Las peleas de cartel complican la campaña de Juntos - Política y Medios
03/12/2021 - Edición Nº5054

LA INTERNA, DESDE ADENTRO

Las peleas de cartel complican la campaña de Juntos

Macri, Bullrich y Larreta no se critican, pero no se hablan ni se miran. Tanta es la desconfianza que, para garantizar fidelidad, el expresidente le pidió a su exministra llevar el primer escrito a la justicia que justificó su ausencia a la declaración indagatoria.

La fusión PRO, UCR y Coalición Cívica, aún llamada Juntos por el Cambio, sigue siendo favorita para las elecciones del 14 de noviembre en la mayoría de las provincias.

Tal vez por eso lo más importante por estas horas es que pasará el día después entre los caciques que quieren manejar los hilos del frente, ya sea dentro o fuera del Congreso.

Mauricio Macri sigue siendo el mayor problema, porque no se quiere retirar. Ni bien arribó de Miami y definió con su abogado Pablo Lanusse no declarar en la justicia, llamó a los candidatos de Juntos en cada provincia para pedirles que le organicen visitas.

Empezó por Santiago del Estero y seguiría en Córdoba. Siempre pone una condición: no cruzarse con otra figura de Juntos que pueda eclipsarlo. Y la lista no sólo incluye a Horacio Rodríguez Larreta, quien lo desplazó como líder del PRO, sino también a la presidenta del partido Patricia Bullrich.

Larreta y Bullrich también llaman a dirigentes del PRO en cada provincia para organizar visitas. No sería fácil que se choquen, porque sus itinerarios son bien distintos.

El jefe de gobierno se mueve en avión privado, organiza conferencias de prensa en las capitales y envía asesores sub 30 a analizar las campañas locales. No siempre caen bien.

La titular del PRO armó un personaje descontracturado para conectar con el votante del interior y cree que se los metió en el bolillo.

Su guión incluye visitas a varias ciudades por provincia, traslados por tierra y hasta algún ingrediente rimbombante que llame la atención, como manejar un camión en la Patagonia. Lo disfruta.

Cuando conversa con dirigentes la acompaña Gerardo Milman, su exsecretario de Seguridad y un operador de la UCR hasta convertirse en operador y diputado del partido de Margarita Stolbizer y en funcionario de Macri después.

Así es como Macri, Bullrich y Larreta no se critican, pero no se hablan ni se miran. Tanta es la desconfianza que, para garantizar fidelidad, el expresidente le pidió a su exministra llevar el primer escrito a la justicia que justificó su ausencia a la declaración indagatoria. Obedeció.

Macri les pidió juntar sus manos el 12 de septiembre y prometerse juego limpio hasta las elecciones, pero en diciembre no será fácil mantener el compromiso.

Se sumó a ese pacto María Eugenia Vidal, quien también hace la suya: preocupada por el crecimiento de Javier Milei, se endureció con propuestas como quedarse con la presidencia de la Cámara de Diputados, sin consultar a Larreta. Hasta mayo decía en reuniones privadas que hasta se animaría a desafiarlo con una candidatura presidencial.

Las peleas de cartel amenazan la convivencia de Juntos porque los radicales tampoco ayudan. El neurólogo Facundo Manes cuestionó el faltazo de Macri a la justicia y obligó a un rápido comunicado de la mesa del frente electoral. Adhirió el presidente de la UCR, Alfredo Cornejo.

Manes está decidido a seguir diferenciándose de Macri porque tiene medido que muchos de sus votantes no lo quieren. El histriónico Fernando Iglesias le prometió vengarse cuando se crucen en el Congreso. Quienes lo conocen, creen que el ex presidente de dictó la amenaza.

Luis Juez también criticó la rebeldía judicial de Macri, aún herido porque quiso dejarlo afuera de la lista que finalmente se impuso en las primaras de Córdoba.  

Juez puede convierte en la figura más votada de Argentina, sólo amenazado por el entrerriano Rogelio Frigerio, y Larreta lo visitó para no quedarse afuera de su sorpresivo éxito.

El exintendente lo recibió porque, a fin de cuentas, las encuestas son el principal ordenador a esta guerra de caciques y mientras Larreta siga estando muy por encima del resto, no será fácil que algún dirigente opositor lo desafíe. Sería muy arriesgado.

Pero ordenar la tropa le será una misión difícil, con múltiples rivales que tienen más peso que su desconocido equipo de colaboradores. Es una tarea que empieza el 14 de noviembre. Y no será fácil.

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