A 30 años del último levantamiento carapintada - Política y Medios
23/09/2021 - Edición Nº4983

EFEMÉRIDE

A 30 años del último levantamiento carapintada

Tres décadas parecen ser tiempo suficiente para analizar la importancia histórica de un suceso olvidado pero crucial y, a la vez, evaluar el avance de la que probablemente sea la única política de Estado desde el retorno a la democracia.

Por: Nicolás Mujico - Politologo UBA- Maestrando en Defensa Nacional UNDEF

 

Cuando el 3 de diciembre de 1990 se produjo la represión del último levantamiento carapintada, todavía no estaba claro que el poder político pudiera dominar, controlar y conducir al poder militar.  Hoy, a 30 años, parece ser tiempo suficiente para analizar la importancia histórica de aquel suceso olvidado pero crucial y, a la vez, evaluar el avance de la que probablemente sea la única política de Estado desde el retorno a la democracia.

Corre el rumor que Carlos Saúl Menem sugirió que quien le llevase un teléfono para negociar con Mohamed Alí Seineldín acompañe el artefacto con su renuncia de puño y letra. La dureza con la que el presidente se plantó ante los militares fue inaudita y única, olvidada luego o reescrita en su significado, por los indultos que parecieron una capitulación o claudicación ante el poder militar.  Recordaba hace unos años Martín Rodríguez en su nota “Menem, Un busto ahí”, que suele ponerse en valor la reactivación de los juicios y la anulación de los indultos llevada a cabo por Néstor Kirchner, pero también señalaba que es justo marcar que los militares ya no tenían el poder de otros tiempos. También se exalta la valentía de Raúl Alfonsín, que juzgo a los comandantes y que luego no tuvo mas remedio que ceder ante el enorme poder corporativo castrense: sin embargo, todos reconocen lo actuado por el ex presidente y le otorgan el título de padre de la democracia. Al mismo tiempo, el conjunto de la sociedad también desprecia los indultos menemistas, pero olvidan un pequeño detalle. Antes de indultarlos, ordeno disparar contra ellos: ¿cuál fue entonces el significado de aquellos disparos y qué impacto tuvieron para la consolidación de la democracia?

Carlos Menem llegó al poder envuelto en una crisis política y económica de dimensiones descomunales. Tan solo dos años antes, tres levantamientos carapintadas fueron el preludio de una crisis política que desgastó fatalmente el poder del presidente, pero que logró el consenso que dio lugar a la posibilidad y necesidad de sancionar una ley de defensa que pusiera limites a los militares. Que le diera un ámbito específico y lo recluyera a los cuarteles. Fue justamente la toma del cuartel de la tablada por el movimiento Todos por la patria, la que dio lugar a un nuevo y confuso episodio que mostraba los limites institucionales, normativos y políticos del estado argentino. Finalmente, la crisis económica, la mega devaluación y la inflación de más de 100% llevaron al radicalismo a la entrega del poder anticipada.

Sin ningún lugar a dudas, a la democracia le faltaba una pata. Tenía ley de defensa pero no ley de seguridad interior. Separar estos ámbitos era fundamental para consolidar el esquema defensivo, pero también para dar señales claras de un cambio de época.  Tomar la decisión de someter al poder civil a las Fuerzas Armadas durante 60 años protagonistas de la política nacional.

El 3 de diciembre, con el último levantamiento carapintada, aparecería esa oportunidad y se abriría la puerta de una serie de reformas que dieron solidez a la democracia argentina. La ley de Seguridad Interior sancionada en 1992 fue la pata que faltaba para echarse a andar. Luego vinieron el servicio militar voluntario (1994), el traspaso de la gendarmería al ámbito del ministerio de seguridad y el cambio de prioridades en términos presupuestarios, relegando a la jurisdicción defensa a los números más bajos en la historia. Esos fueron algunos de los hitos de la gestión del ex presidente Carlos Menem. La conducción del instrumento militar no se logró desde el ministerio de defensa, sino que se realizaba desde la cancillería, desde la cámara de diputados y, por sobre todas las cosas, desde el ministerio de Economía a tijeretazos y recortes de presupuesto constantes. El paseo en tanque, subirse a un avión de la fuerza aérea y ejercer de comandante en Jefe siendo un civil fueron, junto con la invención de Puerto Madero, antigua jurisdicción militar en la trastienda de la Casa Rosada, convertida ahora en exaltación del escaso poder económico de la oligarquía argentina que, resignada a no poder cumplir con el sueño de la aeroisla, se contentó con algunos buenos negocios inmobiliarios a costa de los militares. Todo eso fue el oropel de profundísimos cambios.

Nada de eso hubiese sido posible sin antes tener la audacia de someter a disparos a los rebeldes aquel 3 de diciembre. Menem, termino de poner el Hormigón. A partir de allí, siguió el encofrado. También durante su gestión, la ley de Reestructuración de las Fuerzas Armadas en el 98 y ya luego durante el gobierno de De la Rúa, la Ley 25520/01 de Inteligencia estructurando lo que se dio en conocer como el consenso básico.

El gobierno de Néstor Kirchner no se limitó a someter al control civil al instrumento militar con la reapertura de los juicios, sino que busco fortalecer la conducción civil de la defensa, dando misiones específicas y renovando el modo de planificar la defensa por intermedio de los ciclos de planeamiento que comenzaron en 2009, ya bajo el gobierno de Cristina Fernández, con la primera directiva política estratégica.  Fue, a partir del 2003, que el ministerio de Defensa, comenzó a cumplir con el fin para el que fue creado hace 70 años.

El gobierno de Mauricio Macri, ese intento de retroceso que, gracias a la rápida derrota electoral del 2019 puso un paréntesis que ahora es necesario cerrar con la superación de la crisis económica, la pandemia y la negociación con el FMI, para que sea, de una vez por todas, arrojado al único lugar que merece: el insignificante mundo del olvido.

Los esfuerzos que se vienen realizando aún no han dado frutos; tampoco hay seguridad en que la semilla plantada vaya a germinar, pero el esfuerzo está hecho y, en el plano de la Defensa, a través del FONDEF, se busca dar vitalidad a la política de Defensa, fortalecer la soberanía nacional a través del robustecimiento de su instrumento militar que solo es posible lograr con una conducción firme, pero también con fondos para adquisiciones, con relanzamiento de las industrias militares y con mayor formación de sus cuadros civiles y militares. Estamos viviendo tiempos interesantes y nunca más pertinente recordar esa maldición China. La necesidad de conocer, conducir y fortalecer la Política de Defensa Nacional pareciera ser impostergable.

OPINÁ, DEJÁ TU COMENTARIO:
Más Noticias