Las conquistas de la Minga - Política y Medios
04 de diciembre de 2020 - Edición Nº4690

COLOMBIA

Las conquistas de la Minga

Las versiones que intentaron lapidar o modificar forzosamente los españoles nunca se silenciaron y han llegado hasta nuestros días. Una de ellas, la más diciente para Colombia en este 2020 atípico, fue la movilización de la Minga indígena del suroccidente del país en un acto de protesta contra el gobierno nacional.

Por: Laura G. Campo – Graduada en Estudios Literarios – Especial para PolíticaYMedios, desde Bogotá

 

En su Spleen de París, Charles Baudelaire escribió que la artimaña más bella del diablo fue persuadir al mundo de que nunca existió. La artimaña más bella de los españoles fue convencernos de que ser sus hijos y obtener su legado fue nuestra redención, y que todo lo que hubo antes de su llegada hace parte de la prehistoria de este continente. Para enmarañarnos, lograron otorgarnos este lenguaje exuberante; el español —con mayor precisión, el castellano— es el segundo idioma más hablado del mundo, por lo que podemos felicitar a los conquistadores; su expansión del imperio, su visión del mundo a través de la manera de descifrarlo, logró una cruzada que solo es superada por los ingleses.

Sin embargo, como toda historia que propende por ver solo una cara de la moneda, algo queda incompleto. Las versiones que intentaron lapidar o modificar forzosamente los españoles nunca se silenciaron y han llegado hasta nuestros días. Una de ellas, la más diciente para Colombia en este 2020 atípico, fue la movilización de la Minga indígena del suroccidente del país en un acto de protesta contra el gobierno nacional. Esta Minga —palabra proveniente del quechua, asociada a la reunión de diferencias para el trabajo colectivo—, propició el encuentro de más de una decena de etnias de las regiones de esta nación con más presencia indígena y donde ha sido más agudo el conflicto armado. En lo corrido de 2020, 74 líderes sociales han sido asesinados en Cauca (uno de los departamentos de mayor relevancia en la conformación de la Minga).

Debido a esto, la movilización inició con un alegato de temas ampliamente demandados en Colombia: el cumplimiento de derechos fundamentales como la vida, el territorio, la paz y la democracia. Pusieron cita el 12 de octubre —porque nada que sucede a los cuerpos vivos es accidental— al presidente de Colombia en ese primer gran encuentro en Cali. La silla vacía del presidente a la que se aludió desde estas letras en la columna anterior, y que ya había sido conocida el año pasado por la Minga de ese momento, se repitió en la conmemoración de la visita de los españoles a estas tierras; motivo que incentivó a los pueblos reunidos en Cali emprender el recorrido de casi 500 kilómetros hacia Bogotá.

El colorido de las whipalas y del rojo y verde de la Minga le otorgaron espíritu vibrante ajeno al gris perenne bogotano. Los tres días de encuentro y marchas por la capital colombiana desmintieron las acusaciones falsas habituales del partido de gobierno de infiltraciones de grupos guerrilleros, al tiempo que lograron la simpatía y el respaldo de varios sectores de la ciudad, entre ellos, el de la alcaldesa Claudia López. El acto simbólico de mayor repercusión en estas protestas fue el ‘juicio en ausencia’ al jefe de Estado en una silla vacía con su nombre; acto seguido, se realizó la lectura del pliego de peticiones que, además de los motivos esgrimidos anteriormente, sumaban los del paro que se preparaba para el 21 de octubre; una versión más del paro nacional del 21 de noviembre de 2019. La atención al orden público, así como la asepsia de todos los participantes de esta Minga, fueron los grandes eventos a resaltar en esta movilización. Pese a que el encuentro entre la incompetencia de la presidencia y los pueblos indígenas del suroccidente de Colombia sigue por suceder, hay un mensaje enviado al gobierno.

Cuando en la madrugada del 12 de octubre de 1492 Cristóbal Colón reportó en su diario la llegada a tierra en la isla de Guanahaní, se desató la idea que circunda hasta nuestros días de que aquellos que llegaron descubrieron un paraíso; descubrir, ese verbo que indica el hallazgo de lo desconocido, como si antes no existiera. Ese descubrimiento produjo, a su vez, que los pobladores fueran entendidos como bárbaros que debían ser educados, porque así de limitado puede ser el encuentro con la diferencia. En consecuencia, aquel que debe ser educado, es tratado como ingenuo.

La interpretación de los pueblos indígenas como menores de edad presos en la ingenuidad, aún vigente en la población colombiana, impide interpretar a la Minga como el robustecimiento de un movimiento político hastiado de la tenencia de la tierra en manos de unos pocos. A aquellas personas nubladas por la única versión de la historia, la española, queremos recordarles que este octubre ha sido enviado un mensaje en respuesta a esa única verdad. Es preciso recordar que este país, como todos los de América, es una amalgama de realidades y que en la posibilidad de participación de los contrastes hay oportunidades de reconciliación.

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