Crisis del capitalismo global y transición geoeconómica - Política y Medios
01 de diciembre de 2020 - Edición Nº4687

ANÁLISIS

Crisis del capitalismo global y transición geoeconómica

La Pandemia actuó como catalizador, acelerando una crisis económica estructural. Desde 2008 buena parte del mundo ingresó en una fase de bajo crecimiento, que particularmente se acentúo en el norte global o núcleo orgánico de la economía capitalista mundial.

Por: Gabriel E. Merino (UNLP- CONICET)

 

La pandemia produjo un enorme golpe recesivo global. En China, el principal centro dinámico de la economía mundial desde 2008 –dato que ya indica una transformación geoeconómica estructural—, durante el primer bimestre del año la producción industrial cayó 13,5% interanual (primera contracción desde enero de 1990) y las ventas minoristas se desplomaron 20,5%. Durante el primer trimestre su PIB cayó el 6,8% anual. Sin embargo, creció 3,2% anual en el segundo trimestre del año, mostrando un rápido rebote, y la proyección para este año, es de un crecimiento entre 1% y 1,7%.

En el Norte Global, el golpe se sintió en el segundo trimestre y fue más profundo. Estados Unidos presentó una caída de 9% en términos trimestrales, mientras Alemania obtuvo el mayor desplome del PIB de toda la serie histórica (desde 1970), con una contracción del 10,1% en ese período. Por el lado de Japón, el segundo trimestre se desplomó 7,8%, con el agravante de que ya se encontraba en recesión: había caído 1,9% en el último trimestre de 2019 y 0,6% en el primer trimestre de 2020.

A diferencia de la economía de China –y de otros países de Asia Pacífico como Vietnam— en el Norte Global no se espera un rebote en “V” y los pronósticos son poco alentadores para este año: según el FMI (2020), de acuerdo a su informe de finales de junio, se prevé un desplome de 8% en Estados Unidos y 10,2% en la zona euro (Alemania -7,8%), en el marco de una caída del 3% en la economía mundial en 2020. En América Latina la caída promedio sería de 9,4%.

La Pandemia actuó como catalizador, acelerando una crisis económica estructural. Desde 2008 buena parte del mundo ingresó en una fase de bajo crecimiento, que particularmente se acentúo en el norte global o núcleo orgánico de la economía capitalista mundial.

Esto coincide con que desde 2008 se produjo un freno al denominado proceso de “globalización” económica que desde los años ochenta se caracterizaba por el hecho de que, con cada punto de crecimiento del PBI mundial, crecía dos puntos el comercio mundial y tres puntos la inversión extranjera directa mundial. Esta realidad se reforzó con la llegada al poder de Donald Trump en Estados Unidos y los intentos por llevar adelante un proceso de desacoplamiento con la economía china, ligados a una política proteccionista e industrialista de inspiración neohamiltoniana.

Como vemos en el gráfico siguiente, Europa y Japón tienen un PIB en dólares (nominales) inferior al de 2008. Sólo Estados Unidos muestra crecimiento, el cual en parte se debe a que exacerbó los privilegios de emitir la principal moneda de reserva mundial y financiar junto con la emisión de deuda, sus déficits estructurales (comercial y fiscal), y sus salvatajes.

Entre 2008 y 2014 la Fed emitió 3,5 billones de dólares y su deuda pública pasó de 64,64% (2007) al 104,26% (2018) de su PIB. Además, Estados Unidos todavía puede beneficiarse de sus capacidades estratégicas, su poder financiero y los monopolios tecnológicos que conserva imponiendo su poder sobre aliados y adversarios, aunque dicha situación se encuentre cada vez más difícil de sostener. Además, el costo geopolítico de ello es el resquebrajamiento del sistema de alianzas y de las instituciones del orden mundial que sostenían su hegemonía. Por otro parte, la financiarización horada también la legitimidad interna al exacerbar la desigualdad.

También se observa en el gráfico el descomunal fenómeno de China, cuya economía se cuadruplicó medida en dólares nominales en doce años y, medida en dólares constantes de 2010, aumentó casi 140% en 12 años. 

Esta dinámica forma parte de una tendencia estructural de ascenso de China y Asia Pacífico iniciada hace setenta años, y se proyecta que va a continuar.

De acuerdo al Libro Blanco de la Política Exterior de Australia de 2017 (país del polo angloamericano que Washington busca convertir en una base fundamental en el Pacífico pero que vende el 40% de sus exportaciones a China), el PBI de Estados Unidos en 2030 será de U$S 24 billones de dólares y el de China llegará a U$S 42,4 billones. Además, China ya cuenta con una población trabajadora de 400 millones de personas de ingresos medios, comparables con los de países del Norte Global, que se duplicará para llegar a las 800 millones de personas en 2030, según distintas estimaciones (más del doble de los habitantes de Estados Unidos). Otros estudios dicen que esa población de ingresos medios será de 1000 millones.

Este ascenso es lo que busca frenar o contener de alguna manera Estados Unidos –tanto  demócratas como republicanos, ya sean globalistas, americanistas o nacionalistas, liberales o realistas. Pero no existen acuerdos claros sobre qué estrategia seguir por la propia polarización interna y la agudización de sus contradicciones política y sociales. También hay que decir que, de hecho, hasta ahora no ha funcionando ninguna.  

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