La actividad económica recuperó la caída en la pandemia, ¿y ahora? - Política y Medios
29/11/2021 - Edición Nº5050

ANÁLISIS

La actividad económica recuperó la caída en la pandemia, ¿y ahora?

Aunque la inflación no cesa y la deuda con el FMI es un enorme freno, el país terminará el año con una suba cercana al 10% y superávit comercial del 3,4% del PBI. ¿Qué caminos se abren para pasar de la reactivación post covid al crecimiento sostenido con inclusión? ¿Cuáles son las fortalezas y las debilidades de la nueva etapa que se inicia?

Por: Patricio Ballesteros Ledesma

 

Sin olvidar las pérdidas irrecuperables de vidas y de esperanzas poselectorales del 2019 que fue dejando el coronavirus, el año pasado la economía argentina cayó 9,9%, según el dato del INDEC.

En línea con lo que sucedió a nivel global, las actividades se restrigieron por las cuarentenas y las inversiones estuvieron focalizadas en sostener la salud, la alimentación y el empleo formal de la población.

En ese contexto pandémico, la mayoría de los países tuvieron que cerrar sus fronteras, fábricas, comercios y la inflación, la desocupación y las ayudas sociales desde el Estado pasaron a ser preocupaciones crecientes dentro de sus economías.

En la Argentina, además, se arrastraban cuatro años de recesión y estanflación, desinversión pública en sectores clave, un tercio de la población en niveles de pobreza e indigencia, alta desocupación y caída del empleo, cierre de pymes y comercios, reducción o suspensión de turnos, un índice de precios en alza constante y una deuda externa enorme que limitaba al nuevo Gobierno.

Así las cosas, en 2021 se espera terminar el año con una suba del PBI de casi el 10% (aunque el FMI y varias consultoras privadas proyectan el 7,5/8%, a lo sumo), que podría festejarse como un logro si no fuera porque refleja el rebote de una economía que había caído en esa proporción el año anterior, con el avance del Covid-19 y sus consecuencias. 

[Más allá del fiscal y comercial, falta superávit social]

No todos los países tuvieron esa dinámica positiva, ni siquiera los más poderosos, el problema es que la Argentina necesita más, mucho más, para empezar a crecer realmente y desarrollar todo su potencial. Y, para ser justos, este nivel de actividad, es como volver a foja cero. Con un avance que beneficia a muy pocos sectores económicos y que no se expande a los grandes conglomerados de la población nacional, que continúan limitados o deprimidos.

Con el agravante de que la inflación será mayor al 50% (la mayor en tres décadas), los salarios y las jubilaciones no llegarán a empatarla, la creación de empleo es mínima y muy focalizada, la inversión privada sigue contraída (con pocas excepciones auspiciosas), el uso de la capacidad instalada industrial permanece estancado en el 67% como hace años y el superávit comercial de US$16.000 millones esperado se explica en gran parte por la suba de los precios en productos primarios y por las restricciones a las importaciones locales.

Si bien este sería el tercer año con balanza comercial positiva por arriba del 3% del PBI, la restricción externa continúa siendo un problema que no hablita un mayor ingreso de divisas, más allá de que la financiación internacional está vedada, por la deuda externa, el riesgo país creciente y las tasas extravagantes de las pocas líneas disponibles. La inversión extranjera directa (IED), está en mínimos históricos y no hay señales de que vaya a crecer en el corto plazo. 

El panorama para el 2022 no es el mejor aunque se ponga el mayor de los empeños, porque las carencias, o las necesidades insatisfechas, son grandes y extendidas en la población. Basta ver los niveles de pobreza, indigencia, desocupación, subocupación, informalidad, vivienda y servicios, por citar sólo algunos. 

Con el consumo deprimido, las empresas tampoco avizoran un mercado interno activo para los próximos meses, salvo en los sectores que estuvieron parados en pandemia y que ahora pueden volver a la actividad sin restricciones, como el turismo, hotelería, aerolíneas, gastronomía, espectáculos y entretenimiento.

Y el horizonte no es propicio porque, como quedó demostrado en este año electoral y en las campañas vacías de ideas, la política continúa mirándose el ombligo, con un alto grado de egoísmo y falta de empatía, sin verbalizar propuestas integrales, sistémicas e inclusivas, que permitan generar acuerdos para mejorarle la crítica situación personal y social a una parte cada vez mayor de la población, que pese a todo se bancó la pandemia con entereza.

[El condicionante de la deuda es clave]

Encima, resta saber cuál será la salida que eligirá el Gobierno, y ahora el Congreso a instancias de un proyecto de ley oficial, para manejar la monumental deuda con el FMI, que en cualquier caso ya ha significado un drenaje de divisas este año por los pagos al organismo acreedor. 

Esos miles de millones de dólares abonados son pura pérdida, nada se recupera con su salida, no dejan a cambio mejoras para el país, en inversión genuina de obras de infraestructura tan necesarias por ejemplo, ni tienen contraprestaciones de ningún tipo. Buscaban una reelección a nivel político, y ni siquiera eso lograron.

Como confesó el propio Mauricio Macri, sirvieron para cancelar deudas con privados y para los bancos comerciales, entraron y salieron sin dejar huellas productivas ni activos tangibles para todos, beneficiaron a unos pocos poderosos y comprometieron a las arcas públicas por décadas. Ahora, al tener que empezar a pagar los mayores vencimientos, también son fondos públicos que se van por la alcantarilla.

Antes de cerrar un acuerdo de renegociación o facilidades extendidas, con ampliación de plazos y reducción de las sobre tasas de interés, el Presidente enviará al Parlamento un plan plurianual para lograr un consenso con las diferentes fuerzas políticas sobre cómo afrontar el pago de esa deuda. Algo que, pese a que lo indica la Constitución Nacional, no se hizo al tomarla.

Mientras se dilatan los tiempos para acordar, se le siguen pagando en tiempo y forma los vencimientos de capital e interés, y a lo largo del año próximo se deben erogar US$19.000 millones y un monto similar en 2023, según el cronograma vigente. 

[Un crédito inédito con un repago imposible]

Si hubiera un período de gracia, se podrían diferir esos pagos, pero una prórroga no es un perdón, ya que el FMI, por su constitución, no admite quitas de los compromisos de sus deudores.

Nadie está proponiendo atrasar pagos, como hizo Néstor Kirchner antes de cancelar todos los vencimientos en un pago, ni mucho menos desconocer el límite superior del crédito que se otorgó violando los propios estatutos del organismo. 

Tampoco se hace mención a que estaba expresamente prohibido por la carta orgánica el dar fondos para facilitar la salida de capitales del país beneficiario, como finalmente ocurrió en parte con los dólares ingresados.

Como dijo el exministro de Macri, Nicolás Dujovne, lo mejor de la deuda que tomaron es condicionar al gobierno de Alberto Fernández: visto en perspectiva, logró su objetivo. 

El punto es que, ese condicionamiento no afecta sólo al Presidente electo o al Frente de Todos sino a los 45 millones de ciudadanos actuales, sobre todo a los más frágiles a nivel social y económico, y a generaciones de argentinos por venir.

[Un piso estable para empezar a construir]

Entonces, esta suba de 9/10 puntos del PBI que se lograrán en el año no son más que una ecuación de suma cero, un hiato desde que arrancó este gobierno que vino a plantear otra cosa, y que a poco de empezar se enfrentó a una pandemia con las debilidades de un Estado carenciado y la fragilidad de un contexto glocal de incertidumbre. 

El país debería seguir a ese ritmo económico, o superarlo en el mejor de los casos, para afrontar los enormes desafíos que se vienen. Se necesita más inversión, más creación de puestos de trabajo, menos inflación y más producción, mejor energía a precios razonables, mayor asistencia a las necesidades básicas, multiplicar las exportaciones sin afectar el abastecimiento interno, remplazar las importaciones sustituibles, y dejar de alimentar la especulación financiera. 

Una cosa es ver al dólar como un refugio de valor para el pequeño ahorrista frente a la inflación en pesos y otra, muy diferente pero difundida, el instrumento de ludópatas poderosos que siempre juegan en contra del interés general y apuestan para quebrar al país.

Para el año próximo se proyecta un alza del PBI que rondaría el 4% y una inflación del 33%, según el presupuesto presentado y consultoras privadas prevén exportaciones por alrededor de US$77.000 millones, un monto significativo pero que todavía no expresa el potencial que el país tiene, y se descuenta que los altos precios actuales se irán ajustando a la baja con el correr de los meses por la mayor estabilidad en las economías de los socios comerciales.

Bajar la inflación, sobre todo el IPC de alimentos es todavía una asignatura pendiente, más allá de los controles de precios, las restricciones para exportar y las reuniones con cúpulas empresarias que al principio acuerdan y después hacen lo que les parece. Cerrará el 2021 con el 53% y se proyecta un 33% para el año próximo, la baja de 20 puntos sería espectacular, pero esos dos dígitos menores son igualmente explosivos para cualquier economía.

[Un punto de encuentro entre política y economía]

Se dice que los salarios tienen que igualar o superar ese índice, pero los millones de argentinos que son cuentapropistas o trabajan en la informalidad no tienen la posibilidad de empatar precios que suben más del 100% en un año, mientras que sus ingresos no crecen a la par ni de ninguna manera.

La política y la economía deberian encontrarse en un punto de sensatez, que incluya a todos los que tienen algo superador que aportar, sin mezquindades ideológicas ni prejuicios metodológicos. 

Por supuesto que existen intereses contrapuestos, pero la situación amerita reducir al máximo las diferencias, morigerar los resultados propios y llegar a acuerdos sustentables para todos. 

Creatividad, compromiso y equidad deberian empezar a habitar el lenguaje cotidiano de los que toman decisiones y obrar en consecuencia. 
 

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