Halcones y palomas, la guerra sin fin de Juntos por el Cambio - Política y Medios
27/11/2022 - Edición Nº5413

LA INTERNA, DESDE ADENTRO

Halcones y palomas, la guerra sin fin de Juntos por el Cambio

La interna de Juntos se tratará siempre de ser duro o blando, o halcón y paloma. La agenda del Gobierno sirve para aportar leña al fuego. Y mucha.

Desde que se convirtió en oposición, Juntos por el Cambio está convulsionado por la interna entre halcones y palomas, como se definen los más y los menos intransigentes con el Gobierno.

La puja nació en diciembre de 2019, cuando el flamante interbloque de diputados se reunió por primera vez bajo la conducción del radical Mario Negri, antes de la sesión inaugural del nuevo recinto.

Los más inquietos supieron que el oficialismo necesitaba quórum prestado para la jura de algunos de sus diputados y les propusieron a sus jefes condicionar la ayuda a una agenda propia.

La rebelión la lideraron Fernando Iglesias y Waldo Wolff, del PRO; y tuvo eco en radicales como Luis Petri. Se sumaron macristas de paladar negro como Jorge Enríquez o Pablo Torello, hermano del ahora senador y ex jefe de asesores de la presidencia.

Quedaron en minoría, pero fue la carta de presentación de “los duros”, luego rebautizados “halcones”, un grupo reacio a cualquier consenso con el oficialismo.

Los apadrinaron Mauricio Macri, Patricia Bullrich y Alfredo Cornejo, quien era diputado y presidente de la UCR. Los banderazos de la pandemia fueron su grito de guerra. Y las reuniones en la Rosada entre Alberto Fernández y los jefes parlamentarios, su blanco predilecto.

Como “blandos” o “palomas” quedaron los PRO referenciados en Horacio Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal, Emilio Monzó y los gobernadores radicales Gerardo Morales (Jujuy) y Gustavo Valdés (Corrientes). En una zona gris permaneció Martín Lousteau, castigado por Bullrich por reunirse con Alberto en Olivos.

La presidenta del PRO nunca logró dominar los bloques, pero su vehemencia consiguió que varios legisladores “palomas” saltaran el cerco para pintarse la cara, incomodos con el mote de dialoguistas. En el Senado la división fue menos lineal, pero Juntos votó partido casi medio año.   

La campaña electoral consolidó esos bandos, a sus protagonistas ya no les incomoda las etiquetas y se desafían a una primaria abierta y amplia en 2023. Es una disputa con final incierto porque, en verdad, no hay líder que garantice por sí mismo un armado de listas en cada rincón del país.

Pero, en cualquier caso, la interna de Juntos se tratará siempre de ser duro o blando, o halcón y paloma. Y la agenda del Gobierno sirve para aportar leña al fuego. Y mucha.

En la semana que pasó todos se torearon. Morales ratificó su reproche a Macri por haber tomado el crédito al FMI que Alberto no puede pagar. En su libro, el ex presidente relató que no lo consultó con nadie, pero sus alfiles lo justifican dónde y cómo sea.  “Una cosa es hacer autocrítica; y otra es repetir el relato kirchnerista”, lo protegió Bullrich.

Negri, que habla cada semana con Larreta y en la UCR representa a Morales, se sumó a la interna con una nota de opinión. “Sin Estado no hay Nación, no hay libertades, sólo existe el poder en bruto”, escribió en Clarín.

Fue un mensaje al liberal Javier Milei, a quien Bullrich quiere sumar al frente cuanto antes, para que no divida el voto y arriesgue una vuelta a la Rosada y hasta retener la ciudad de Buenos Aires.  

Milei sólo habla con los halcones y ataca a las palomas con nombre y apellido: los más apuntados son Elisa Carrió y Larreta. Ninguno le responde.

A Lilita la defendieron sus dirigidos de Coalición y el jefe de Gobierno sigue su línea de no chocar de frente con nadie, una conducta que le resta autoridad.

Sobran dirigentes que requieran de sus favores -financió varias campañas-, pero cada vez hay menos que le pidan permiso antes de dar un paso.

La convocatoria de Alberto para exponer los avances y retrocesos de la negociación con el FMI abrió otro escenario de la grieta opositora.

El jefe de Gobierno mutó a halcón y faltó a la cita. Arrastró a Morales a imitarlo y ambos hicieron las paces con una reunión en la casa de Jujuy, a la espera de una convocatoria que no llega.

Pero no hay relato que una las partes de un frente opositor ordenado en los papeles, con una multiplicidad de mesas de decisión, pero con el único denominador común de rivalizar con Alberto y Cristina. En el resto de los temas, hay peleas entre halcones y palomas. Cada vez más dura. 

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