El Frente de Todos parece querer gobernar dividido hasta 2023 y allí dirimir su interna - Política y Medios
22/05/2022 - Edición Nº5224

ENTRETELONES DE CASA ROSADA

El Frente de Todos parece querer gobernar dividido hasta 2023 y allí dirimir su interna

Los ya habituales cortocircuitos entre las alas gubernamentales fueron el telón de fondo de una semana signada por homenajes paralelos a Malvinas, intensa agenda exterior y polémica interior.

Esta vez, para Alberto Fernández no hubo “fin de semana pasado”. Es que inevitablemente, el sábado 2 de abril ingresó en la lógica de la interna oficialista. Los actos por separado del jefe de Estado y la Vicepresidenta pusieron una hilera más de ladrillos a la pared que los separa.

Quien se considera –y a su vez fue ubicado en ese lugar por las circunstancias- como el garante de la unidad del Frente, la institucionalidad, y la gobernabilidad (nos referimos a Sergio Massa) estuvo en ambos lados del muro, aunque siendo partenaire de las diversas caras de la moneda.

“Quién iba a decir que el máximo referente de la ‘ancha avenida del medio’ seguiría cumpliendo ese rol en el Gobierno ¿no?”, se (y nos) preguntó un operador filokirchnerista que estuvo presente en los actos de bienvenida al presidente de Chile, Gabriel Boric, en Casa Rosada.

El tigrense posó de estadista, acompañando al Primer Mandatario en el Museo Malvinas, y a las pocas horas volvió a la complicidad política con “la Jefa”, como en los viejos tiempos cuando él era su jefe de Gabinete.

El déjà vu no pasó desapercibido para nadie, y menos aún cuando bajo su atenta mirada, Cristina Kirchner rumbeó su discurso hacia la situación económica que había dejado la dictadura cívico-militar-clerical, y se refirió al libro de Juan Carlos Torre: “Diario de una Temporada en el Quinto Piso”.

El texto que cuenta los avatares en el despacho del Ministerio de Economía en las épocas de Raúl Alfonsín, cuando a partir de una mala negociación con el FMI, el radicalismo tuvo que dejar la administración del Estado cinco meses antes de terminar su mandato.

Ya quedó en la anécdota el hecho de que la actual mandamás del Senado llamara “presidente” a Sergio –aclarando con picardía que lo era, pero “de la Cámara de Diputados”-, y que hiciera un comentario irónico sobre la vocera (Gabriela Cerruti), en referencia a evitar que la ex diputada la acusara de no haberle regalado nada a Fernández en el día de su cumpleaños (precisamente en la misma fecha en que las tropas argentinas ingresaron en las islas del Atlántico Sur).

Para la portavoz, el volumen obsequiado fue eso, nada más que un regalo, y la dedicatoria, una broma: “Fue un chiste, conozco hace muchos años a la Vicepresidenta y le conozco su humor, con lo cual lo tomé como lo que fue, fue un chiste”, aseguró la funcionaria con rango de ministra.

El domingo, en Olivos se decidió no dar respuesta a los dichos de la ex mandataria. Los asesores presidenciales propusieron dejar correr la versión de que Alberto había expuesto que no necesitaba leer el libro porque estuvo ahí cuando todo eso pasó.

Es que Fernández fue en esos años, subdirector general de Asuntos Jurídicos de la cartera económica. La opción elegida fue dejar que el titular del Ejecutivo se relajara -después de tanta tensión- con la visita oficial de su par trasandino, Gabriel Boric, que ya estaba en Buenos Aires e iniciaba su visita oficial a las pocas horas, y así fue.

Mientras sonaban las fanfarrias de los Granaderos en la explanada de Casa de Gobierno, se vio a un Presidente distendido a la espera de que el joven dirigente socialista -que desde el 11 de marzo gobierna Chile- subiera por las escalinatas con alfombra roja.

Ambos tuvieron buena sintonía cuando Fernández asistió a su asunción en la ciudad portuaria de Valparaíso, y allí lo invitó a arribar pronto a nuestro territorio. Boric cumplió con las expectativas, y su viaje fue para los albertistas, un breve remanso en medio de la “guerra” contra la inflación, el kirchnerismo, y las propias limitaciones en materia de gestión.

Hubo anuncios y una breve conferencia de prensa conjunta en el Museo del Bicentenario, que más allá de dejar expuestas algunas diferencias en materia limítrofe, que sumó algún planteo sobre Derechos Humanos de un sector de la prensa, consiguió bajar la tensión con respecto al conflicto Mapuche.

Además, fue el prolegómeno a una velada artística en el CCK con un recorrido por la ex ESMA, en la que al igual que en el palacio rosado, Fernández ofició de guía. Una vez que el líder chileno subió al avión y volvió a Santiago, las sombras de la crisis volvieron a demacrar el rostro del jefe de Estado.

Entre las malas noticias que llegaron a Balcarce 50, además de los resultados negativos que se siguen suscitando en el intento de frenar los precios, se sumaron encuestas con pésimos números en mediciones de imagen presidencial, que en este contexto no dejan de caer. Eso se refleja en las movidas que empiezan a hacer ruido desde la Provincia de Buenos Aires, comarca donde el cristinismo mantiene su fortaleza.

La pretensión de desdoblar las elecciones es un hecho. “Kicillof es quien más posibilidades tiene de reelegir, siempre y cuando, potenciemos las diferencias con Alberto”, aseguró un dirigente kirchnerista que camina el Patio de las Palmeras con asiduidad.

El hecho de que algunas consultoras privadas diagnostiquen una inflación anual que podría ser la más alta desde 1991 inquieta a la mayoría de los habitantes de Casa de Gobierno, aunque no a los integrantes del equipo económico, a los que esos presagios parecen resbalarles.

Entre ellos están Martín Guzmán, Matías Kulfas (Desarrollo Productivo), Miguel Ángel Pesce (Banco Central), Mercedes Marcó del Pont (AFIP) y Cecilia Todesca (Relaciones Económicas Internacionales), a quien se nombra en los pasillos de la Rosada como protagonista de un posible Plan B de Fernández, si es que llega a tener que oxigenar la cartera de Economía inexorablemente.

Es que ellos hacen foco en datos subrayó un asesor externo: la leve baja en la pobreza –que de todos modos no se sostiene por la inflación- y el descenso del precio del dólar blue y el Riesgo País, entre otros índices que no se reflejan en la vida cotidiana de la mayoría de la población.

El que se mostró más optimista que todos los nombrados juntos, fue el Ministro de Desarrollo Territorial y Hábitat, Jorge Ferraresi, quien hace equilibrio entre su pertenencia al funcionariado nacional y ser el vicepresidente del Instituto Patria.

El hombre de Avellaneda aseguró que “todos los indicadores macroeconómicos están dando fabulosos”. Eso sí, reconoció, pero minimizó, la disputa oficialista. Todo lo contrario, a lo que expuso días atrás su par de Obras Públicas, Gabriel Katopodis, quien sin eufemismos manifestó que por esta interna que vive el Gobierno, los argentinos y peronistas “nos van a cagar a palos”.         

En la tarde del martes, Alberto Fernández fue hasta los pagos bonaerenses de Ferraresi -acompañado por él- con el fin de entregar viviendas. Allí ocurrió algo que ya sucedió en algunas provincias: vecinos, en este caso de la Villa Azul, lo increparon porque no hubo obras para ellos.

El entorno presidencial que organiza esta y otras actividades “de proximidad”, parece no tomar nota de este fenómeno que refleja un clima social preocupante en las zonas periféricas, que va en contraposición a las urbes, donde todavía sus habitantes se sostienen haciendo malabares mientras digieren las dificultades económicas con pesimismo a la espera de que pase algo.

Negociando con caciques sindicales de la CGT (que participan de las luchas endógenas frentistas) y la Unión Industrial Argentina, el Gobierno consiguió que se adelanten las paritarias bajo la consigna de evitar que los salarios se sigan licuando por el incremento del índice de Precios al Consumidor, que para marzo se prevé en un promedio del 6 por ciento. Esto se suma al bono de 6000 pesos que se otorgó a los jubilados y pensionados que ganan la mínima -de $31.980- y el aumento del 50% en la Tarjeta Alimentar.

En ese embrollo de anuncios que corren detrás del infierno inflacionario, Pablo Moyano, el líder camionero con particular injerencia entre los sindicalistas, se sacó una foto con Máximo Kirchner, quien pidió al sector albertista del Gobierno que se haga “cargo de la gestión”, y poco después se reunió en Olivos con Fernández. Otro capítulo del folletín en las grandes ligas del Poder vernáculo.

A ese pedido se incorporó el del Papa Francisco, que, a través de una epístola dirigida al jefe de Estado, le pidió “soluciones adecuadas para los más vulnerables”. El ala fiel al mandatario la leyó como un respaldo, sin embargo, hasta el embajador argentino en Brasil, Daniel Scioli, expresó que “el Presidente es un hombre que sabe escuchar”.

La conferencia semanal de Cerruti dejó de todo un poco: en primer lugar la férrea voluntad de desdeñar las críticas solapadas de CFK y su hijo, y apuntar los cañones a Horacio Rodríguez Larreta.

Ante la pregunta de quien escribe este artículo sobre si había preocupación por los acampes de las organizaciones sociales no oficialistas, señaló: “Creemos que la solución no es ocupar las calles, pero también le decimos al jefe de Gobierno que la Ciudad es la que menos generó, según el INDEC, empleo en el último tiempo”.

A continuación, le recomendó al alcalde porteño: “Para que haya menos cortes en la Ciudad sería bueno que la Ciudad también genere empleo y mejore la situación económica de los porteños y las porteñas, para que de esa manera tengamos menos legítimas protestas que son las que llevan a cabo trabajadores y sectores más vulnerables”.

A los pocos minutos el larretismo salió a responder que en el ámbito de la Capital Federal en el último año se generaron 111 mil puestos de trabajo. Por su parte, operadores del albertismo aseguran que Larreta viene complicado en su interna de Juntos por el Cambio, y con los resultados de mediciones que recibió en mano, decidió endurecer su discurso, pidiendo que se quiten los planes a quienes realicen bloqueos en las arterias metropolitanas.

El dato que viene tomando forma, aunque desde las usinas presidenciales se negó hace un mes y ahora ya no, es la creación de un ente autónomo -con rango de ministerio- dedicado al manejo de la economía popular.

El mismo gozará de una caja multimillonaria, control de todos los planes sociales (más de 1.200.000) y será dirigido por el albertista Emilio Pérsico, secretario general del Movimiento Evita y titular de Economía Social en el Ministerio de Desarrollo de la Nación. Tal vez el 1 de mayo, Día del Trabajador, el propio Fernández haga el anuncio que genera polémicas dentro y fuera de la coalición gobernante.

La falta de gasoil y diversos cortes de electricidad que Edesur cataloga de “programados por mantenimiento” -pero que llegan a durar 14 horas en distintos barrios capitalinos y alrededores- encendió las luces rojas. Era muy esperada en Casa Rosada la presencia del presidente de Bolivia, Luis Arce Catacora.

Duró más de dos horas y media la reunión entre los representantes de ambos países que bregaban por un acuerdo que garantizara la provisión del combustible -que viene sufriendo los embates de la invasión de Rusia a Ucrania- tratando de no perjudicar los intereses de ambas naciones.

El Salón Blanco estaba colmado de funcionarios y periodistas que esperaban que Fernández y Arce hicieran su declaración conjunta. Los acreditados en Balcarce 50 se iban enterando por algunos voceros que la negociación venía “dura”.

En la primera fila, frente a los atrios que aguardaban a los jefes de Estado estaba Juan Manzur, que intercambiaba conceptos con el canciller Santiago Cafiero, Julio Vitobello (Secretaría General de la Presidencia) y Gustavo Beliz (Asuntos Estratégicos).

Asesores del ministro de relaciones exteriores se le acercaban y lo invitaban a volver a lo que se intentaba cerrar en bambalinas. A su vez, Cafiero seguía por su celular la votación en Naciones Unidas, promovida por los Estados Unidos con la finalidad de que Rusia no integre más el Consejo de Derechos Humanos. El giro argentino fue memorable.

Desde que Fernández le había ofrecido en Moscú a Vladimir Putin que Argentina fuera la “puerta de ingreso de la Federación Rusa en América Latina”, sólo pasaron poco más de dos meses. No obstante, nuestro país –junto a la gran mayoría- apoyó la moción norteamericana y los rusos quedaron afuera. 

La espera se hizo larga hasta para los granaderos, que estoicos se mantenían de pie a los costados del busto de la Patria. Cuando aparecieron en escena Darío Martínez (Secretario de Energía) y Martín Guzmán (Economía), todo hizo pensar que la cosa empezaba, aun así, nada.

Fue notable como se veía que era el ministro de Hacienda quien daba órdenes a cara de perro, sin evitar colar alguna sonrisa cada tanto. Cuando faltaban minutos para que los presidentes entraran al histórico lugar, Guzmán se acercó a Martínez y le espetó: “Ya está, nada a la prensa y no digan boludeces”.

Alberto Fernández junto a su par boliviano, Luis Arce.

El hombre de Energía -que remite a Cristina- tomó el teléfono e informó. Punto seguido finiquitaron el comunicado oficial delante de la prensa que los miraba impávida.

Por fin Arce y Fernández se colocaron frente a los micrófonos y dieron a conocer que se había alcanzado un acuerdo. A la hora de las preguntas, el boliviano aseguró que Argentina tendrá su provisión de gas garantizada, pero el presidente argentino no supo responder a qué valor se había sellado el contrato.

Por unos minutos desvarió en la duda e intentó acudir a la ayuda de quienes fijaron las pautas, pero no obtuvo respuestas. Una situación incómoda, que volvió a dejar expuesto el grado de improvisación y cansancio que acucian al mandatario.

Después se supo que en el invierno el país recibirá 14 millones de metros cúbicos diarios (m3/d), igual volumen que en 2021, con precios escalonados: por los primeros 10 millones de m3/d, se pagarán entre US$8 y US$9 el millón de BTU, mientras que, por los cuatro millones restantes, el precio podría llegar a los US$18.

Las declaraciones de Roberto Feletti, el secretario de Comercio Interior, que sigue probando fórmulas para contener los precios hasta ahora sin resultados positivos, esta vez fueron direccionadas hacia Guzmán: "El ministerio de Economía tiene que bajar líneas claras de política económica que reduzcan la volatilidad y preserven ingresos populares, si no esto se va poner feo”.

El balde de agua fría tuvo su respuesta desde San Pablo (Brasil), cuando el propio discípulo de Joseph Stiglitz tomó el guante y aseveró que “la inflación es una de las prioridades de la política económica”.

La cosa no quedó ahí, el otro que salió hacer devoluciones fue Alberto Fernández, que aprovechó la presentación del Plan Federal de Ciencia en el Museo del Bicentenario para hablarle al diputado Kirchner.

“Algunos piensan, o pensaron, que, como consecuencia de los acuerdos, que indefectiblemente tuvimos que firmar con el Fondo Monetario para poder sobrellevar un problema que heredamos, y que hubiéramos preferido no tener, claramente, que esto iba a significar postergación”, lanzó.

En este sentido, el presidente enfatizó: “Nadie está postergando a la Argentina. Y el primero que no va a dejar que la Argentina se postergue por eso, soy yo”.

Lo único que está claro en esta coyuntura bicéfala, es que los principales accionistas de la alianza gubernamental no están dispuestos a ceder en nada, por lo menos mientras se sostenga la gobernabilidad. El problema es que hay señales que indican que la fragilidad política del Poder Ejecutivo, y en consecuencia de todo lo que lo rodea, es notable.

“Quien niegue la gravedad de lo que está pasando, está viendo otra película”, apuntó uno de los dirigentes que cruzan las líneas de combate sin conseguir tender lazos entre las facciones que pretenden mantenerse divididas y con el control del Gobierno hasta 2023. Una empresa, por cierto, muy difícil.

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