El desempleo juvenil: un problema del presente que afecta el futuro - Política y Medios
17/01/2022 - Edición Nº5099

INFORME

El desempleo juvenil: un problema del presente que afecta el futuro

En Latinoamérica, la crisis provocada por el COVID-19 dio lugar a que millones de personas pusieran en juego sus puestos de trabajo. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) estima que la región sufrió una pérdida de más de 17 millones de empleos y destacando que el segmento social más joven (16 a 30 años) fue el que resultó más afectado.

Por: Esteban Pastoriza (Técnico Universitario en Comunicación Social -Licenciado en Ciencia Política).

 

Desde la llegada del coronavirus hemos escuchado, visto y leído diversos trabajos de investigación que analizan el impacto de la pandemia sobre muchas problemáticas sociales preexistentes, pero que fueron profundizadas con su avance. Así, cuestiones como la pobreza, la inestabilidad laboral, condiciones habitacionales marginales o carencia al acceso a la salud, fueron algunas temáticas que funcionaron como el testeo empírico y nocivo que demostraba la nueva normalidad en el mundo entero.

Ahora bien, es importante puntualizar sobre lo que sucede con el incremento del desempleo; donde se ponen de manifiesto algunas particularidades que deben ser tenidas en cuenta por los gobiernos de todos los países que lo hayan incorporado en su agenda de corto plazo.

En el caso de Latinoamérica, la crisis provocada por el COVID-19 dio lugar a que millones de personas pusieran en juego sus puestos de trabajo y por ende sus principales ingresos, como consecuencia de la abrupta caída de la actividad económica. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) estima que la región sufrió una pérdida de más de 17 millones de empleos y destacando que el segmento social más joven (16 a 30 años) fue el que resultó más afectado.

Los datos que surgen del observatorio laboral del BID, demuestran que la brecha de acceso al empleo entre los grupos poblacionales categorizados como “jóvenes y adultos” lejos de reducirse, se ha expandido notablemente durante el 2020. La tasa de desempleo juvenil es tres veces mayor a la de los adultos, la informalidad es 1,5 veces más alta y el porcentaje de inactividad es sumamente elevado; pues el 21% de los jóvenes se encuadran dentro del esquema “Ni-Ni”: ni estudian ni trabajan.

Por otro lado, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) pone el énfasis en una fuerte contracción económica que logró superar el 8% y que ha provocado el aumento de al menos 5 puntos porcentuales en la tasa de desocupación regional, dando lugar a una cantidad total de desempleados que asciende a 41 millones de personas.

El informe de la OIT, destaca que la relación entre la pandemia y la realidad económica, tiene su correlato más directo en el incremento del desempleo juvenil; ya que a nivel mundial, cuatro de cada 10 jóvenes se desempeñaban antes de la llegada del coronavirus, en los sectores que han resultado fuertemente afectados, como las actividades de servicios y el comercio.

La informalidad es otro de los factores que caracterizan al mundo laboral en Latinoamérica y que ha golpeado fuertemente los ingresos del 60% de los jóvenes trabajadores que se desempeñan en esas condiciones. La prolongación de este escenario, generaría un aumento abrupto de la pobreza y una disminución en las tasas de participación laboral, que podría incrementar la inactividad de aquellos que no perciben un horizonte accesible al trabajo o al estudio.

[El caso argentino]

En nuestro país la articulación entre la población y la actividad laboral, no difiere mucho de lo que ocurre en América Latina.

Según el informe publicado por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), en el tercer trimestre de 2020, la tasa de actividad (TA) que mide la población económicamente activa (PEA) sobre el total de los habitantes, llegó al 42,3% y con una tasa de empleo (TE) que alcanzó el 37,4%. Si bien la TE subió 4% con respecto al trimestre anterior, terminó mostrando una caída de 5 puntos porcentuales en la comparación interanual.

Sin embargo, el dato más destacado del trabajo de investigación realizado por el INDEC está centrado en la tasa de desocupación (TD) de 11,7% con el que cerró el año 2020.

Pues, al hacer un análisis de la TD por diferencia de sexo, se observa que para los varones el desempleo significó llegar al 10,6%, mientras que para las mujeres el valor ascendió al 13,1%. Ahora bien, en la caracterización de los grupos por edad, encontramos nuevamente que el segmento más joven de la población es el que se vio más afectado; destacando una tasa de desocupación del 23,1% para las mujeres de 14 a 29 años y de 19,8% para los varones del mismo rango etario.

 

 

[CABA: El distrito con presupuesto europeo y problemáticas latinoamericanas]

La Ciudad Autónoma de Buenos Aires, es el distrito argentino que cuenta con el mayor presupuesto del país (480 mil millones de pesos en 2020) en función a la cantidad de habitantes que lo integran (2,9 millones de personas). Esta ecuación fue la que llevó a muchos analistas a delimitar una relación directa con las principales ciudades europeas.

Sin embargo, algunos indicadores socioeconómicos dan cuenta que las problemáticas que caracterizan al resto del país y a América Latina, también están presentes en CABA.

La tasa de desocupación durante el tercer trimestre de 2020, que alcanzó el 13,4%, puso de manifiesto la decisión de más 208.000 personas de salir a buscar trabajo, pero no encontrarlo. Esta cifra fue la más alta desde el 2015 y representa una suba de 2,9% frente al mismo período de 2019.

En este sentido, la población joven encuentra grandes dificultades para lograr su inserción laboral dentro de la Capital Federal; pues del total de desocupados, el 39,4% está enmarcado por jóvenes de entre 18 y 29 años.

La tasa de empleo para este grupo social se ubicó en 51,1% para el año 2020, demostrando un descenso interanual de casi 14 puntos porcentuales; pero que a su vez duplica a lo ocurrido con el total de la población de CABA, donde se presentó una pérdida de 7,6% durante el mismo periodo.

Por otro lado, los jóvenes que se encuentran dentro de la población económicamente activa de este territorio  (que tienen ocupación o sin tenerla, la buscan activamente y están disponibles para trabajar) han alcanzado la cifra de 315.000 personas. Sin embargo, de las 238.000 personas que tienen trabajo, la mayoría se encuentra bajo relación de dependencia (200.000 personas), pero casi 3 de cada 10 jóvenes asalariados están en situación de precariedad laboral.

[La marca del desempleo juvenil]

Los resultados que sobresalen del informe publicado al inicio de este año, por el observatorio laboral del BID, sostienen que las limitaciones que encuentran los jóvenes al mercado de trabajo exceden lo material y lo económico; pues los efectos colaterales de esta problemática también están socavando el bienestar emocional de este grupo social.

Está claro que las consecuencias más observables del desempleo juvenil, se perciben en la reducción del ingreso y en las dificultades para acceder a la satisfacción de los servicios básicos. Los datos nos demuestran que al inicio de la pandemia, 2 de cada 5 jóvenes a nivel global presentaron una reducción en su poder de consumo y más del 20% sufrió un impacto negativo sobre las condiciones de vivienda, ya sea por la imposibilidad de pagar el alquiler o los créditos hipotecarios asumidos anteriormente.

Ahora bien, es interesante profundizar un poco más sobre el impacto que genera la categorización de “desempleado/a” en el desarrollo humano del segmento poblacional más joven.

Allí se observa que aquellos jóvenes que dejaron de trabajar o estudiar durante la pandemia presentaron el doble de probabilidades de padecer ansiedad o depresión, que los que siguieron con su actividad laboral normalmente. Esta situación podría generar un  aumento sobre las llamadas “conductas de riesgo” que se perciben en el incremento de consumo de drogas, alcohol o tabaco.

El análisis que emerge del trabajo de investigación realizado por el BID, asegura que de mantenerse esta situación en el corto y mediano plazo, podrían generarse algunas secuelas conocidas como el “efecto cicatriz”. Esta conceptualización de la problemática del desempleo juvenil, plantea que los principales resultados negativos van a estar direccionados sobre las restricciones en el acceso laboral, la calidad del trabajo y los ingresos; pero además la alteración se extendería al ámbito de la salud mental, emocional y física.

La preocupación por el desempleo juvenil viene asomando desde hace décadas y el contexto pandémico ha profundizado los desafíos asociados a la inserción laboral productiva de este segmento poblacional. Pese a la incipiente recuperación económica, los principales riesgos que  surgen en el corto plazo, condicionan la calidad del empleo y aumenta la probabilidad de que el trabajo informal se presente como la primera opción de los jóvenes para generar sus ingresos.

El llamado es hacia los diferentes Gobiernos de aquellos países que muestran índices alarmantes sobre dicha problemática. La necesidad está en generar políticas públicas en el presente para buscar mitigar los efectos de nocivos de un futuro que se muestra complejo por la falta de inclusión de una generación sumergida en el desempleo.

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