El tamaño de mi esperanza - Política y Medios
18/09/2021 - Edición Nº4978

OPINIÓN

El tamaño de mi esperanza

Un día como hoy hace 122 años nacía Jorge Luis Borges. “El tamaño de mi esperanza” podría ser también el título de una búsqueda por saber cuáles son los límites de un proyecto integrador posible. ¿América Latina? ¿Hispanoamérica? ¿Iberoamérica?

Por: Nicolas Mujico, Politologo UBA, maestrando en Defensa Nacional UNDEF

 

Un día como hoy hace 122 años nacía Jorge Luis Borges. Autor que, curiosamente, quiso desterrar de su obra el ensayo citado en el título de este artículo. Sin embargo y, a pesar de sí, el libro fue editado repetidas veces. En el se ven las primeras obsesiones del autor: la Pampa, lo Criollo y otras cuestiones  que rechazaría luego. Sin embargo, “El tamaño de mi esperanza” podría ser también el título de una búsqueda por saber cuáles son los límites de un proyecto integrador posible. ¿América Latina? Tal como refiere la tradición histórica Argentina.  ¿Hispanoamérica? Como pensaban algunos revolucionarios herederos de la Corona Borbónica.  ¿Iberoamérica? Incorporando lo portugués o simplemente Suramérica, espacio geográfico construido desde la región a medida de Brasil. “A ellos quiero hablar” dice Borges “no a los que creen que el sol y la luna están en Europa” y “conste que lo venidero nunca se anima a ser presente del todo sin antes ensayarse y que ese ensayo es la esperanza”. Borges se preocupa por lo criollo. Sus miras, muchas veces, no superan lo porteño. Sin embargo, en su búsqueda subyace la necesidad de una identidad en la cual resida un pensamiento propio, un poeta, un pintor o un metafísico. Un proyecto.

Otros grandes autores sudamericanos tuvieron inquietudes similares. Gabriel García Márquez quiso investigar y entender de qué se trata este continente “descubierto” por los europeos hace poco más de 5 siglos. Un realista mágico como el colombiano enfatiza la lectura fascinada de los primeros viajeros: Pigafetta y Alvar Núñez Cabeza de Vaca.  En su discurso de aceptación del Premio Nobel titulado, “la soledad de América Latina” y -en su obra en general- parece que la unidad está vinculada a la tragedia. Toda América fue descubierta en 1492, pero solo América Latina está enamorada de la desgracia, la alucinación y la locura. Ese mundo desaforado que el escritor debe traducir de manera tal que resulte creíble. Dialogando con Europa, les pide que recuerden su pasado para no sorprenderse de la actualidad de nuestro continente y sostiene que América Latina puede ser independiente, original y occidental. Simplemente nos falta recorrido. En su discurso existe algo así como un desarrollismo literario.  

También Mario Vargas Llosa necesitó de Europa para reconocerse latinoamericano. Solo a partir de los años 60 y del boom de la literatura reconocida en todo el mundo pudo volver la mirada hacia el continente y reconocerse en él. Algo similar había pasado años antes con el tango, que solo fue reconocido en sociedad en Buenos Aires cuando el triunfo en Europa era total. Se trata de una especie de “tilinguería” que consiste en reconocerse cuando se es reconocido y que tiene su reverso en quienes se desconocen al menospreciar su patria. La falta de autoestima y la sobre autoestima de lo ajeno son dos zonceras que abundan por estos tiempos que corren. Así, pareciera que existen dos búsquedas: por un lado, la de la identidad y, por otro, la del reconocimiento de quien históricamente fue el faro cultural en el cual nuestro continente se ha reconocido.

Desde la llegada de los españoles a nuestro continente, de internarse en el territorio, de chocar una y otra vez con esa pared infranqueable de norte a sur, se vieron en la necesidad de darle una organización política a las indias. Tanto los Reyes Católicos como los Habsburgo y los Borbones, lograron adaptar sus instituciones a las existentes y tuvieron en el Virreinato la principal figura política. Llama la atención la unidad lograda en un territorio tan vasto. Los tres siglos previos a la independencia tuvieron una América Hispana relativamente unida. Los dos siglos posteriores, una Balcanizada. ¿Qué hemos aprendido de ello? probablemente nada.

¿Cuánto hay de cierto, entonces, en que el fracaso y la desunión de nuestros países tiene por origen la falta de proyecto común o de identidad? ¿Por qué no considerar el fracaso como una mala interpretación de los tiempos que se avecinaban? Del monopolio al libre comercio y a la libre navegación de los ríos. La emancipación como triunfo de las armas y las independencias devenidas en dependencia como fracaso de la política y la diplomacia.

Luego, la fascinación por las luces, la ilustración, la enciclopedia. Hasta la necesidad de subvertir el orden a la francesa. El apuro jacobino por la guillotina (inexistente en Buenos Aires pero no en los decretos y en el plan de operaciones).  La necesidad de viajar a Europa para recoger las novedades que duró hasta el mayo francés (si es que no sigue durando)…la fuga del país, Ezeiza.

¿Qué hay de nuevo en el Horizonte?  ¿Hay un destino común del cual toda América Latina es parte? Esa es la desgracia común de la que habla el autor de “Cien años de Soledad”. Hay un trágico destino sudamericano con el que al fin nos encontraremos, como en el poema de Borges ¿Debemos ser meros proveedores de historias para que sea creíble que el continente de los paisajes exuberantes y los infinitos recursos es también el continente del hambre?

 ¿Existe una América que mira al Pacífico y otra al Atlántico? ¿Y quizá otra al gran lago americano que es el Caribe? Brasil, cuya historia es un fracaso de las armas y un éxito de la política, ¿puede ofrecer la dimensión correcta al atraer sobre sí al resto de los países?

Creo, para finalizar, que es una mezcla de todas. América es una sola desde el punto de vista geográfico. Para la desgracia es amplia e incluye a América Latina con lo Hispano, lo lusitano, lo francés, lo todo.  Luego se convierten en muchas. Culturalmente, incluso, hay una América sin papeleta de conchabo a la que siempre le quieren construir un muro y, sumadas a ésta, muchas.

¿Cuántas Colombias existen y dónde está Venezuela? ¿Se inclinarán hacia el Caribe o volverán alguna vez su mirada a Sudamérica? ¿Es Argentina un país andino, es solo un país continental o existe un inmenso mar sin ocupar sobre el cual debemos volcar todos nuestros esfuerzos? La voluntad política, por otra parte, debe trabajar sobre las diferencias. La cordillera infranqueable no pareció un problema irresoluble para los españoles. La débil Buenos Aires se pudo imponer a la económica y culturalmente poderosa Potosí. También a Chuquisaca y al resto de los pueblos con Cabildos. Brasil pareció, en algún momento, encarnar esa voluntad. Sin embargo, quizá también allí, conviven varios países. En los últimos años, una ola de violencia recorrió el continente: quiebres institucionales, inestabilidad política, persecución judicial y proscripciones han sido la norma. La post pandemia debe incluir entre sus objetivos cuidar la paz social en los países de la región y, en la medida que se abren las fronteras, volver a tener proyectos comunes, cuidar el Mercosur y evitar la atomización del continente. Debemos ensayar una vez más la esperanza y reescribir el destino sudamericano.

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