Manzur, el intérprete de la restauración política del Frente de Todos - Política y Medios
17/01/2022 - Edición Nº5099

ANÁLISIS

Manzur, el intérprete de la restauración política del Frente de Todos

El ex gobernador tucumano devino en ícono del profundo volantazo político del Gobierno, al tiempo que se blinda al presidente tras el desgaste evidenciado en las PASO.

Luego del traspié electoral del oficialismo, que vino acompañado de una crisis interna fugaz pero profunda; el rediseño del Gabinete de Ministros de la Nación vino a refrescar a una plantilla de funcionarios que se vio agobiada e impotente en menos de dos años de gestión intensa e inusual.

Sin lugar a dudas, el más resonante de los cambios fue el de la jefatura, donde el desplazamiento de Santiago Cafiero dio lugar a la llegada de Juan Manzur. Un jugador que generó polémica desde su anuncio mismo por su configuración ideológica poco afín a las filas progresistas que venían apoyando al Frente de Todos.

Sin embargo, los diagnósticos tras el cachetazo electoral apuntalaron un giro de 180 grados en la gestión gubernamental, los modos de comunicar y los destinatarios a interpelar.

La llegada del ex gobernador tucumano a Buenos Aires tuvo lugar tras una cumbre del presidente de la Nación, Alberto Fernández, con gobernadores en el norte del país; y apuntó desde el primer minuto a dotar a las acciones de Gobierno de mayor federalismo.

A la vez, junto a otros cambios en el Gabinete -incluso previos a las PASO- se buscó articular una mayor territorialidad; factor que sin dudas falló si recordamos que, hasta minutos antes de conocerse los primeros resultado oficiales el pasado 12 de septiembre, el clima en los búnkers del Frente de Todos eran casi de festejo. El cimbronazo fue doble, entonces.

Desde el vamos, Manzur viene a desempeñar un rol mucho más activo que su predecesor, en lo que podría aventurarse como una confluencia entre una personalidad diferente y modificaciones en la estrategia delineada.

Es, además, un interlocutor más cercano al ciudadano de las provincias y a los estratos populares en general: un dirigente tucumano al mando en un ambiente que a menudo exhala porteñocentrismo, sustituyendo a una figura con apellido distinguido dentro de la tradición justicialista pero cuya discreción en estos 20 meses ha coqueteado con el hermetismo.

“Ojalá que Dios nos ayude, que nos dé una manito porque realmente esta vuelta nos hace falta para seguir saldando todas las deudas que la Argentina tiene”, expresó el ex gobernador este miércoles durante el anuncio de la implementación de la Jubilación Anticipada.

Entre las ironías y chicanas suscitadas en las redes sociales por esta manifestación, se perdió la evidente intención de comenzar a recomponer el vínculo con actores sociales vinculados en mayor o menor medida a los diferentes cultos religiosos que tienen lugar en nuestro país.

No pocos integrantes del entorno presidencial deben haber coincidido con las lecturas de que amplios segmentos sociales no se sintieron interpelados en sentido alguno en la narrativa discursiva del Gobierno, que para colmo pudo ofrecer escasos argumentos en materia económica para al menos fidelizar al electorado que lo acompañó en 2019.

Sin dudas, desde el oficialismo deberán exhibir una cintura virtuosa para que este giro no conlleve una ruptura con sectores del progresismo que lo vienen respaldando; y que, por cierto, han tenido un protagonismo primario en la agenda de Gobierno hasta el momento.

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Como contraparte del creciente protagonismo del flamante jefe de Gabinete, el presidente bajó el perfil significativamente y dejó de encabezar cada anuncio e inauguración disponible.

Tras el Olivos gate y el cruce con la vicepresidenta, Fernández se alejó de la escena pública para ocuparse de asuntos internacionales y acercarse a la gente: en la mañana de este martes se reunió con trabajadores de Aerolíneas Argentinas y más tarde visitó a una cooperativa que emplea a personas reinsertadas laboralmente tras cumplir condenas.

En la misma jornada, en su rol cuasi de primer ministro, Manzur anunciaba el envío de 575 efectivos de fuerzas federales en Santa Fe y el establecimiento en Rosario de una nueva unidad Móvil de Gendarmería para optimizar la seguridad y el combate al narcotráfico; acompañado por el nuevo ministro de Seguridad, Aníbal Fernández, el ministro del Interior, Eduardo “Wado” de Pedro, y el gobernador santafesino, Omar Perotti.

Como parte de una maratónica agenda, el ex ministro de Salud de Cristina Fernández de Kirchner también se reunía con el gobernador de Entre Ríos, Gustavo Bordet, y el administrador del Ente Nacional de Obras Hídricas de Saneamiento, Enrique Cresto, para repasar los trabajos que se desarrollan en la provincia del litoral en esos rubros.

Horas atrás, había recibido al secretario de Energía, Darío Martínez, “para dialogar sobre herramientas y proyectos que impulsan hoy nuestro desarrollo energético”.

La estrategia desde Casa Rosada parece ser descentralizar el desgaste cristalizado en el revés electoral de septiembre y buscar la restauración del capital político con caras nuevas que no sólo simbolicen el giro de timón, sino que también sean los encargados de anunciarlo.

Algo similar ocurre en materia de Seguridad, con un Aníbal Fernández que en unos cuantos días ya cuenta con anuncios de impacto e intervenciones resonantes sobre organizaciones delictivas de alto calibre difíciles de recordar en la gestión de su predecesora, Sabina Frederic.

El Gobierno nacional se enfrenta, desde el pasado 12 de septiembre, a la hazaña de dar vuelta una elección que, aunque registró un bajo nivel de asistencia, pareció arrojar resultados contundentes.

Para esto, apostó a ‘renovar’ el Gabinete, paradójicamente, con viejos conocidos. La restauración del capital político del Frente de Todos comenzó por incluir a dirigentes y sectores cuya ausencia había hecho ruido desde un primer momento.

En materia de políticas, el objetivo proyectado será hacerle llegar el rebote económico a los segmentos sociales más empobrecidos; complementando una inyección de liquidez abrupta con anuncios que al menos evidencien una profundización de políticas públicas en las problemáticas más urgentes.

La figura de Manzur, sus agendas maratónicas y la omnipresencia en la presentación de las nuevas iniciativas parecen un intento de sedimentar en la sociedad la idea de que el giro reclamado en las urnas está en marcha.

Funcionarios introvertidos y herméticos han sido reemplazados por otros de presencia insoslayable; las recetas de ortodoxia económica, arrolladas por la urgencia de engrosar el déficit para que la reactivación llegue más rápido a las capas bajas. Las medidas de prudencia sanitaria fueron eclipsadas por una vertiginosa apertura de nuevas actividades y flexibilizaciones. La agenda eminentemente progresista deja lugar para la interpelación simbólica de los creyentes.

En Balcarce 50 queman las naves para intentar el menos peor de los escenarios en las legislativas de noviembre, que necesariamente signarán la segunda etapa de Gobierno desde el Congreso. Las urnas, como siempre, determinarán si este giro de timón alcanza o si el camino de cara a 2023 será un escenario de novedosa complejidad para el oficialismo.

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