Morales, Manes y la ilusión de una oposición sin Macri  - Política y Medios
17/01/2022 - Edición Nº5099

LA INTERNA, DESDE ADENTRO

Morales, Manes y la ilusión de una oposición sin Macri 

Los radicales iniciaron un camino que tal vez encuentre una luz al final del túnel: criticar a Macri cuando sea posible, soportar la presión mediática y los reproches de referentes de Juntos, pero intentar captar un sector del electorado que no será fácil que les otorgue otra oportunidad si, por ejemplo, no hacen una simple autocrítica del crédito pedido al FMI.

"Macri no llega; pero sin él, no se puede". La frase se escucha en cada reunión del PRO cuando aparecen críticas al expresidente o deseos de no oír su voz por un buen tiempo. La ecuación, repetida hasta el hartazgo, es que aún conserva una imagen positiva superior al 30% en el país y de hasta el 50% en algunas provincias, nada despreciable para quien quiera iniciar su recorrido hasta la Casa Rosada.

Pero como ocurre con los expresidentes, quien no lo quiere lo rechaza y votaría a cualquiera capaz de ganarle. Y así una candidatura suya sólo tendría como destino el fracaso, porque le sería casi imposible sumar los votos necesarios para ganar en primera vuelta y más aún para imponerse en un ballotage. Este escenario no es discutido entre los referentes de Juntos pero el dilema, no menor, es cómo atraer al electorado que aborrece a Macri por las medidas de su gobierno y traslada su furia a cualquiera que las reivindique.

Los radicales Gerardo Morarles y Facundo Manes iniciaron un camino que, por ahora, está lleno de espinas pero tal vez encuentre una luz al final del túnel: criticar a Macri cuando sea posible, soportar la presión mediática y los reproches e insultos de referentes de Juntos, pero intentar captar un sector del electorado que no será fácil que les otorgue otra oportunidad si, por ejemplo, no hacen una simple autocrítica del crédito pedido al FMI, impagable en los balances heredados por Alberto Fernández. 

La apuesta del gobernador de Jujuy y del neurólogo (aunque en este caso tal vez se trate de una pulsión personal) también encuentra un antecedente cercano y promisorio: en 2019 Cristina Kirchner logró sentar a su mesa a  Sergio Massa, gobernadores, intendentes y sindicalistas que la habían cuestionado en los últimos años y ese enfrentamiento posterior sirvió para atraer votantes que en el ballotage de 2015 habían optado por Macri. Tragaron saliva cuando la vieron en la boleta como compañera de fórmula, pero la votaron. 

Juntos, hasta ahora, no tiene voces disonantes con el ex residente y ampliar la base de sustentación no será fácil. Horacio Rodríguez Larreta lo sabe y repite en reuniones privadas que necesita respaldo del 70% del país para gobernar y por eso no se sumará a la grieta. Pero no evita ser arrastrado a ese terreno por Macri, a quien jamás cuestionó. Morales se diferenció y le reprochó al jefe de Gobierno no aceptar un diálogo con Alberto para definir cómo renegociar la deuda con el FMI. "La tomamos nosotros", desafió. 

Su autocrítica sacudió a Juntos. Patricia Bullrich puso manos a la obra para hacerle sentir el rigor y le ordenó a sus diputados Fernando Iglesias y Waldo Wolff cruzarlo por twitter. "Ignorante", lo insultó el exjugador de voley, en un tuit acompañado de un gráfico de deuda acumulada por cada gobierno, sin diferenciar si se paga en pesos o en dólares. La propia presidenta del PRO se enfrentó al gobernador de Jujuy en el zoom semanal de la mesa de Juntos por el Cambio. "Macri nunca consultó si ir al FMI era lo correcto", recordó Morales. La discusión escaló a reproches y pases de factura. Pero quedó ahí, porque al jujeño no le interesaba tener razón. 

En el PRO no entienden al jujeño, porque después de ser electo presidente de la UCR fue a visitar a Macri a su quinta de Los Abrojos, con foto, abrazo y tuit. Pero el jujeño explica con mucha didáctica su estrategia: si la UCR toma votos prestados del Frente de Todos, podría ser competitiva en una primaria presidencial y, aún perdiendo, ganar lugares en el Congreso o en un hipotético gobierno de Larreta o Bullrich. 

Recuerda que siempre tuvo diferencias ideológicas con Macri y se las hizo saber cuando era jefe de Gobierno, aunque después su vínculo mejoró en la gobernación. Pero ese antecedente le permite dialogar con los desencantados de Alberto, gente de clase media que tampoco respaldará una fórmula que represente los años en que Cambiemos pulverizó sus salarios. No parece tan difícil de entender, pero el blindaje que aún conserva el expresidente en los medios y en el poder real no les permite a muchos dirigentes opositores transitar por esa línea de pensamiento. 

Manes sufrió esa carga sobre sus hombros en la interna bonaerense contra Diego Santilli, cuando anotó a Macri en la lista de fracasos contemporáneos y el vuelto le llegó en una visita a LN +, el canal que promociona al ex presidente casi como si aún gobernara: con tono de amigo, el conductor Luis Majul lo acusó de kirchnerista y le tomó examen estadístico sobre la provincia de Buenos Aires. Trató de que pareciera una broma, pero fue un mensaje.

El neurólogo quiere ser candidato a presidente, aunque en la UCR lo presionan para que compita por la gobernación, donde garantiza una base electoral que el partido no tenía hace tres décadas. Morales se anota en la carrera para la Casa Rosada, pero ante sus íntimos confiesa que "no hará locuras" y si los números no dan, tal vez opte por otro camino. En 2023 Jujuy renueva senadores. En cualquier caso, su plan como jefe del comité nacional será el mismo: sumar votos por afuera de Juntos, de ciudadanos que pasaron de Cristina a Macri, de Macri a Alberto y ahora espera ofertas atractivas que no llegan. Son los votos decisivos. Y escuchan ofertas.  

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