Mar del Plata: el hambre no se toma vacaciones - Política y Medios
10/04/2021 - Edición Nº4817

LA FELIZ, EN CRISIS

Mar del Plata: el hambre no se toma vacaciones

Nada alcanza para paliar la situación en que se encuentran quienes perdieron su trabajo por alguna de las dos pandemias que sufrió la Argentina: el macrismo y el COVID-19. Con comercios que cierran y cada vez más pobreza, la Mar del Plata de Montenegro es cada día un poco menos feliz.

Por: Miguel Di Spalatro

 

Con su industria pesquera y textil casi paralizada, una temporada sin turismo popular, y un gobierno municipal que se desentiende de los pobres, Mar del Plata sigue encabezando los índices de pobreza.

Nada alcanza para paliar la situación en que se encuentran quienes perdieron su trabajo por alguna de las dos pandemias que sufrió la Argentina: el macrismo y el COVID-19.

En los años PRO, el INDEC reportó -para el segundo semestre del 2019- un 25% de pobreza y un 6.6 de indigencia. Con la pandemia y las restricciones que se tomaron para preservar la salud, impidiendo diversas actividades económicas, los índices se elevaron al 38.9 y 12% para el primer semestre del año pasado.

La Nación y la Provincia aportan los recursos para el funcionamiento de los 735 merenderos y 375 comedores que, distribuidos en distintos barrios de la ciudad, permiten acceder cada día a una taza de leche o un plato de comida caliente a miles de marplatenses que se encuentran en situación de pobreza.

El esfuerzo de los gobiernos de Alberto Fernández y Axel Kicillof por contener el hambre en “La Feliz” es acompañado por la iniciativa de organizaciones de la sociedad civil y vecinos solidarios que organizan ollas populares para cubrir la demanda de los fines de semana.

Este paisaje no se muestra en las postales del balneario más importante del país. Carece de la necesaria contención del gobierno municipal de Cambiemos.

Guillermo Montenegro, que siempre vivió en el coqueto barrio La Perla en el centro de la ciudad, consideró exorbitante destinar entre el seis y el nueve por ciento del presupuesto municipal a la contención de la pobreza como lo venían haciendo sus antecesores y redujo la partida a solamente el dos por ciento.

La insensibilidad del jefe comunal no termina ahí. En pleno aislamiento recortó la ya escasa distribución de alimentos a los barrios más vulnerables. Entonces los Comités Barriales de Emergencia se movilizaron sorprendiendo a los turistas que disfrutaban del sol de enero.

De la Mar del Plata profunda emergieron los movimientos sociales que realizaron un plenario de delegadxs en la cara de Montenegro. En las puertas del Palacio municipal, comenzó una serie de movilizaciones bajo la consigna “el hambre no se toma vacaciones”.

El CBE elabora más de 45 mil viandas semanales durante todo el año. La municipalidad proveía solo los alimentos frescos para la preparación de las comidas, pero al finalizar el 2020 decidió unilateralmente el corte total del aporte alimentario.

Tras varias reuniones y ante la presencia en las calles de las organizaciones sociales en plena temporada, el secretario de gobierno, Santiago Bonifatti, negoció darles la mitad de lo que entregaba antes.

Esto sucedió en paralelo con la estrepitosa caída de trabajadores informales (y no tanto) bajo la línea de pobreza. Los pequeños emprendimientos de los balnearios no podían pagar, en el mes más turístico del año, el canon de playa.

Esta temporada faltó el turismo popular, que es el motor de la economía veraniega. La mayoría de los hoteles sindicales aún permanecen cerrados. La falta de familias trabajadoras, que son las que consumen en hamburgueserías y pancherías al paso y compran a los vendedores ambulantes, hizo caer las ventas al diez por ciento.

Los números que maneja la asociación que los agrupa no son alentadores para el resto del año. “En Mar del Plata vivimos del turismo gremial, que extiende la temporada”, le dijo a PolíticasYMedios un trabajador del sector.

Otra decisión del Intendente Montenegro que afecta a los barrios populares es el abandono que evidencian las salas de atención primaria de la salud. En el partido de General Pueyrredón hay 32 CAPS.

El invierno pasado -cuando más casos se registraban de COVID-19- la secretaria de Salud Municipal, Alicia Bernabei, recortó las guardias de 24 horas y las pediátricas de algunos de los centros de salud barriales.

Para no pagar horas extras dejó sin médicos durante los fines de semana a una buena parte de la población infantil de los barrios más vulnerables. Para la filial local de la Asociación Sindical de Profesionales de la Salud (CICOP), “se vulneró el derecho a la salud para reducir gastos a costas del pueblo”.

El abandono de los CAPS impacta en los dos hospitales provinciales con que cuenta la ciudad: el Hospital Interzonal de Agudos “Oscar Alende” y el Materno Infantil “Victorio Tetamanti”. Parte del aumento de la demanda podría ser absorbida por Atención Primaria de la Salud si la Municipalidad volcara los recursos necesarios.

La puesta en escena del Gobierno Municipal de Cambiemos, en una de las ciudades más importantes de la provincia, se complementa con vistosos operativos de la policía local en el centro y las playas, mientras los vecinos de los barrios se quejan por la falta de efectivos policiales.

En febrero, habitantes de los barrios “El Martillo” y “Fortunato de la Plaza” juntaron firmas y se movilizaron ante una ola de robos de más de seis meses. Ante la falta de presencia del estado siempre sobrevuela el fantasma de la “justicia por mano propia”, que tiene malos antecedentes en General Pueyrredón.

Con un verano que “no salvó a nadie”, un gobierno municipal que no empatiza con los sectores populares y gobierna para el centro y los barrios acomodados, con comercios que cierran y cada vez más pobreza, la Mar del Plata de Montenegro es cada día un poco menos feliz.

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