Segunda ola de COVID-19: la apuesta inicial por la responsabilidad civil ante un escaso margen para medidas duras - Política y Medios
12/04/2021 - Edici√≥n N¬ļ4819

PREVENCI√ďN O RESTRICCIONES

Segunda ola de COVID-19: la apuesta inicial por la responsabilidad civil ante un escaso margen para medidas duras

Mientras Brasil, Paraguay, Chile y Uruguay sufren la proliferación masiva del virus, en Argentina el incremento enciende las alarmas. La espalda política para restricciones es estrecha.

En el marco de un repunte sostenido de los contagios diarios de coronavirus en Argentina, las autoridades de la cartera sanitaria bonaerense vienen presionando para poner en agenda la vigencia de una nueva escalada masiva de contagios de Sars-CoV-2 en el país.

No es de extrañar que las advertencias más persistentes partan desde La Plata, siendo que la gestión de Axel Kicillof fue la más celosa de los riesgos epidemiológicos en la zona crítica de la pandemia durante el año pasado.

“Nuestra región atraviesa la segunda ola: Uruguay en su peor momento, Brasil con el colapso sanitario más grande su historia, Chile pasa a cuarentena estricta y Paraguay se quedó sin camas de terapia. Reforcemos los cuidados, la pandemia no pasó”, escribió en su perfil de Twitter el viceministro de Salud, Nicolás Kreplak, este jueves.

Horas antes, ya había publicado un gráfico que muestra la evolución de los contagios confirmados por millón de habitantes entre estos países entre marzo del año pasado y la actualidad.

Al respecto, evaluó: “El contexto regional nos muestra un aumento rápido y sostenido, que ya se empieza a ver en en nuestro país en relación a meses anteriores. Reforcemos los cuidados y respetemos todos los protocolos vigentes”.

Además, en declaraciones a Radio La Red y el canal A24, Kreplak soltó algunas definiciones que dan cuenta de que no se apostará ciegamente a la responsabilidad social: “Hay que reducir los viajes al exterior y cuidarse más, pero luego vendrán partes en que tendremos que reducir la circulación probablemente y volver a tener más cuidado”.

En esa línea, deseó que no tengan que ser “masivas y genéricas”, sino más bien “sectorizado”. Sin embargo, no es novedad que el área potencialmente más crítica de la provincia de Buenos Aires (AMBA) contiene la enorme mayoría de la población en una región geográfica más bien reducida, y revertir una tendencia al alza de contagios en semejante concentración demográfica se presenta, cuanto menos, como un escenario complejo.

Días atrás, el ministro de Salud bonaerense, Daniel Gollán, adelantó que, a pesar de que el incremento de contagios “no se siente todavía” en las Unidades de Terapia Intensiva (UTI), “el virus está circulando más y la preocupación está”.

En diálogo con CNN Radio, el funcionario destacó: “La diferencia estará en ver nuestra capacidad de cuidarnos mucho y de vacunar en este mes y medio lo más rápido posible, pero ya estamos en una segunda ola. Es un gran desafío”.

El gráfico publicado por Kreplak, que muestra la evolución de los contagios confirmados por millón de habitantes en Argentina, Chila, Brasil y Uruguay.
Fuente: Our World in data.

La idea central de las autoridades, por el momento, parece ser reforzar al máximo los cuidados y mecanismos de prevención en la ciudadanía. No obstante, a la vez se comienza a introducir la posibilidad de que se tomen medidas restrictivas si la tendencia no se revierte, o al menos se atenúa.

En esa línea declaró este miércoles la ministra nacional, Carla Vizzotti, que si bien descartó la posibilidad de un nuevo confinamiento, sí advirtió sobre la necesidad de tomar decisiones “lo antes posible” ante el agravamiento de la situación epidemiológica.

La ex secretaria de Acceso a la Salud se refirió puntualmente a “medidas geográficas mínimas, disminuyendo la circulación por franjas horarias”.

[Entre el fantasma de la “cuarentena eterna” y la necesidad de ajustar la prevención]

Queda claro que desde el Gobierno nacional buscan evitar a toda costa un confinamiento estricto. Razones, sobran: la extensa cuarentena del año pasado le costó fuertes cuestionamientos sociales y políticos, así como una profunda recesión económica, que profundizó la crisis.

A pesar de que se logró evitar el colapso del sistema sanitario a diferencia de muchos de los países de la región y del mundo, semejante parate dejó contra las cuerdas la producción, el comercio y hasta las labores más informales.

Sin embargo, la caída de la economía en esta coyuntura fue de un 9% aproximadamente, unos 3 puntos menos de lo previsto (12%). Paralelamente, en los últimos meses, el rebote de la economía argentina fue incluso superior al esperado, incrementando las expectativas de crecimiento económico durante el 2021 de un 4% a un 7%.

Si bien no se puede aseverar que el país salió ‘bien parado’ del lapso más crítico de la pandemia, sin dudas podría haber salido peor.

Pero estas auspiciosas proyecciones y expectativas se convierten en un escollo más a la hora de pensar en disponer restricciones a la ciudadanía. Si bien el presidente Alberto Fernández se encargó de dejar en claro con medidas y discursos que para el Gobierno “la prioridad es la salud de los argentinos”, nadie quiere ver la economía frenada nuevamente.

En este marco relativamente favorable de la evolución económica, el ministro de Economía se encuentra gestionando una refinanciación de la deuda contraída con el FMI.

Mientras tanto, al echar un vistazo en la región más inmediata, el panorama no es nada alentador. En Brasil, que aceptó estar atravesando la peor crisis sanitaria de su historia, los contagiados comienzan a morir por falta de espacios de terapia intensiva y los cajones se acumulan en los cementerios a la espera de que se haga un lugar donde enterrarlos, uno al lado del otro.

El país carioca superó este miércoles los 300 mil decesos tras confirmarse 1.999 en las 24 horas precedentes. Del total, unos 100 mil fallecieron en los últimos dos meses y medio. Allí, muchos gobernadores imponen restricciones a pesar de los cuestionamientos del presidente, Jair Bolsonaro, que al menos creó un comité para combatir la pandemia.

En ese marco, a pesar de que el ingreso de extranjeros al país no está permitido, las autoridades se encuentran trabajando en el inminente endurecimiento de los controles en las fronteras con el gigante sudamericano, ante la masiva presencia de argentinos y las irregularidades detectadas en los últimos meses en torno a la falsificación de testeos PCR.

La principal preocupación, además de ser el epicentro global de la pandemia, es que en Brasil se detectaron al menos dos nuevas cepas del virus: la de Manaos y la de Río de Janeiro, cuya contagiosidad y agresividad difiere del virus que circula masivamente en nuestro país.

En Santiago de Chile ya decretaron una cuarentena total ante el avance del Covid-19, a pesar del avanzado ritmo de vacunación, que ya alcanza al 25% de la población. Uruguay, el país al que más tarde llegó la crisis epidemiológica, cerró escuelas y oficinas públicas recientemente ante el incremento.

El contexto geográfico y la situación interna sugieren a las claras que la segunda ola de Covid-19 en Argentina ya está en marcha. El gran desafío del Gobierno nacional, así como los provinciales y municipales, será lograr enviar un mensaje contundente a la sociedad.

Imágenes del colapso en Brasil.

Nadie desea un retorno de las restricciones, una nueva reducción de la actividad, retracción económica y paralización laboral. Sin embargo, la evidencia marca que en los países que decidieron ‘seguir adelante’ con la producción e intercambio, la economía cayó tanto o más que en los que confinaron por lapsos.

Cierto es que en pocos países la cuarentena fue tan extensa, pero también es cierto que sería una irresponsabilidad de dimensiones no restringir la circulación social sólo porque durante el año pasado las medidas se extendieron más tiempo o en más rubros de lo debido.

El mensaje a la ciudadanía debe seguir recalcando la idea de que, en algún punto, la prevención de los contagios -y por ende de las posibles restricciones- está en manos de cada uno y cada una. En las medidas de prevención rutinarias y en la prudencia en torno al tipo de encuentros sociales, fundamentalmente.

Aún así, si la situación no cambia, el mundo entero ha vuelto a confinar a las poblaciones, y en muchos países, como Francia o España, en numerosas ocasiones. Aunque las autoridades nacionales no tienen un gran margen para decisiones duras, no es inverosímil un nuevo confinamiento en el caso de un escenario crítico.

La posibilidad de evitarlo está en manos de quienes luego enunciarán las críticas más desbocadas -habitualmente, protagonistas necesarios de la diseminación masiva del virus-.

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