El Gobierno intenta mostrarse unido ante el FMI pero mantiene sus diferencias internas - Política y Medios
22/05/2022 - Edición Nº5224

ENTRETELONES DE CASA ROSADA

El Gobierno intenta mostrarse unido ante el FMI pero mantiene sus diferencias internas

Lo que más aguarda el Gobierno son gestos del Fondo Monetario Internacional. Sin embargo, su directora gerente, Kristalina Georgieva, puso presión con respecto a los pedidos del organismo hacia la Argentina declarando públicamente que “hay mucho por hacer todavía”, en referencia a las negociaciones por la deuda de 44.000 millones de dólares que dejó la administración de Mauricio Macri.

Por: Juan Pablo Peralta - DESDE CASA ROSADA 

 

Lo que más aguarda el Gobierno nacional, en el marco de las internas que atraviesa y cada vez intenta ocultar menos, son gestos del Fondo Monetario Internacional. Sin embargo, su directora gerente, Kristalina Georgieva, puso presión con respecto a los pedidos del organismo hacia la Argentina declarando públicamente que “hay mucho por hacer todavía”, en referencia a las negociaciones por la deuda de 44.000 millones de dólares que dejó la administración de Mauricio Macri. Está claro que con ese posible acuerdo que no sólo hacen política los dirigentes oficialistas y opositores vernáculos, sino también quienes gestionan el FMI.

Todavía retumba en los pasillos de Balcarce 50 la carta en la que Cristina Kirchner responsabilizó al presidente Alberto Fernández y a la oposición parlamentaria, con respecto a lo que se vaya a firmar con la organización financiera mundial. La fragmentación del poder en Casa Rosada se siente en cada rincón. Por un lado están los filoalbertistas, que ahora se muestran envalentonados con el respaldo de la CGT, los movimientos sociales, y sectores del PJ que transitan el proceso junto a sus gobernadores e intendentes. Caudillos que, a veces, dan la sensación de ser actores que desensillaron para esperar a que aclare.

La embajada cristinista por antonomasia en la sede del Poder Ejecutivo, es la cartera de Interior que conduce Eduardo de Pedro. El hombre que hace equilibrio entre el Presidente y su “alter ego” provincial, representado en la figura de Juan Manzur y que algunos pocos se atreven a definir. Sin dudas, el “manzurismo” es una rama de la coalición gobernante que juega su propio partido a nivel nacional y en Tucumán, algo que irrita al mandatario, su vice, y hasta al titular de la Cámara baja, Sergio Massa, el único que. por conveniencia o practicidad, insiste en acercar posiciones entre Máximo Kirchner, Fernández, “Wado”, y la jefa política del espacio. De esas mediaciones se supo que Alberto Fernández viajará la próxima semana a esa provincia.

Los accionistas del FdT se quedaron preocupados cuando el lunes pasado, en el contexto del Congreso Nacional del Frente Grande, en el que fue reelecto el intendente de Ensenada, Mario Secco, el Ministro del Interior hizo un llamado a mantener la unidad y destacó: “Les quiero decir y lo reafirmo: los cargos son coyunturales, soy un militante y cuando haya una discusión entre el palacio y la calle, siempre voy a estar en la calle”. De ahí, al llamado a “reventar en serio la Plaza de mayo” el 10 de diciembre, -realizado por el hijo de Néstor Kirchner-, no hubo más que un trámite.

La pérdida de reservas del BCRA (con el fin de contener el dólar) y la baja de depósitos en moneda estadounidense por unos US$ 534 millones, sigue preocupando a los funcionarios del área económica, pero en particular a los que están alejados del métier numérico, pero repiten un mantra del pragmatismo capitalista: “Las finanzas marchan según la cantidad de verdes que haya en el Central”. Esta semana, al ser consultado sobre de qué se trata el famoso “Plan Plurianual” -del que parece depender algún acercamiento real al Fondo- un dirigente kirchnerista respondió en un pasillo: “la verdad, es lo que nos gustaría saber”.

En otro plano de esa coyuntura financiera, en su despacho del primer piso de la Rosada, Manzur recibía a concejales de sus pagos, allí donde la presión de Osvaldo Jaldo cada vez lo pone más contra las cuerdas. En el territorio tucumano hacen fila los que se acercan a entablar lazos con el vicegobernador a cargo del Ejecutivo, algo que desvela al jefe de Gabinete, que siente que está siendo eclipsado por quien nunca quiso salir de escena: Alberto Ángel Fernández.

El jefe de Estado tuvo esta semana algunas buenas noticias en materia de política internacional, algo que no tiene peso local pero a lo que las usinas informativas oficiales le dan prioridad. Argentina logró por unanimidad presidir el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Asimismo, el mandatario tuvo un encuentro con autoridades del Fondo Ruso de Inversión Directa y representantes de empresas rusas anunciando inversiones, y fue el mismo embajador moscovita en el país, Dmitri Feoktistov, quien en rueda de prensa con los acreditados en Gobierno adelantó la posibilidad de un cónclave entre Vladimir Putin y Fernández, a quien a poco de recibir la tercera dosis de la Sputnik V, le agradeció el apoyo a la vacuna de la Federación, de la que afirmó que no es aprobada por la Organización Mundial de la Salud y varios países por factores políticos, además de por resultar muy eficiente en un mercado de competencias multimillonarias. Para cerrar ese compendio de relaciones con grandes potencias mundiales, el titular del Ejecutivo participó de la apertura de la Cumbre por la Democracia, invitado por Joe Biden, y donde declaró que ese sistema “es el mejor garante de la paz”.

Entre anuncios de pases sanitarios para actos masivos y el proyecto de ley oficial que procura llevar la cantidad de integrantes del Consejo de la Magistratura de 13 a 17, volvieron las polémicas por el tratamiento de la pandemia con la nueva variante Ómicron dando vueltas, y la pelea con el Poder Judicial. Unos pocos oficialistas vieron como dato positivo las peleas entre radicales y algunos factótums de Juntos por el Cambio (a quienes los une al antikirchnerismo), así como el procesamiento de Mauricio Macri por supuesto espionaje a los familiares del ARA San Juan. La lectura es simple, una cosa es celebrar un triunfo que no fue (pour la galerie), y otra muy distinta es timonear el día a día con tantos frentes abiertos en el seno de la alianza de Gobierno.

En una entrevista grabada y difundida en la Cumbre Anual del Gzero Summit Latin América 2021, en la que líderes políticos y empresariales debatieron sobre desafíos y oportunidades geopolíticas de la región en el contexto de pandemia, el primer mandatario aseveró que "la verdad es que yo estoy muy seguro de cuál es el rumbo que tenemos que tomar y tengo la certeza de que es el mismo que quiere Cristina. Cristina y yo no somos iguales. Nosotros hicimos un frente que nuclea al peronismo y a muchas otras fuerzas y, por lo tanto, no hay una mirada homogénea sobre la realidad", y agregó, que "está claro que Cristina y yo en muchas cosas no pensamos igual, el que decide finalmente soy yo".

La batalla por la comunicación gubernamental es otra cuestión que no se termina de resolver. Los popes kirchneristas leyeron muy irritados el coro de operaciones mediáticas del “biondinismo” (más activo que nunca), que se dedicaron exclusivamente a resaltar la figura de un supuesto “Alberto empoderado”. Contrario a ese accionar, fue otra vez el titular del bloque del FdT en Diputados, Máximo Kirchner, quien discurrió que “la política se hace con la gente, no en los párrafos de un artículo de un medio”. Por su parte, Cerruti insiste en centralizar la información oficial y evitar los off  y on que no se encuadran en esa lógica, y que terminan exponiéndola, como cuando por ejemplo, aseguró que no habría bono dirigido a los jubilados, y minutos después fue desmentida por la titular de la ANSES, Fernanda Raverta. La justificación, en su última rueda de prensa, fue la de destacar el dinamismo que tiene la gestión de la administración a la que pertenece.

Lo que iba a ser otro acto de edificación a la estampa presidencialista en el Día de la Democracia, los Derechos Humanos, y por los dos años de asunción del mandatario y la compañera de fórmula que lo ungió en el cargo, termina en una jugada que imprime el manual dirigencial: “La calle no se regala ni se presta”. Lo del 17 de noviembre, donde la jornada por la militancia fue copada por quienes profesan la idea de un Fernández emancipado de CFK, fue leído como un error por los líderes de La Cámpora. Por eso esta vez, y después de debatirlo, la iniciativa y la vanguardia la tomó el cristinismo, que con la presencia de los ex presidentes Luiz Inacio Lula Da Silva y José “Pepe” Mujica, reflotan el simbolismo de la Patria Grande, pero también la de la “Contracumbre”. En este caso no enfrentando épicamente el ALCA (Área  de Libre Comercio de la Américas) que proponía el George Bush del 2005 en Mar del Plata, sino algo más autóctono, pero no por eso menos global. Se trata de un evento masivo (sin invitación formal a los opositores) que va a plantear una ofensiva soberana ante el FMI, pero también sobre aquellos que pretenden albertizar el mando y autoridad en la fuerza que llegó al poder a través de una impensada estrategia digitada por (la dos veces) presidenta de la Argentina, Cristina Elisabet Fernández de Kirchner.       

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