serán después del conflicto?

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