Juntos por el Cambio y la ilusión de un gobierno total - Política y Medios
30/11/2021 - Edición Nº5051

LA INTERNA, DESDE ADENTRO

Juntos por el Cambio y la ilusión de un gobierno total

Tener un presidente en 2023 con mayoría en las dos cámaras del Congreso es la mayor ilusión de los referentes del PRO y la UCR. Y tan entusiasmados están, que ya debaten qué hacer el día después y no se ponen de acuerdo.

Por: J.Nye

 

Tener un presidente en 2023 con mayoría en las dos cámaras del Congreso es la mayor ilusión de los referentes del PRO y la UCR. Y tan entusiasmados están, que ya debaten qué hacer el día después y no se ponen de acuerdo.

Sólo coinciden en que el primer paso es el 14 de noviembre y las expectativas no pueden ser mejores. De repetirse los resultados de las primarias, el frente Juntos le quitará la mayoría propia a Cristina Kirchner en el Senado, aunque los aliados de Misiones y Río Negro la ayudarían a alcanzarla, siempre a cambio de onerosos favores para sus provincias. Debería pagarlos Alberto Fernández.

En Diputados, Juntos podría ser la primera minoría el 10 de diciembre y reunir quórum con aliados ocasionales de otras fuerzas, como los cordobeses o los liberales de Javier Milei y José Luis Espert.

Y una victoria presidencial en dos años aumentaría el caudal de diputados del PRO-UCR, porque se renovará la mitad elegida en 2019, la peor elección de la fusión que también comparten con la coalición cívica.  El quórum propio sería una realidad.

La ecuación suena perfecta, soñada, pero está al alcance de la mano para figuras como Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich, o los radicales Alfredo Cornejo y Gerardo Morales. Tan embalados están cuando leen encuestas del desplome de la imagen presidencial, que ya discuten sobre el 10 de diciembre de 2023. Y mucho.

Bullrich cree que ese día hay que tumbar lo que haya quedado suelto del peronismo. Vaciar de recursos a las gobernaciones peronistas y debilitarlos con cuanta acción política se le ocurra. No habla de ayuda de la justicia, pero quienes la conocen saben que no es de rechazar ninguna ayuda.

Bullrich entiende que con una mayoría del Congreso ya no tendría sentido hablar con un gobernador de igual a igual como hacía Rogelio Frigerio. “Pierde un punto del PBI en cada reunión”, lo atacaban los radicales en tiempos de Macri presidente.

Bullrich coincide con ese diagnóstico y también propone destruir a una CGT que ya no asusta con sus afiliados y a los movimientos sociales que empezaron a sentir su desprestigio por tantos años de intermediación. Quiere peleas cuerpo a cuerpo, sin ceder un milímetro y hasta el final. Como le gusta.

Larreta está a las antípodas de esa hoja de ruta y así se lo hizo saber a los empresarios en el coloquio de Idea. “Hay que convocar a la oposición para un gobierno del 70%”, fue su propuesta. Mirándolos a los ojos, les preguntó porque todos hablan de salir de la grieta y nunca se sale. Nadie quiso sentirse interpelado.

Sin mencionar a los movimientos sociales, identificó al 20% del país que está afuera de todo y propuso tenerlos en cuenta para convivir en paz. Volvió a mirar a los ojos a los hombres de negocios, pero otra vez nadie se inmutó.

Fue también un gesto de diferenciación con Milei, quien ya se dice aliado de los halcones de Patricia y hasta fantasea con una fórmula presidencial. A Larreta no le disgusta: si le ganara una primaria, la Casa Rosada le quedaría más cerca.

Aun cuando estuvo revitalizada por figuras como el neurólogo Facundo Manes, la UCR por ahora no habla de 2023, como si el juego le resultara prematuro o riesgoso. O el traje les quedará grande.

En 2020 hubo patricistas y larretistas, los primeros representados por el presidente del Comité Alfredo Cornejo y los segundos por el jefe de los diputados de JxCMario Negri.

Los sobrevolaron dos figuras que se pelean por suceder a Cornejo en diciembre: el gobernador de Jujuy, Gerardo Morales, y Martín Lousteau, discípulo de Enrique “Coti” Nosiglia. Es curioso: los dos coinciden en posicionamientos ideológicos pero se trenzan como perro y gato en la pelea de poder.

En el mundo PRO no caminan la misma vereda. Lousteau es empleado de Larreta en la Ciudad y Morales lo enfrenta con la ilusión de encontrar un respaldo federal a su candidatura en una interna presidencial. No se pliega a la radicalización de Bullrich, pero la menciona como la mejor ministra que tuvo Macri.

Pero el jefe de Gobierno quedó tan fortalecido de las primarias, que a Morales no le resulta fácil reclutar dirigentes interesados en criticarlo. Más de un radical con acceso a las mesas chicas cree que el jujeño se conformará con volver al Senado que lo vio crecer.

La interna real es del PRO, donde  ya sepultaron a Macri y se creen cerca de un poder sería inédito para un gobierno no peronista. Es cierto que Miguel Pichetto hizo esfuerzos para que Macri tuviera leyes con respaldo de senadores del PJ, pero también lo es que muchas costaron cuantiosos recursos y contribuyeron a un déficit que se fue de control.

El 2023 que sueña Juntos por el Cambio no necesitaría de conversos peronistas, sino un presidente propio con mayoría legislativa. El debate interno es cómo usarla. Y para qué. 

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