La pelea entre el aumento de precios y el salario mínimo - Política y Medios
12/06/2021 - Edición Nº4880

ANÁLISIS

La pelea entre el aumento de precios y el salario mínimo

Desde el Centro de Investigación y Formación de la República Argentina, afirman que durante el 2015-2019 la política de establecer aumentos nominales por debajo de la inflación, llevó a un intenso deterioro del salario, mínimo, vital y móvil (SMVM); y sus efectos generaron una pérdida del 25% de la capacidad adquisitiva.

Por: Esteban Pastoriza (Técnico Universitario en Comunicación Social -Licenciado en Ciencia Política).
 

La pandemia del COVID-19 hizo su presentación oficial en nuestro país sobre un contexto socioeconómico que ya venía arrastrando los pesares del modelo neoliberal. Pues, la fórmula de apertura extrema y “volver al mundo” del Gobierno de Mauricio Macri, terminó sepultando el funcionamiento del mercado interno y generando consecuencias directas en la reducción laboral y el recorte salarial de lxs trabajadorxs.

Desde el Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (CIFRA), afirman que durante el 2015-2019 la política de establecer aumentos nominales por debajo de la inflación, llevó a un intenso deterioro del salario, mínimo, vital y móvil (SMVM); y sus efectos generaron una pérdida del 25% de la capacidad adquisitiva.

En el comienzo del mandato del Frente de Todos se pudieron observar una serie de medidas de aplicación inmediata, como el incremento salarial por decreto de 4.000 pesos entre los meses de enero y febrero; cuya implementación estaba más orientada a mostrar una intencionalidad en el cambio de gobierno, que en subsanar directamente los desbalances que había dejado Juntos por el Cambio.

En este sentido, hubo que esperar hasta octubre de 2020 para contemplar una modificación en el SMVM,  pero que no pudo sortear los efectos colaterales que la pandemia estaba generando sobre la actividad económica y como consecuencia el poder adquisitivo durante ese año presentó una pérdida del 10% en comparación al 2019.

La Ley de Contrato de Trabajo expone en su definición la importancia del salario mínimo, vital y móvil como herramienta destinada a mitigar la caída de los ingresos de lxs trabajadorxs en peores condiciones. Desde este marco normativo se lo entiende como “la menor remuneración que debe percibir en efectivo el trabajador sin cargas de familia, en su jornada legal de trabajo, de modo que le asegure alimentación adecuada, vivienda digna, educación, vestuario, asistencia sanitaria, transporte y esparcimiento, vacaciones y previsión”.

Ahora bien, el análisis que debemos hacer para evaluar el impacto de este instrumento en el bolsillo de los consumidores, no puede ser disociado de la otra cara de una misma moneda y que refiere al aumento inflacionario de los principales bienes de consumo.

Frente a la situación actual de ingresos bajos y precios altos, le corresponde una propuesta alternativa de contención en el valor de compra de los productos básicos y recuperación salarial de los sectores más postergados. Pues, cuando la base de los ingresos es tan baja, comienza a perder la función de piso para lo que fue instruido; por lo cual, para que el SMVM no descuide su objetivo principal, debería crecer  en sintonía con la inflación y el salario promedio.

En relación con ello, el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPYPP) realizó un informe en donde se analiza la evolución del salario, mínimo, vital y móvil durante los últimos cinco años y puntualiza los montos necesarios a los que debe aspirar el incremento que permita la recuperación real del poder adquisitivo.

El dato más destacado que muestra este trabajo de investigación pone de manifiesto que para el primer trimestre del 2021, el SMVM se encontraba casi 17% por debajo del nivel que tenía en 2019. Sin embargo, al tomar en cuenta la ampliación del período que refiere a diciembre 2015 con marzo de este año, la pérdida de la capacidad de ingresos acumula una caída del 36,4%.

[El acuerdo del Consejo del Salario]

Resulta interesante hacer una comparación entre el aumento estipulado por el Consejo del Salario y las diferentes proyecciones que realizó el IPYPP para generar una recuperación en los ingresos.

Allí puede observarse que el organismo que aglutina al Gobierno, empresas y sindicatos, convino una suba del 35% anual que debe implementarse en siete pagos con diferentes cantidades porcentuales y que finalizaría en febrero de 2022 cuando el salario mínimo alcance $29.160. De esta forma el comienzo que brindó abril con un incremento del 9% llevó al SMVM a 23.544 pesos.

Si tomamos en cuenta el incremento inflacionario del 29% estipulado en el presupuesto 2021, tranquilamente podemos determinar que el acuerdo del 35% de aumento tiene sentido. Sin embargo, ello significaría descuidar la pendiente negativa que viene arrastrando el poder adquisitivo de lxs trabajadores en los últimos cinco años.

Allí observamos que, según el IPYPP, para que el salario mínimo vuelva a los niveles de 2015, sería necesario un aumento del 57,2%. Lo que hubiese implicado elevar en el mes de abril, el SMVM a casi 34.000 pesos; y destacando que con esto “no se estaría produciendo ningún aumento del salario mínimo, sino simplemente recuperando lo perdido desde el 2015 a la actualidad”.

Ahora bien, este análisis de la evolución del SMVM durante los últimos años pone de manifiesto algunos interrogantes que el Gobierno debe tener en cuenta al momento de anunciar públicamente incrementos salariales que nacen de acuerdos, que no muestran una buena interpretación sobre la realidad socioeconómica.

¿Es posible pretender incentivar el poder de consumo de los más postegardos, si esa medida no es acompañada por una mayor regulación y control del Estado? ¿Acaso ese incipiente incremento de los ingresos no está siendo absorbido por un aumento en los precios de los principales bienes de la canasta básica?

Hace algunos meses atrás el propio Ministro de Trabajo, Claudio Moroni, expresó públicamente que “el salario digno es aquel que se puede pagar” y a continuación agregó que el objetivo del Gobierno es “apuntar a que al menos los aumentos salariales no pierdan contra la inflación”.

Si comparamos el aumento acumulado del salario mínimo entre abril y mayo, sumamos un 13% que queda muy lejos del 17,6% del incremento inflacionario que ha demostrado el primer cuatrimestre de 2021.

Está claro que el Gobierno nacional estimula su política económica apostando a fortalecer los acuerdos con aquellos jugadores que suman presión en la macroeconomía. En ese contexto se enmarca el proyecto de  “precios cuidados” o el programa “Super Cerca”, recientemente lanzado por el oficialismo con el foco puesto a controlar los valores de venta de aquellos productos básicos en el consumo familiar.

Sin embargo, con un mercado interno que absorbe el 75% de la producción local y por ende da sentido a la mano de obra del país, el salario termina siendo el motor de los ingresos familiares y consecuentemente del consumo doméstico. Por ello, la recuperación económica del país sería completamente beneficiosa si se consigue subir el piso del salario mínimo, que permita restablecer el poder adquisitivo con el que lxs trabajadores contaban antes del neoliberalismo cambiemita y esa medida sea acompañada por cierta estabilidad en el control de los precios de los principales bienes de consumo.

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