Una mirada sobre la protocolización política - Política y Medios
25/06/2021 - Edición Nº4893

ANÁLISIS

Una mirada sobre la protocolización política

Dentro del protocolo se contrae y segmenta el potencial individual a los fines y patrones de cada burbuja bajo sus antagonismos y culturas microscópicas. Hay una exigencia de mantenimiento constante de la apariencia en cada grupo y etiqueta de alta sensibilidad moral. No es extraño que esta forma de asumir la actividad política tenga lealtades pasajeras y divisiones constantes.

Por: Andrés Zanette - Politólogo-  Grupo San Juan

 

En “La Grieta Desnuda” Pablo Touzon y Martín Rodríguez realizan una detallada recopilación analítica de acontecimientos bisagra de la época del macrismo y la grieta, fenómenos y ordenamientos que no se originan simplemente en los períodos presidenciales y las disputas producidas: hacen a un período histórico y tienen raíces instaladas en los cambios del mundo y la Argentina contemporánea. Yendo más allá de la verdad de las grietas históricas y el pacifismo infantil de imaginar a la política desprovista de confrontaciones, se encuentra la especificidad de la grieta reciente como un artefacto de confrontación simbólica que se instala en la sociedad, el Estado y el gobierno, ante una realidad empírica de deterioro crónico de la calidad de vida y desacople de las capacidades materiales e ideales del poder nacional: una gobernabilidad basada en patrones discursivos y dispositivos culturales de polarización. La novedad introducida por el macrismo establece un intento de conciliar la persuasión de que “no se puede” con una política de baja denominación basada en necesidades fugaces y la construcción de enemigos internos. A casi dos años de la publicación, se puede decir que esta resignación de transformar fundamentalmente al país (y el mundo) tiene posibilidades de llevarse adelante por acción explícita u omisión expresando la voluntad de cambiar el paradigma de la crisis y el descenso sin piso ni rebote solamente en lo simbólico.

Al menos el libro tiene un registro de que esto no solamente es un suceso argentino, sino que tiene raíces en los problemas políticos del mundo contemporáneo: la fetichización exacerbada de las campañas y la táctica comunicativa, la política del algoritmo y la opinión pública, la precarización laboral como estructura social, etc. ¿Cuál es la actitud política que se genera en la crisis eterna? En el país se ha pasado por la política partidista, el desinterés y negación de la política (hasta “que se vayan todos”), la transversalidad, la grieta. Claramente el escenario actual está altamente politizado. Las reivindicaciones y necesidades desbordan la agenda: impuestos, libertad económica, extranjerización económica, pobreza, derechos humanos, colonialismo cultural, rosca, corrupción, ambiente, concentración de la riqueza, concentración urbana, género, marxismo cultural, neofascismo, federalismo, religión, un submarino nuclear de EEUU en el Atlántico Sur, etc. Sería un trabajo demasiado extenso elaborar una enciclopedia de tópicos álgidos de la vida pública nacional. Si lo político conlleva la existencia del conflicto, antes de abordar cada área y todo lo que hay por hacer, conviene hacer una cartografía general para identificar los patrones comunes, tendencias de la elaboración de fronteras y movimientos generales. Y la grieta contemporánea se desplaza de un lado a otro con alta volatilidad, multiplicando las fronteras internas. Descomponemos esta metáfora: la vida y movimientos de la grieta no significa a priori que ella tiene un cerebro consciente. Se produce desde los actos de cada sector. Y en la poco orgánica política argentina todos quieren cambiar el todo desde su propia idea, necesidad o práctica particular. Así el problema común no es la existencia de demandas, debate y propuestas, es la falta de una unidad espacial y una concepción trascendente viable. La existencia política en burbujas flotantes y frágiles.

Ahora bien, ¿existe una tendencia común en esta hipersegmentación? Cada burbuja sostiene una subjetividad que la divide del resto. Los movimientos algorítmicos dinamizan la reproducción aparentemente infinita de contenidos para cada burbuja que estamenta su simbología y sentido particular que la confronta con otras. Lo curioso es la pobre traducción en la realidad empírica material: los pueblos se siguen vaciando, baja el nivel de vida, la violencia de género sigue produciendo femicidios, los emprendimientos son cada día menos rentables, y los incendios continúan arrasando con la tierra. Esto no quita el hecho de que hayan ocurrido avances significativos en los últimos 35 años en diversas cuestiones. Es que sigue sobrevolando la certeza de que siempre se puede empeorar, siempre se puede retroceder. Si en la burbuja nunca llega la intervención en la realidad efectiva no queda nada más que el protocolo simbólico como práctica y criterio de separación de fuerzas. La política como salones llenos de decoraciones y reverencias, sin una mesa redonda.

La protocolización política es la prima lejana del romanticismo político. En la primera posguerra. Schimtt desarrolló el concepto como crítica a las lecturas políticas híper subjetivas orientadas más hacia la autorrealización que a la puesta en discusión de los grandes problemas públicos de la época, en un contexto de fuerte polarización y violencia emergente en la República de Weimar. Ya que la historia no se repite y el futuro inmediato de Weimar lleva a tocar madera, el romanticismo político no es lo mismo que la protocolización, a pesar de que ambos lleven a la hipersubjetividad y la alienación. La cosmovisión romántica tiene un componente de exaltación del Yo, es un paradigma que establece una disciplina de autoconocimiento y voluntad activa. Dentro del protocolo se contrae y segmenta el potencial individual a los fines y patrones de cada burbuja bajo sus antagonismos y culturas microscópicas. Hay una exigencia de mantenimiento constante de la apariencia en cada grupo y etiqueta de alta sensibilidad moral. Una corte real pequeña dónde nobles de feudos pequeños se vinculan con adulaciones, comentarios mundanos y críticas al feudo de al lado por los colores de su escudo de armas, donde ocurre exactamente lo mismo. No es extraño que esta forma de asumir la actividad política tenga lealtades pasajeras y divisiones constantes.

¿Alguien se beneficia de la grieta y la protocolización? Si se quiere obtener una respuesta conviene primero identificar cómo convive con la dinámica del poder. Maquiavelo decía que los estados centralizados como Turquía eran más difíciles de conquistar, luchando contra la fuerza todo un imperio, pero una vez ganada la guerra eran fáciles de mantener; mientras que los estados descentralizados como Francia eran más fáciles de conquistar, comprando o derrotando por separado a los jefes locales, pero una vez conquistada era más difícil de mantener por los diferentes tratos de cada señorío. ¿Argentina es Francia o Turquía? Si nos limitamos a observar la distribución de fuerzas, sectores, organizaciones, bandas, partidos y coaliciones, Francia es la respuesta. Ganar las elecciones es fácil, lo difícil es gobernar. No obstante, es bien sabido que subir las retenciones, regular los alquileres o establecer cualquier tipo de regulación sobre los terratenientes de la pampa húmeda implica una batalla ardua, pero de alta retribución económica para quien se beneficie de los efectos distributivos. Terminar con la violencia de género lleva a establecer cuestionamientos polémicos en la sociedad, pero una vez interiorizados los principios se realiza una convivencia comunitaria más digna. El desarrollo de la soberanía energética necesita años de trabajo sofisticado y actividad política pero ya con las instalaciones sólidas se puede asegurar el abastecimiento a largo plazo. Revertir la concentración demográfica, política y económica será un proyecto de alta complejidad con una inversión masiva de recursos y fortalecimientos institucionales, pero una vez logrado puede garantizar una mejor calidad de vida, el desarrollo por fuera de los clásicos centros urbanos, perfeccionamiento del federalismo, mejores estructuras de defensa, y equilibrio con el ambiente. La lucha para recuperar los Territorios Insulares colonizados por el Reino Unido lleva más de un siglo y medio, pero una vez recuperadas nos habremos realizado en nuestro espacio nacional y asegurado nuestros intereses estratégicos. La política que manda la grieta y el protocolo nos pone en el lugar de los franceses pero en distintas áreas de la política nacional igualmente existentes parecen encontrarse estructuras de ingeniería turca, los lugares a los que es más difícil de acceder pero poseen las palancas para consolidar el poder.

Entonces no es difícil identificar quiénes se benefician o encuentran protección dada la división en las burbujas de la política protocolizada. Es fácil decir que las estructuras turcas, llámese el statu quo del poder real, son el gran ganador de esta disposición de las fuerzas políticas. Los grandes terratenientes bonaerenses, el capital corrupto que con complicidad de poderes políticos priva al Pueblo de los beneficios de la actividad económica, la violencia mediada a propia discreción sin vigencia real de la ley o Estado de Derecho, en muchos casos desde las mismas agencias estatales, una nación cada vez más desigual y desintegrada. Y es sencillo hacer estos reconocimientos, pero no tanto reconocer que también contribuimos a aquello reduciendo la actividad política a la simbología atomizada bloqueando nuestros potenciales reales. Perón advierte que. cuando los valores humanos pasan a guiarse por lo sensorial se cae en una infantilización que encuadra a la gente en valores triviales y apariencias, símbolos desvinculados de una referencia persistente. Así, la volatilidad de los valores políticos deja a la humanidad en una insatisfacción que no conduce a un destino sólido. Es la dominación que deja de ser legítima por omisión, porque simplemente es irrelevante excepto en su discurso. Una dominación que puede ser más o menos conveniente para el conjunto en sus acciones; lo cierto es que cuando falla es muy difícil reconocer las causas.

Encontrarse en una burbuja no anula, por suerte, nuestras necesidades y nuestra militancia. Romper los protocolos pasa a ser entonces no una rebeldía sin causa o una estrategia de opinión pública. Es una necesidad histórica de romper la subjetividad de la burbuja (el protocolo) y confrontarla con el espacio nacional. Más que en las distintas necesidades y demandas, el problema reside en su atomización, en la pérdida de la perspectiva nacionalista para la fabricación de fuerzas políticas parciales. Una vez roto el techo simbólico se cae en una multiplicidad de límites pero también en una perspectiva de cuáles son las capacidades que se tienen de perfeccionar nuestra causa. Ahí nos encontramos defendiendo y refinando nuestros intereses nacionales. Los dogmas paradigmáticos de la posmodernidad establecen que La Nación es un significante vacío, un discurso más. Lo cierto es que lo que se lee acá es no sólo la fragmentación de las potencias y lazos que la conforman, sino también su neutralización y devaluación. Bajo el escudo de los mil protocolos y el simbolismo es fácil vaciar a La Nación de toda referencia, evidenciando en esa misma operación que la vida nacional no es una acción vacía, es una acción vaciada como resultado histórico. Así el eje de la revitalización política de la Argentina y el enfrentamiento de sus problemas está en ese contenido que nunca dejó de producirse, pero fue segmentado y re- direccionado. Es interesante como una burbuja protocolar puede ser tan atómica como cosmopolita. Quién insista en el vacío de lo nacional, sea desde una perspectiva explícitamente anti nacional o en la apelación de la simbología y el discurso nacional para fundamentar la exclusión de las mayorías y grandes sectores del Pueblo, se expone con su fé a las consecuencias de la desarticulación y destrucción de capacidades nacionales. El nacionalismo argentino como movimiento de integración, defensa y ajusticiamiento social se carga de futuro y cambio cuando se ponen en relieve la reivindicación, perfeccionamiento y defensa de los intereses permanentes y de época del país. En lo individual, una invitación a explorar distintas formas de incrementar la potencia de la persona en comunidad.

 

 

Bibliografía de referencia

Maquiavelo, N., 2008. El Príncipe. 3ra ed. Buenos Aires: Losada, pp.75-78.

Perón, J., 1986. El Modelo Argentino. 6ta ed. Buenos Aires: El Cid Editor - Fundación para la Democracia Argentina, p.53.

Pinto, J., 2000. Carl Schmitt y la reivindicación de la política. 1ra ed. La Plata: Editorial Universitaria de La Plata, pp.65-66.

Rodríguez, M. and Touzon, P., 2019. La Grieta Desnuda. 1ra ed. Buenos Aires: Capital Intelectual.

 

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