Escrache, despido y polémica - Política y Medios
21/09/2021 - Edición Nº4981

ANÁLISIS

Escrache, despido y polémica

Una manifestación en la casa de Patricia Bullrich cubierta por C5N culminó en el despido del periodista Tomás Méndez y el público estalló contra la empresa.

Desde hace ya más de una década, la política argentina se encuentra atravesada por una notable intolerancia, antagonismos aparentemente irreconciliables y expresiones cada vez más radicales.

Podría ubicarse el inicio de este proceso allá por el 2008, con la declaración de guerra del multimedio oligopólico más preponderante del país y el entonces joven Gobierno del Frente Para la Victoria, de Cristina Fernández de Kirchner. Desde allí, la relación entre la oposición política al peronismo y algunos de los más masivos medios de comunicación en diversos soportes fue quedando cada vez más en evidencia.

Pero este proceso encontró un espejo en determinados espacios mediáticos -mucho más modestos- que encontraron su lugar en el esquema de medios cubriendo acontecimientos de la realidad desde un enfoque más afín al de los simpatizantes del proyecto de país encolumnado detrás del peronismo.

Esta suerte de prólogo tiene lugar para señalar cómo la radicalización de los discursos político partidarios ha ido encontrando su correlato en los medios; pero remarcar también la creciente influencia del discurso mediático en la discusión pública y, en definitiva, de las manifestaciones políticas.

[El hecho y las repercusiones]

“Acaba de decir Patricia Bullrich que le estamos haciendo un escrache, una cosa tremenda. En realidad se trataba de una parodia, de lo que hacen ellos, lo que hace la derecha”, había asegurado el periodista Tomás Méndez, luego de que en la señal de C5n cubrieran la caravana de taxis que se presentó en el domicilio de la presidenta del PRO.

Minutos después de la transmisión, a través del propio canal y por la voz de Iván Schargrodsky, se hizo público el comunicado de la empresa -posteado también en redes sociales- donde se anunciaba el despido de Méndez y se le pedían disculpas a la dirigente opositora.

Bullrich había denunciado que la manifestación no sólo había sido cubierta por el canal de televisión, sino que había sido convocada por el mismo.

“La dirección de C5N quiere dejar en claro que nunca estuvo al tanto de la organización de un escrache frente a la casa de dicha dirigenta política”, expresa el documento publicado por el Indalo Media, y leído en vivo por el periodista.

En este sentido, enfatizaron que “esta acción no forma parte del estilo periodístico” del canal ni del grupo mediático, recordando que “a lo largo de todos estos años ha llevado a cabo prácticas periodísticas responsables, que no abandonó ni siquiera en los peores momentos de persecución”.

Acto seguido, comunicaron que en ese mismo momento se iniciaba “el proceso de desvinculación laboral del periodista Tomás Méndez”, tras lo cual le pidieron “sinceras disculpas” a la ex ministra de Seguridad de la Nación, y también a la audiencia del canal.

La imagen publicada en las redes sociales de C5n.

El documento fue “firmado” por el director de contenidos, Carlos Infante, y el gerente de noticias, Nicolás Bocache.

En las horas posteriores, diferentes referentes de la política enviaron su apoyo a la titular de Propuesta Republicana, entre los cuales destacó su compañero de partido y a esta altura contendiente de liderazgo interno, Horacio Rodríguez Larreta.

“Repudio el escrache realizado frente a la casa de Patricia Bullrich. El camino nunca es la violencia, sino el diálogo, la tolerancia y el respeto”, escribió el jefe de Gobierno porteño.

El intendente de La Plata, Julio Garro, publicó en sus redes sociales: “Algunos creen que la democracia es votar cada dos años. Otros estamos convencidos de que son un montón de valores que tenemos que respetar y defender todos los días. Repudio profundamente el escrache”.

Por su parte, el diputado bonaerense oriundo de La Plata, Daniel Lipovetzky, expresó su solidaridad con la dirigente y consideró que “estas prácticas patoteras e intimidatorias son una ofensa para nuestro sistema democrático y no deben ser toleradas, sino repudiadas por todo el arco político”.

No obstante, fue llamativa la pasividad desde la Unión Cívica Radical (UCR), la otra pata fuerte de Juntos por el Cambio, cuyos principales referentes apenas se hicieron eco del hecho.

También le comunicó su apoyo el diputado nacional del partido, siempre activo en redes sociales, Fernando Iglesias.

[El descargo]

“Quiero aclarar varios puntos: Primero, el móvil en lo de Patricia Bullrich era con tono humorístico y parodiando el 'queremos preguntar' de Jorge Lanata. 10 taxistas no hacen un escrache”, escribió el periodista en sus redes sociales.

A continuación, enumeró: “Segundo, no mostramos dirección ni casa de Bullrich. Tercero, es increíble que después de ejercer la violencia en todos sus medios como lo hacen digan que los otros son violentos”.

Por último, concluyó su descargo señalando que nunca fue “ni siquiera imputado en ninguna causa de todas las que me armaron” y se manifestó “orgulloso de haber peleado contra los poderes reales en Argentina durante todo este tiempo”.

En esa línea, advirtió: “Cada vez que pueda lo seguiré haciendo desde el lugar en que esté. Gracias a todos por el apoyo”.

Cierto es que, en los últimos años, el nivel de agresión emitido mediáticamente ha alcanzado niveles inusitados. También es cierto que muchas de estas expresiones han sido enunciadas desde diversos diarios, revistas y canales de televisión hacia dirigentes asociados al actual oficialismo, puntualmente a la vicepresidenta.

El día que Clarín convocó a marchar a la puerta de la casa de Cristina Fernández de Kirchner.

Por buscar un ejemplo llamativamente similar, el diario Clarín publicó, en octubre del año pasado, la dirección del domicilio de Cristina Fernández de Kirchner, entre los puntos de convocatoria para una marcha contra el Gobierno en plena pandemia de Covid-19.

Para mencionar uno cercano, alcanza con remontarnos al martes de la semana pasada, 25 de mayo, frente a la casa del gobernador de Entre Ríos, Gustavo Bordet.

En aquella ocasión, un grupo de manifestantes nucleados en el partido Republicanos Unidos, cuyos referentes nacionales son Yamil Santoro y Ricardo López Murphy, no sólo se manifestaron sino que se los registró proponiendo “quemar las casas de los funcionarios”.

Diferentes referentes de la política entrerriana y el Partido Justicialista de la provincia repudiaron el hecho, al tiempo que Santoro le bajó el precio, tildandolo de una “humorada desafortunada”.

Lo cierto es que el escrache pareciera por estos días una práctica mucho más común de lo que supo ser en el pasado, cuando se circunscribía, a lo sumo, a la exposición de genocidas y criminales de lesa humanidad que no habían sido condenados por la justicia.

Desde Indalo Media, evidentemente, buscaron diferenciarse no sólo del accionar del periodista despedido, sino también de la posición editorial adoptada desde hace más de una década por parte de otras empresas de medios masivos en el país; que no se han molestado siquiera en lavar la imagen con algún comunicado ante los excesos.

No obstante, esto generó amplio repudio entre sus propios televidentes, que llenaron las redes sociales de reclamos, señalando lo que consideran una injusticia.

Lo que queda claro es que cada vez más gente interpreta la escena política como un auténtico terreno de batalla donde vale casi todo: si unos escrachan a nuestros líderes, por qué nosotros no. Si determinados periodistas despliegan todo su arsenal con evidente intencionalidad y sin consecuencia alguna, por qué los que hacen lo propio a la inversa sí sufren las consecuencias.

La respuesta apunta evidentemente a una decisión corporativa, y debería abrir al menos un debate.

Más allá de cómo cayó la decisión en el público, en algún momento se debe comenzar a desactivar lo que parece ser una escalada constante de hostilidad; más allá de que la víctima, en esta ocasión, sea una de las referentes que más apuntalan la oposición de trincheras y las expresiones más radicales contra el actual oficialismo.

Es necesario dejar de naturalizar el ‘vale todo’ como sociedad, y eso empieza por dejar de considerar selectivamente cuál escrache es antidemocrático y cuál un acto de justicia subjetivo. Sin las más mínimas bases objetivas, no hay discusión pública posible.

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