Brasil filtró el contrato firmado con Pfizer y expuso las escandalosas exigencias del laboratorio - Política y Medios
04/08/2021 - Edición Nº4933

INFORMACIÓN CONFIDENCIAL

Brasil filtró el contrato firmado con Pfizer y expuso las escandalosas exigencias del laboratorio

Si bien rápidamente debieron dar de baja la publicación por acuerdo de confidencialidad, se alcanzaron a revelar algunos de los detalles.

Durante la semana pasada, el Ministerio de Salud brasileño publicó el contrato firmado para la adquisición de vacunas contra el Covid-19 con el laboratorio Pfizer en su página Web, incurriendo en una violación a la cláusula de confidencialidad, que protege esta información por un lapso de 10 años.

Rápidamente, el documento fue dado de baja por las autoridades, aunque para ese momento ya había sido subido por una plataforma virtual en la que se monitorea todo tipo de información en torno a aplicación, producción, distribución, negociaciones y contrataciones de vacunación.

Es así que, entre los primeros datos de los cuales se hicieron eco los medios, trascendió que el Estado brasileño debió hacer un pedido de compra irrevocable por 100.001.070 dosis cinco días después de rubricado el documento, según informó la Agencia Paco Urondo a instancias del periodista Santiago Gómez.

Se supo que el valor de cada dosis fue de US$10 y que el gigante sudamericano debió pagar por anticipado el 20% del contrato diez días después de firmado: unos US $200.002.140. El total a abonar acordado fue de US$1.000.010.700.

"Renuncia a inmunidad de soberanía". Uno de los ítems del contrato filtrado.

No obstante, otros detalles son mucho más escandalosos: por empezar, la firma establece que “en circunstancia alguna Pfizer estará sujeta o será responsable por cualquier penalidad por atraso en la entrega”. Sin embargo, obliga al país a pagar por cada lote entre 10 y 30 días antes de la entrega, que es estipulada con dos meses de anticipación aunque avisan que el plazo puede no cumplirse.

Entre otras cuestiones, el contrato -firmado en marzo de este año- contempla que el desarrollo aún no culminó con la fase 3 de estudios clínicos, cuestión que se da por hecha desde hace meses en todo el mundo. 

“Las partes reconocen que el producto concluyó la Fase 2b/3 de ensayos clínicos y que, a pesar de los esfuerzos de Pfizer en investigación, desarrollo y fabricación, el producto puede no ser bien sucedido en virtud de desafíos o fallas técnicas, clínicas”, indica el contrato.

Además, Pfizer deja en claro que no puede ser penalizada por incumplimientos en los plazos pautados (un problema constante en los últimos meses), además de que no se responsabiliza por posibles efectos adversos en los pacientes inoculados, recayendo esta atribución sobre el Estado.

La farmacéutica, que tiene entre sus principales accionistas el fondo de inversión BlackRock, también dispuso que cualquier conflicto de índole judicial deberá dirimirse en los tribunales de Nueva York y que en ese caso el Estado renuncia a la inmunidad soberana de todos sus organismos -incluido el Banco Central- ante una eventual sentencia condenatoria.

Semanas atrás, un informe de Wion News detalló algunas de las exigencias de Pfiezer para con Argentina.

Semejante filtración pareciera arrojar luz sobre los misteriosos motivos por los cuales las autoridades argentinas no lograron acordar con el laboratorio estadounidense, a pesar de haber confesado mantener reiterados contactos.

Si bien los acuerdos de confidencialidad no permiten divulgar en detalle los motivos, el ex Ministro de Salud, Ginés González García, mencionó en reiteradas ocasiones las “condiciones inaceptables” que pretendía imponer la firma, agregando que violaban la Constitución Nacional.

A fines de marzo, una columna de Wion News reveló algunas de las condiciones de la compañía para con nuestro país, entre las cuales se encontraba utilizar como garantía las reservas bancarias, bases militares y edificios de embajadas.

En definitiva, el patrón de negociación de Pfizer parece apuntar a capitalizar la urgencia sanitaria que atraviesan países emergentes para apuntar directamente contra su soberanía, actitud que no es de extrañar si recordamos, una vez más, que uno de sus principales accionistas es uno de los fondos de inversión más poderosos del mundo.

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