La economía argentina: antes, durante y después de la pandemia - Política y Medios
03/08/2021 - Edición Nº4932

ANÁLISIS

La economía argentina: antes, durante y después de la pandemia

Llegando al final del 2020 es posible desarrollar una conclusión sobre la propuesta económica ejecutada por el Gobierno nacional este año, donde se observa que todas las decisiones políticas apuntaron a un objetivo específico: sostener de la mejor en un contexto de pandemia el complejo escenario socioeconómico que había dejado el modelo de Juntos por el Cambio.

Por: Esteban Pastoriza - (Técnico Universitario en Comunicación Social -Licenciado en Ciencia Política)

 

Llegando al final del 2020 es posible desarrollar una conclusión certera sobre la propuesta económica ejecutada por el Gobierno nacional durante este año, y en donde se observa que todas las decisiones políticas apuntaron a un objetivo específico: sostener de la mejor manera, en un contexto de pandemia, el complejo escenario socioeconómico que había dejado el modelo de Juntos por el Cambio.

En este sentido, hay algunas cuestiones sobre esta herencia recibida que son importantes destacar. Hemos observado que el COVID-19 no discriminó su expansión mundial entre países desarrollados y sociedades en crisis; y en Argentina dicha pandemia se aprovechó de las consecuencias negativas desencadenadas luego de las últimas andanzas del proceso neoliberal macrista.

En consecuencia, antes de la llegada del coronavirus a nuestro país, los principales indicadores macroeconómicos ya mostraban signos de una clara debilidad en el funcionamiento de la actividad; pues durante el período de gobierno de Mauricio Macri (2015-2019), el PBI  se redujo de 643.000 millones de dólares a 450.000 millones, el dólar pasó de valer 9 pesos, a finalizar el mandato de Juntos por el Cambio costando 63 pesos, la inflación superó el 54% y la pobreza se acomodó en 35,5%.

De esta forma, el macrismo buscó darle un marco teórico a la puesta en escena de lo realizado en la práctica, mediante un discurso que fluctuaba entre “volver a relacionarnos con el mundo”, promover el “sinceramiento económico”  y establecer un modelo aperturista. Sin embrago, los resultados finales dieron cuenta de la destrucción de un mercado interno que se destacaba por una capacidad ociosa al borde del 50% y consecuentemente, una amplia instalación productiva disponible para funcionar pero sin encontrar qué elaborar, debido a llegada de productos importados con los que era imposible competir desde la industria nacional. Ello terminó siendo el ejemplo más concreto para demostrar que lo que caracterizaba a la globalización del proyecto neoliberal no era la inclusión, sino el sometimiento externo.

[Signos de mejoría en la actividad económica]

Teniendo en cuenta esta situación de crisis pre pandemia en nuestro país, no es muy difícil asegurar que con la llegada del coronavirus y las iniciales medidas de aislamiento social aplicadas por el Gobierno nacional para reducir su efecto en la población; las consecuencias negativas, desde una perspectiva económica, iban a provenir mediante un acelerado derrumbe de los puestos de trabajo. Así fue que entre abril y junio, más de 3,7 millones de personas que en 2019 tenían empleo se encontraron formando parte de los nuevos desocupados.

En este contexto, comienza a observarse una variación en las preocupaciones de las personas, y lo que al principio era temor a contagiarse de COVID-19, empezó a quedar relegado por una importante necesidad alimentaria producto de una reducción en los ingresos de la gente. La percepción social era, “si no me mata el coronavirus, me muero de hambre”.

Posteriormente el período de flexibilización y el consecuente distanciamiento, social, preventivo y obligatorio (DISPO) aplicado por el oficialismo, dieron lugar a una recuperación paulatina de la actividad económica, que permitió nuevamente la incorporación al mercado laboral de un sector de la sociedad que había empeorado su situación frente a la imposibilidad de buscar trabajo por las restricciones de salida y circulación.  Los datos muestran que en el tercer trimestre de 2020, la tasa de empleo y de actividad productiva aumentó del 33,4% al 37,4% y del 38,4% al 42,3% respectivamente; permitiendo que más de 2 millones de personas recuperaran su fuente de trabajo.

En la última etapa de este año, la política económica empieza a mostrar algunos resultados positivos que se perciben en espacios claves como el empleo privado, sectores de la industria que pudieron reactivar su funcionamiento y en la construcción que consolida su recuperación, al superar casi 9% los niveles pre pandemia.

En cuanto a la incertidumbre financiera de hace algunos meses atrás, que había sembrado tensiones entre el Banco Central de la República Argentina (BCRA) y el Ministerio de Economía, actualmente se percibe un panorama mucho más tranquilo, debido a un valor del dólar más estabilizado y una brecha cambiara que redujo su incremento exponencial, permitiendo cierta recomposición de las reservas. Por otro lado, en cuanto a la inflación se estima un cierre de año con niveles aún elevados, cerca del 36% anual, pero logrando bajar casi 20 puntos porcentuales respecto del nivel inflacionario que había dejado del gobierno de Juntos por el Cambio.

[Estimular la demanda y coordinar la puja  distributiva]

Es importante destacar dos puntos sobre lo que venimos desarrollando en este artículo. Por un lado, este año pandémico ha demostrado que el despegue de la reactivación productiva que se espera para el 2021 va a funcionar en velocidades diferentes según los sectores a los que se haga referencia; pues el turismo y la gastronomía son dos espacios que se encuentran con facturaciones que marcan una clara baja en relación al 2019. Por otro lado, los trabajadores que ya estaban en una situación crítica antes de la llegada del COVID-19 debido a una pérdida del 20% en sus ingresos como consecuencia del ajuste del Gobierno de Mauricio Macri; han visto cerrar paritarias durante este año que en el mejor de los casos van a empatar con la inflación.

En ese marco, el desafío que se le presenta al Frente de Todos está estructurado en intentar solucionar las asimetrías de un escenario económico tan complejo en su presentación y como asimétrico en la evolución de los factores que lo componen. De esta forma, la agenda económica de 2021 busca una marcada recuperación del PBI mediante un plan de gobierno que apuesta por la diversidad de la producción nacional y el incremento del consumo real de los sectores sociales más golpeados.

Ahora bien, en esta coyuntura se abren algunos interrogantes que  deben ser tenidos en cuenta por el Gobierno nacional para el logro de sus objetivos presupuestarios del año siguiente. ¿Cómo compatibilizar la necesidad de una suba de tarifas para reducir el déficit público y, que a su vez, ello no repercuta negativamente en los sectores productivos que vienen escalando mucho más atrás el proceso de crecimiento y recuperación? ¿Cómo lograr un equilibrio entre el crecimiento económico, la puja distributiva y la recomposición salarial de los trabajadores?

Esta claro que actualmente la actividad argentina, está caracterizada por destinar más del 70% de lo que produce al mercado interno y que por lo tanto para pensar en un crecimiento sostenido del país se requiere estimular la demanda agregada a través del incremento en los puestos de trabajo y consecuentemente en las remuneraciones que permitieran desarrollar una población con mayor poder adquisitivo y de consumo. De esta forma, la demanda traccionaría sobre el aumento de la producción, generando nuevos puestos laborales y permitiendo el fortalecimiento interno de la economía.

Un punto a tener en cuenta, es que la puja distributiva que debe coordinar el Gobierno nacional, está enmarcada en el aumento de precios que influyen en la inflación y golpean los ingresos de los más vulnerados; pero además se relaciona con el posible descongelamiento del cuadro tarifario y con la búsqueda de recomponer ganancias de algunos sectores empresariales golpeados por la pandemia. Por lo cual, el Gobierno nacional debe poner el foco para el crecimiento económico 2021, en una pirámide que se sostiene por los salarios, las tarifas y el control de precios.

[Crecimiento con inclusión]

El debate que nos debemos como sociedad para lograr una verdadera inclusión colectiva, es la propuesta de un cambio de matriz productiva que comience a flexibilizar los lazos del accionar monopólico que concentran algunas empresas aglutinadas en un bloque de poder; que por peso específico propio, logran condicionar no sólo las decisiones políticas de un Gobierno, sino que también limitan el poder de soberanía de un amplio sector de la sociedad, lamentablemente acostumbrado a las imposiciones de esta potencia dominante en materia económica.

Para ser claros. No basta tan sólo con inyectar dinero en el bolsillo del asalariado, si a esa medida no se le suma un control estatal sobre el funcionamiento de las corporaciones que cuentan con poder de mercado y son formadores de precios. Pues si el Estado cede la iniciativa al sector privado, el resultado está puesto antes de comenzar el partido. En consecuencia, el modelo económico post pandemia, requiere de una articulación entre el proyecto que diseña el Gobierno nacional y lo que puede aportar el mercado para su funcionamiento, integrando un consenso con el empresario nacional pero sin descuidar la necesidad de mejorar la distribución del ingreso de aquellos sectores que sintieron el impacto del ajuste socioeconómico neoliberal y profundizaron su “suerte” con la llegada del coronavirus.

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