Francisco, en Irak: el signo de los tiempos - Política y Medios
10/04/2021 - Edición Nº4817

ANÁLISIS

Francisco, en Irak: el signo de los tiempos

Esta visita del papa Francisco a la tierra bíblica de Abraham es uno de los actos simbólicos –y políticos- más importantes de su pontificado. Pero lo que le otorga una relevancia aún más impactante, es lo que implica esa región hoy en día, con quienes dialogó, y en la coyuntura que lo hace. 

Por: Fabián Lavallen - Director de Ciencia Política y Relaciones Internacionales (UAI-Rosario). Licenciado en Historia y Licenciado en Relaciones Internacionales. Doctor en Ciencia Política (USAL)
 

Como sabemos, en los márgenes occidentales del continente asiático, desde el golfo Pérsico hacia el oeste, fluyen los dos grandes ríos Tigris y Eúfrates, legendarios por su historia y su trascendencia cultural y política. Estos canales de agua han permitido desde hace milenios que las zonas circundantes tengan una atípica fertilidad para esa región, con tierras de climas permeables para la agricultura y la vida humana, con alternancia de temporadas lluviosas y secas, en claro contraste con los desiertos circundantes, de climas duros y poco aptos para la existencia. La franja de tierras benevolentes que circundan estos  ríos cerca del Golfo, se extiende luego hacia el noroeste, acercándose a lo que hoy sería Turquía y el norte de Siria, y luego, continuando por los márgenes del Mediterráneo hacia el Sur, abarcando lo que hoy sería el Líbano, Palestina, Israel, Jordania, y finalmente, culminando antes de llegar a la zona septentrional de la seca y despoblada península del Sinaí.

Como ese derrotero que describimos sintéticamente se asemeja en su forma a una medialuna, en el siglo XIX el historiador norteamericano James Henry Breasted, le dio el nombre de “medialuna fértil”, observando que todo el Cercano Oriente (como debe llamarse a esta zona, y no Medio Oriente como suele hacerse) era parte central de las raíces culturales de Europa. La fertilidad de la que hablamos fue la que permitió que entre la Mesopotamia (la zona de “entre los ríos”) y el valle del Nilo, surgieran las primeras  civilizaciones, ya que este ambiente permitió la práctica de la agricultura, la domesticación de animales, e incluso donde pudo surgir la escritura, separando para siempre la pre-historia del hombre, de la historia documentada. Allí surgieron también las primeras ciudades, y donde varias de éstas con el tiempo, se unieron en administraciones más amplias gobernadas por una sola autoridad general, dando paso a los primeros reinos e imperios que se conocen.

Pero es en la ciudad sumeria de Ur, la famosa “Ur de los caldeos”, a casi doscientos kilómetros al sur de Bagdad, donde Francisco, el primer Sumo Pontífice de Roma que visita la zona en más de dos mil años de historia, acaba de realizar una ceremonia inolvidable e histórica, convocando a “remar juntos” a los representantes musulmanes, en un pedido inter-religioso sin precedentes, pero consecuente con el trabajo que viene haciendo en todo su pontificado con el judaísmo y el islam. El Papa lo hizo a pasos de las ruinas de la casa del Patriarca Abraham, ancestro común de las tres religiones monoteístas, quien atravesando toda la media luna fértil citada, hasta llegar a Canaán, unos dos mil años antes de Cristo, hizo la gran alianza con Dios, como se relata en los capítulos 12 a 15 del Libro del Génesis del Antiguo Testamento, dando inicio al proceso salvífico del hombre.

Sólo por este contexto, la visita del papa Francisco a esta tierra bíblica es uno de los actos simbólicos –y políticos- más importantes de su pontificado. Pero lo que le otorga una relevancia aún más impactante, es lo que implica esa zona hoy en día, con quienes dialogó, y en la coyuntura que lo hace. 

En continuidad con su búsqueda de acercamiento fraterno con el Islam, para Francisco, Irak no sólo es un país musulmán con el cual dialogar y buscar acercamientos, sino que también, como se ha detallado en muchas notas e informes recientes, es un país de mayoría shiíta, la tradición minoritaria del Islam, que ha estado casi siempre hegemonizada por gobiernos (califatos, reinos, imperios, repúblicas, etc) de la tradición sunita, siendo los primeros en muchísimos casos, perseguidos y martirizados.

Recordemos que el grupo yihadista de ISIS, de clara tradición sunita al igual que Al Qaeda, comenzó asesinando atrozmente a shiítas de esas tierras, dando cuenta que detrás de otras máscaras grandilocuentes, uno de los grandes ejes de la política de Abu Bakr al-Baghdadi (el autoproclamado “Califa” de ISIS) era el genocidio y destrucción de la Shia.

Pero eso no es todo, Irak es además la “cuna” misma del shiísmo, donde está la ciudad Santa de Najaf, también visitada por Francisco en este viaje, una de las grandes ciudades sagradas del Islam, donde se encuentra la tumba del gran Iman Hazrat Alí Ibn Abu Talib, profeta y líder máximo de dicha tradición, martirizado en el siglo VII d.C., así como los subsiguientes imanes que lo sucedieron, incluyendo a sus propios hijos, Hassan y Hussein, en la famosa tragedia de Karbala.

Es en aquella ciudad santa, Najaf, donde el Papa se reunió con la cabeza máxima del shiismo irakí, el Ayatollah Al Sistani, coronando un viaje mítico, espiritual, pero también geopolítico, hilvanando un paso más en la tarea de consolidar una Pax Universal con el Islam en todas sus vertientes, tarea que tuvo sus primeros eslabones en el Cairo y Abu Dhabi, donde ya se reuniera con la cabeza máxima del islamismo sunita.

Es de destacar también, que Francisco es el primer papa en estrechar lazos de una manera tan directa con el Islam shiíta, como nunca antes se había hecho, sobre todo al visitar ese lugar de peregrinaje y devoción que abarca también a la República Islámica de Irán, y todas las “islas” de población shiíta diseminadas por el Oriente Próximo. Es un reconocimiento a ellos, a su tradición, a su trascendencia histórica, luego de décadas, siglos, de persecución y resistencia. Es un quiebre sin precedentes en la tradición vaticana de dialogar siempre con representantes de la mayoria sunita, evitando este tipo de reconocimiento y señales.

Estos signos se dan en medio de una suerte de “Guerra Fría” entre la República Islámica de Irán y Arabia Saudita, disputándose áreas de influencia en la península arábiga, alimentado la sangrienta Guerra Civil en Yemen. Una guerra fría que se extiende ya por varios años, y que tiene como teatro de operaciones un territorio cada día más basto. Para dar cuenta de lo que implica esta guerra, podemos citar que el Reino de Arabia Saudita creo desde el año 2015 una especie de OTAN propia, conjuntamente con los Emiratos Árabes, violando todo tipo de normas internacionales consagradas desde las Naciones Unidas, para contener y sofocar la expansión de la Revolución Islámica de Irán. El contexto del viaje, por lo tanto, es más riesgoso que lo que pudo haber sido cuando se planificó durante el liderazgo de Juan pablo II, cuando no existía ISIS, no la guerra civil en Yemen.     

Esta misión de Francisco, convergente con lo propuesto por él en varios documentos pontificios, es parte de la interpretación de “los signos de los tiempos” que tanto predica, donde la Fe debe constituir un resguardo espiritual ante el avance de la deificación del mercado, el dinero, la exhibición, lo visual y tangible, del desenfreno que no deja lugar para lo profundo e intangible, para la introspección y protección de la familia que impulsan las tres religiones citadas.

Ante la cultura del descarte, Francisco propone las sagradas escrituras. Es la unidad de las “gentes del libro”, como los musulmanes llaman a sus hermanos judíos y cristianos que constituyen su entramado espiritual a partir de la tradición de los libros sagrados. Y lo plantea en la tierra caotizada por la codiciada del petróleo, alimento central del mundo industrial y desarrollado. La tierra disputada por los primeros y los últimos imperios.  

En un extraordinario y sobrecogedor escenario que le prepararon en medio del desierto, dijo el papa argentino: “Depende de nosotros, humanidad de hoy, y sobre todo de nosotros, creyentes de cada religión, transformar los instrumentos de odio en instrumentos de paz”, a lo que agrego, que “Nos corresponde a nosotros tener la valentía de levantar los ojos y mirar a las estrellas, las estrellas que vio nuestro padre Abraham, las estrellas de la promesa. El camino de Abraham fue una bendición de paz. Sin embargo, no fue fácil, tuvo que afrontar luchas e imprevistos

La trascendencia de este viaje, tanto en el marco del proyecto de Francisco que citábamos, como en la coyuntura regional y global, es absolutamente trascendente. Como así desde la tradición simbólica y bíblica.

Por supuesto que la visita también tiene que ver con la necesidad de apoyar y sostener a la Iglesia Católica local, una de las más antiguas del mundo, que hacia los últimos años del gobierno de Saddam Hussein tenía una población de más de un millón y medio de fieles, y hoy, por la guerra y el terrorismo, no supera las 300.000 personas.

Es verdad que es también un viaje ya planificado por San Juan Pablo II, que el tirano de Bagdad impidiera en su momento. Pero hoy es la tierra que dominó recientemente con extrema violencia el mal llamado “Estado Islámico”, el violento grupo de mercenarios que bajo el nombre de ISIS aún opera en la zona, la zona también ferozmente bombardeada por los Estados Unidos (dos veces) en contra del gobierno de Saddam, en un record de destrucción y muertes civiles sin precedentes. En estas dos últimas invasiones norteamericanas, además de la dramática muerte de civiles, ruinas, monumentos, piezas arqueológicas y yacimientos que habían resistido milenios de inclemencias, guerras e invasiones, se vieron finalmente destruidas con la ocupación reciente.

Es por eso la tierra de los mártires históricos, de los genocidios inusitados de  ISIS, de la ocupación occidental sostenida, de las masacres y violaciones endémicas. Es hoy el país aliado de Irán, en tierras hermanadas ancestralmente. Es la tierra que implica en estos años un nuevo nodo de conflicto internacional de una escala cada dia mayor, que proyecta a extenderse por mucho más tiempo y con consecuencias imprevisibles.

Allí mismo, en ese país que suele ser blanco de los bombarderos, pero también cobijo de la trascendencia, es donde Francisco decidió viajar, y pasar varios días llevando su mensaje de hermanamiento y de Fe.

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