Proyecto Czekalinski: “La canasta básica quedó obsoleta como medida de pobreza” - Política y Medios
28/10/2021 - Edición Nº5018

ENTREVISTA

Proyecto Czekalinski: “La canasta básica quedó obsoleta como medida de pobreza”

En diálogo con PyM, Sofía Chacón, licenciada en Ciencia Política y Co-directora de este proyecto, analizó los resultados obtenidos en una experiencia científica que pone a prueba la calidad nutricional de la canasta básica, sus efectos en la salud física y mental de quienes la consumen y su utilidad como medida de ingreso de referencia.

Por: Esteban Pastoriza (Técnico Universitario en Comunicación Social -Licenciado en Ciencia Política)

 

Los datos que contextualizan la realidad social y económica de nuestro país han encendido las alarmas de los principales indicadores que determinan el nivel de bienestar de la sociedad argentina.

A las preocupantes cifras de pobreza (42%) y de indigencia (10,5%) que puso de manifiesto el último informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos de la República Argentina (INDEC); se sumó una reciente publicación de dicho organismo, en donde se expone un incremento mensual de la canasta básica alimentaria (CBA) del 4,5% y del 5% para la canasta básica total (CBT).

Para esclarecer estos números, es importante destacar que la CBA da cuenta que un hogar con cuatro integrantes, necesita de 25.685 pesos para no estar por debajo de la línea de indigencia; y por otro lado, la CBT demuestra que una familia requiere de 60.874 pesos para no encontrarse dentro de los parámetros de la pobreza.

Es en este contexto en el que un grupo interdisciplinario de investigadorxs y trabajadorxs profesionales de Córdoba, puso en marcha el Proyecto Czekalinski, buscando superar la relación entre los ingresos necesarios y la posibilidad de cubrir al menos la canasta básica alimentaria.

En diálogo con PolíticaYMedios, Sofía Chacón, licenciada en Ciencia Política y Co-directora del Proyecto Czekalinski; analizó detalladamente los resultados obtenidos en esta experiencia científica que por primera vez pone a prueba la calidad nutricional de la canasta básica, sus efectos en la salud física y mental de quienes la consumen y su utilidad como medida de ingreso de referencia.

- ¿Cómo surge el Proyecto Czekalinski?

- Proyecto Czekalinski, se implementa en 2019 con una continuidad en 2020, pero tuvimos que detener el trabajo por el contexto de la pandemia. La idea era poner en cuestionamiento la canasta básica como medida de pobreza. Es importante dejar en claro que la canasta básica alimentaria no es algo que se creó para ser comido; su función como medida económica es determinar quién está por debajo de la línea de indigencia. La relación entre los productos que la integran y el costo monetario en su compra, nos lleva a los parámetros de indigentes o pobres.

Nuestro argumento es que la canasta básica quedó obsoleta como medida de pobreza. Por eso planteábamos generar una visión multidimensional de la pobreza que no se reduzca en la alimentación y busque un análisis más completo sobre la calidad de vida, mirando otros factores como la escolaridad, la calidad del empleo, el acceso a un medio ambiente sano y saludable, por ejemplo. Tener una visión más amplia del bienestar social.

- ¿Cómo lograron alinear el funcionamiento de este proyecto con el objetivo que se plantearon?

- Concretamente, buscamos que la CBA sea abolida y reemplazada por la alimentación sugerida en las Guías Alimentarias para la Población Argentina (GAPA) del Ministerio de Salud de la Nación.

Lo que hicimos fue dividir a nueve voluntarixs en tres grupos, los cuales iban a alimentarse de manera diferente. El grupo A tenía como objetivo alimentarse durante seis meses, solamente con los productos que contiene la canasta básica; el grupo B debía consumir, durante el mismo período, una dieta basada en las recomendaciones que establecen las GAPA; y el grupo C, sería solamente un grupo de control, que continuaría con su vida normal y sin variaciones en sus hábitos alimenticios normales.

- ¿Qué resultados encontraron?

Primero hay que aclarar que hubo un monitoreo médico permanente sobre todxs los voluntarixs que pusieron el cuerpo en este trabajo, y además se contó con un apoyo psicológico constante sobre cada grupo.

Claramente, el impacto negativo se lo llevó el grupo A. Ninguno de sus integrantes pudo concluir el período de consumir durante seis meses los alimentos que integran la canasta básica. Una de las voluntarias tuvo que abandonar a los tres meses porque había bajado de peso abruptamente y estaba a punto de ingresar en el bajo peso.

Otra de las participantes de este grupo, no sólo había disminuido su peso sino que además vio interrumpido su ciclo menstrual. Y Martín Maldonado, que fue el primer voluntario del grupo A, tuvo que desistir a los cuatro meses por prescripción médica debido a un aumento de sus triglicéridos. Todos ellos sufrieron un malestar emocional importante debido a las alteraciones producidas por la forma de alimentarse.

En contraposición, quienes consumieron los alimentos de las Guías Alimentarias para la Población Argentina, tuvieron un impacto positivo debido a una mejoría en su estado de salud físico y psicosocial.

Y el grupo C, lógicamente, no tuvo modificación alguna sobre su calidad de vida.

- ¿Qué vínculo encuentran entre los sectores sociales más vulnerados y sus hábitos alimentarios?

Bueno, allí se da lo que se conoce como la cultura de la alimentación. Claramente la canasta básica podría tener otros productos diferentes con el mismo costo que cuenta actualmente. Son 58 productos con mucho hidrato de carbono, arroz, harinas y alimentos ultraprocesados; y muy poca carne, queso, fruta o legumbres.

Ahora, también vemos que los estratos sociales más bajos consumen productos que forman parte de la canasta básica por el hecho de ser baratos. Por lo cual la alimentación es de bajo costo y de muy mala calidad. No hay primeras marcas, es lo que está más barato en la góndola.

- Entonces, podríamos establecer una relación entre los bajos ingresos y la mala alimentación.

Y sí. Hay una marcada obesidad en niñxs de familias con bajos ingresos, como consecuencia de una alimentación nutrida mayoritariamente con productos como el pan, los fideos o el arroz.

Además se junta una cuestión que no podemos desestimar, y es que para poder cocinar tenés que saber y contar con los elementos necesarios.

Si pensamos en esos grupos sociales más desprotegidos, vemos que hay muchos casos en los que no cuentan con gas natural, cocina u otros elementos para elaborar otro tipo de comida. Entonces, no es sólo una cuestión de dinero sino también de acceso.

- ¿Crees que los comedores populares y los merenderos, vuelven a tener la relevancia que tuvieron en los ´90 o en el contexto de la crisis del 2001?

Si, totalmente. Claramente las ONG´s y las organizaciones de base fueron fundamentales para momentos como los que marcas y vuelven a serlo en este contexto pandémico de crisis social y económica.

Pero así y todo, no deben ser lo único. Las políticas asistencialistas son un termómetro para estas situaciones sociales, donde el Estado tiene su rol destacado en el diseño y la implementación, pero también hay una parte que se vincula con la participación ciudadana que sólo sale a la calle cuando le tocan el bolsillo. Debemos hacernos una fuerte autocrítica como sociedad, si tenemos niveles de pobreza e indigencia como los que marcan la actualidad.

- A partir del trabajo de ustedes con el proyecto Czekalinski, ¿se produjo alguna modificación en los productos que conforman la canasta básica? ¿Hubo alguna repercusión en el Gobierno actual?

No. Aún se mantienen vigentes dentro de la canasta básica, los productos que fueron pensados en 1986.  Igualmente, a través de la escuela de nutrición de la Universidad Nacional de Córdoba, nos invitaron del Ministerio de Desarrollo actual a participar de algunas reuniones del Consejo del Hambre. Esto fue a principios del 2020, pero fue otra de las cosas que se frenaron por el coronavirus.

Mantengo la esperanza que cuando la pandemia llegue a su fin, se retome el interés por modificar la canasta básica alimentaria. Nosotros estamos dispuestos a seguir colaborando desde nuestro proyecto.

- ¿Qué es lo que te deja personalmente el proyecto Czekalinski?

Yo digo siempre que las personas que están en una situación de pobreza, no tienen la posibilidad de pensar en una vida mejor, porque nadie puede soñar con aquello que no conoce. Nosotros hacemos el proyecto Czekalinski porque nos duele cada una de esas personas.

No las vemos como un dato estadístico, las pensamos como seres humanos que no tienen otra alternativa que consumir los productos de la canasta básica  y le ponemos el cuerpo a esto, por algo que dijo Claudia Albrecht, una de las voluntarias de este experimento. A nosotros sí nos escuchan, sí nos ven, sí nos dan notas en los medios de comunicación.  De esta forma buscamos darle voz a un sector social que está vulnerado en su desarrollo como seres humanos.

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