La invasión rusa plantea un nuevo orden mundial - Política y Medios
22/05/2022 - Edición Nº5224

ANÁLISIS

La invasión rusa plantea un nuevo orden mundial

En medio del conflicto se generan nuevas alianzas entre países como China, India, Indonesia, Arabia Saudita o Emiratos Árabes, que, por necesidades de contar con energía segura y barata para desarrollarse, se animan a salir del mandato de los organismos internacionales.

Por: Martín Bronstein - Investigador del Centro de Estudios de Energía, Política y Sociedad (Ceepys)

 

Como venimos planteando desde antes de la invasión rusa a Ucrania, la estrategia energética de los países centrales de salir apresuradamente de los combustibles fósiles, antes que las energías renovables tuvieran la capacidad para reemplazarlos, generó las condiciones para la invasión al dotar a Rusia de un poder energético que utilizó como arma y que hoy está reconfigurando la geopolítica global. En medio del conflicto se generan nuevas alianzas entre países como China, India, Indonesia, Arabia Saudita, Emiratos Árabes, etc. que, por necesidades de contar con energía segura y barata para desarrollarse, se animan a salir del mandato de los organismos internacionales. Esta situación se vislumbra en las distintas votaciones que se dieron en el marco de las Naciones Unidas para condenar la invasión.

Uno de los problemas de la descarbonización de la matriz energética con el objetivo de reducir las emisiones de CO2 es que necesita establecer un sistema de gobernanza global que defina acciones y caminos de desarrollo a seguir por todos los países. Porque no tiene sentido que Alemania, por ejemplo, decida salir del carbón para la generación eléctrica y China continúe haciéndolo. Otro ejemplo: qué sentido tiene que Nueva York, con alrededor de 20 millones de personas, se plantee reducir su capacidad de generación fósil de aproximadamente 25 GW en un GW por año y que la gobernadora del estado, Kathy Hochul, plantee un plan para convertir a Nueva York en el primer estado en prohibir el gas natural y otros combustibles fósiles en nuevas construcciones mientras China e India con 2800 millones de habitantes siguen otro camino. Sólo China está agregando 38 GW de centrales eléctricas de carbón este año, y otros 47 GW el próximo año.

Queda para los historiadores la tarea de iluminar esta problemática que hoy se presenta oscura. Tenemos dudas respecto al orden causal de estas cuestiones, ya que las evidencias científicas no son concluyentes, como se muestra incluso en el último informe AR6 del IPCC. ¿La mitigación del cambio climático y su relación con las emsiones CO2 fue la causa para tratar de establecer un sistema de gobernanza global? ¿O, por el contrario, es una narrativa planificada por los países centrales para forzar un sistema de gobernanza global y financiar las innovaciones tecnológicas necesarias para intentar salir aceleradamente de la dependencia del petróleo y del gas?

Hablando de Rusia, recordamos a Lenin, el líder de la Revolución de 1917, quien escribió: “Hay décadas en las que no pasa nada; y hay semanas en las que pasan décadas". Tal vez esto valga para el orden global entre las décadas que van desde la caída del Muro de Berlín (1989) hasta la reciente invasión de Ucrania por Rusia, donde no pasó nada significativo. Sin embargo, pareciera que las semanas desde la invasión rusa el pasado 24 de febrero han convertido décadas de historia en un "punto de inflexión", un término utilizado por el presidente Joe Biden en su discurso a las tropas estadounidenses en Polonia el 25 de marzo. Pareciera que este punto de inflexión es la interpelación al globalismo por parte de ciertos países que podríamos ubicar como “nacionalistas” en su postura respecto a la globalización.

Más allá de la cuestión militar, un hecho importante que puede reconfigurar el sistema mundial es, aunque no se lo analizó demasiado en profundidad todavía, la medida tomada por Putin el 23 de marzo, donde establece que los términos de intercambio estarán en adelante en "rublos por gas" para todos los países "hostiles" (es decir, aquellos que lanzaron sanciones financieras unilaterales contra Rusia). La UE, dependiente de Rusia para el 40% de sus suministros de gas, ha afirmado que pagar en rublos por contratos de gas que han sido denominados en euros o dólares es "contra la santidad del contrato". Alemania y Francia rechazaron la demanda de Vladimir Putin de que los compradores extranjeros de gas ruso paguen en rublos como un "incumplimiento inaceptable del contrato", y agregaron que la maniobra equivalía a un "chantaje". Sin embargo, Rusia sigue enviando todavía gas a la UE. Desde el punto de vista de la economía rusa, el movimiento de rublos para el gas era casi obligado después que el Departamento del Tesoro de EEUU informó que inmovilizaría los activos del banco central ruso que se mantienen en ese país. Las sanciones a Rusia se ampliaron a medida que los gobiernos del G7 y la Unión Europea avanzaron para bloquear el acceso de los principales bancos rusos al sistema de pago internacional SWIFT y congelar aproximadamente la mitad de los 630.000 millones de dólares en moneda extranjera y reservas de oro del Banco Central de Rusia.

Estas medidas seguramente tendrán consecuencias financieras globales, ya que además de atentar contra el rublo, este precedente provocará una reconsideración por parte de los ministerios de finanzas de todo el mundo, particularmente en la mayoría de los países que no han tomado partido por los EEUU y la UE para sancionar a Rusia y que pueden enfrentar un posible conflicto con los gobiernos de estos países en el futuro, sobre dónde depositar sus reservas de divisas.

El Banco Central de Rusia anunció el 25 de marzo, dos días después de que se informara del plan de Putin, que establecería un precio fijo de 5.000 rublos por gramo de oro. Dado que el oro físico en los mercados internacionales estaba en US$ 62 por gramo, esta valuación se ubicaba en 80,5 rublos por dólar. En el mercado interbancario, el rublo se negoció a unos 83 frente al dólar, recuperándose bruscamente a los niveles anteriores a la invasión después de hundirse a un mínimo histórico de 150 rublos por dólar. Esto marcó que el plan fue exitoso, por lo que el Kremlin indicó que todas las exportaciones de energía y productos básicos de Rusia (petróleo crudo, productos refinados, metales, madera, trigo y fertilizantes) podrían tener un precio en rublos.

Esto plantea que en los mercados mundiales de materias primas es posible que aparezca el uso de monedas regionales. Si así fuera, un nuevo orden mundial financiero bifurcado estaría tomando forma donde habrá que ver cómo se establece el equilibrio entre la estructura comercial internacional dominada por Estados Unidos y la UE y el grupo de países, ricos en recursos, que tendrán monedas respaldadas por exportaciones de productos básicos. China, India y Rusia están explorando alternativas al sistema de pagos interbancarios SWIFT, dominado por EEUU.

India llegó a un acuerdo recientemente con Rusia por 3 millones de barriles de petróleo crudo a precios reducidos para su entrega en mayo a comerciar entre rupia y rublo, y está buscando asegurar más suministros en las próximas semanas. Además, Arabia Saudita está acordando llevar a cabo al menos parte de sus ventas de petróleo a China en yuanes. Esto podría señalar el comienzo del fin del petrodólar, uno de los pilares que sustentan el estatus del dólar estadounidense como moneda de reserva del mundo.

Recordemos, además, que a pesar de la presión de los Estados Unidos, los Emiratos Árabes Unidos se abstuvieron en una votación en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para condenar la invasión de Rusia. Mohammed bin Zayed, príncipe heredero de Abu Dhabi, decidió
mantenerse del lado de su compañero productor de petróleo Rusia en la OPEP+. Los principales productores de la OPEP, Arabia Saudita, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos, dirigen algunos de los fondos soberanos más grandes del mundo ¿será esta agenda globalista de política exterior de EEUU o la UE un nuevo factor de riesgo en sus proyectos de inversión? Por otra parte, parece haber pocas razones para que la mayoría de los países en desarrollo se comprometan con la agenda del acuerdo verde de la UE o el “Green New Deal” de Biden o la “4ta Revolución Industrial” defendida por Klaus Schwab del Foro Económico Mundial. A diferencia de las visiones del futuro de los globalistas preocupados por el cambio climático, la gran mayoría de los países fuera del grupo OCDE tienen posturas más centradas en sus intereses de promover el crecimiento económico para satisfacer las crecientes aspiraciones de sus habitantes para disminuir la pobreza y alcanzar un estilo de vida de clase media para su población. Esto significa, ni más ni menos, crecimiento continuo y rápido en el uso de combustibles fósiles. Las tecnologías de "energía renovable", como los alemanes han descubierto ahora, no han sido una alternativa a la dependencia de combustibles fósiles. Para los países en desarrollo, que representan el 80% de la población mundial, los tratados para combatir el cambio climático no son prioridad. Para los planificadores económicos de China e India, el crecimiento económico tiene prioridad sobre el cumplimiento de los objetivos climáticos. Esto significa subir por la escalera energética que los países desarrollados de hoy ya han escalado desde el siglo XIX que incluye, incluso, la expansión de la minería del carbón para la generación de energía.

Parecería que la observación de Lenin de que "décadas" pueden ocurrir en "semanas" durante coyunturas históricas particulares es adecuada para los acontecimientos ocurridos desde la invasión rusa de Ucrania. Putin, pero también EEUU y la UE con sus sanciones financieras, rompieron el orden internacional basado en reglas. Cuando esto ocurre, algo nuevo emerge. Ahora sólo tenemos que esperar y ver si, en las próximas semanas o meses, el surgimiento de un mundo multipolar con monedas regionales y bloques de comercio de productos básicos en competencia marca el comienzo de un nuevo orden financiero y geopolítico global. O no. El futuro no está escrito.

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