28 de septiembre de 2020 - Edición Nº4623

CRISIS AMBIENTAL

Agua, fuego, tierra y biodiversidad (o cosas que pasan por el fuego y no deberían destruirse)

Durante 2019 hubo récord de incendios en Amazonas, África, Australia y, ahora, nos enfrentamos a esa situación en Argentina. No son casos aislados, sino una práctica de manejo y un mal planeamiento de los pastizales, selvas y bosques. O ¿una avidez económica inconsciente de productores inescrupulosos? Se pone de manifiesto la necesidad de pensar el riesgo de incendio como algo crítico para el Estado, la conservación y el bienestar de la población.

Por: Patricio Solimano, Director de la Lic. en Ciencias del Ambiente (UNRN)

No volvemos a la antigua Grecia para la interpretación de la coyuntura actual de la Argentina, ya que Tales, Heráclito, ni Aristóteles consideraron la biodiversidad como un elemento de la naturaleza.  Pero parece ser que los elementos vuelven y se funden en un conflicto entre lo urgente, lo crítico y el ordenamiento del territorio, en lo que está pasando entre la ley de humedales, el fuego en los pastizales del delta del Paraná y el proceso de sojización del territorio.

Para arrancar con algo urgente hablemos del fuego en el delta del Paraná. Para entender un poco más, podemos remitirnos a los manuales de manejo de ganado y pastizales. En ellos, se  indica que el pasto seco y de cierta altura se puede manejar de varias maneras. Alguna vez llegue a leer que, en los países subdesarrollados, la práctica más común es la quema. Esto se debe hacer antes de la temporada de  lluvias, así los pastos pueden rebrotar, más verdes y nutritivos después de las mismas y, con ellos, alimentar el ganado. Es interesante revisar lo que plantea Alan Savory sobre estas prácticas y sobre las alternativas al manejo de pastizales (como incrementan los gases de efecto invernadero por ejemplo), pero esto no es parte de esta nota y se puede ver en su charla TED.

Analizando en profundidad por qué llega el ganado a estas tierras, hay que mirar las causas indirectas y el entorno que permite que esto ocurra. El proceso de sojización que se está llevando adelante desde hace años en Argentina, o sea, la utilización cada vez mayor de tierras que, previamente, no eran sojeras y se usaban para otros propósitos, otros cultivos; tierras ocupadas por bosques, zonas bajas (poco fértiles desde una mirada productivista), fueron “adaptadas” para convertirlas en cultivos de soja. Este proceso trajo aparejado que la ganadería, que se quedó sin zonas históricamente empleadas para esa actividad, se traslade a tierras consideradas marginales en otros tiempos, zonas bajas de lo que se denomina pampa húmeda, el Delta, territorios del norte del país, o al norte de la Patagonia.

Esta nueva ocupación y conversión del territorio que se llevó adelante libremente en Argentina hace que, territorios que eran hábitats casi prístinos, que tenían su propia lógica y dinámica natural, tengan que sostener hoy una carga animal y  las prácticas de manejo de pastizales asociadas a este nuevo uso, que anteriormente no venían teniendo. Alimentando en buena parte el conflicto de intereses y la perdida de bienes comunes que tenemos hoy en el delta del Paraná por ejemplo.

Estos ambientes marginales, que no presentaban interés productivo para el hombre, terminaron siendo lugares críticos para la conservación. Por ejemplo, en La Pampa húmeda quedan relictos de pastizal prístino en la bahía de Samborombón, que preservan una de las poblaciones más importantes de Venado de las Pampas que quedan en Argentina. Se puede decir que algo similar pasó en los Esteros del Ibera, donde lo complejo del terreno permitió cuidar un ecosistema y una fauna extraordinaria del territorio, hoy Parque Nacional. Pero sería bueno recordar que los incendios históricos terminaron con fauna como el Oso Hormiguero en esa zonas, situación que se está revirtiendo con la introducción del mismo por proyectos de restauración.

Cuando observamos los focos de incendios en el Paraná, podemos ver que se concentran en las costas y en las islas, a lo largo de la costa. Costas e islas  consideradas de vital importancia por la ley de bosques de Argentina, hablamos de toda la selva en galería del Paraná. Un ecosistema particular y único, que viene desde la mata Atlántica en Brasil, pasa por la Selva Misionera y termina en la selva más austral del mundo, la reserva natural de Punta Lara en La Plata. Un corredor biodiverso Americano importantísimo para la fauna que está siendo destruido, despedazado y diezmado por el fuego. Esta fisonomía, este continuo de vegetación boscosa/selvática, cuando es quemado, se transforma en pastos. En el contexto actual tendrá capacidad de reparación natural o será convertido a pasturas, que en el mejor de los casos ¿serán manejadas? ¿Vamos a perder más ecosistemas prístinos, que brindan servicios y bienes insustituibles para sostener la vida?

Si este ecosistema no vuelve, la perdida no implica solo unos árboles, sino escondites, nichos, refugios para especies increíbles que están ahí y están en peligro, como el ya nombrado venado, el lobizón o Aguara guazú, el Ciervo de los Pantanos y una variada fauna de mamíferos como carpinchos, zorros, un puñado de gatos monteses, nutrias, roedores y mulitas, pájaros, lagartos, tortugas y anfibios que son muy abundantes en estas zonas.

Lo importante es la estructura ecosistémica de estos entornos, que no se pueden entender como “Islas”, sino como un continuo de vegetación y fauna. La zona puntual de los incendios seguramente sea la más crítica e importante zona de cría de todos los peces migradores de la cuenca del Plata. Durante esta primavera, sus larvas se tendrán que esconder en las zonas de pastizales inundados, y lagunas vegetadas del Delta. Allí, donde la compleja trama vegetal que los protegió años anteriores ya no estará presente ¿Esto se transformará en una nueva catástrofe que no será visibilizada?, con nuevos riesgos que… ¿cómo serán gestionados?

Detengámonos un segundo: durante 2019 hubo récord de incendios en Amazonas, África, Australia y, ahora, ahora nos enfrentamos a esta situación en Argentina. No creo que sean casos aislados, sino una práctica de manejo y un mal planeamiento de los pastizales, selvas y bosques. O tal vez ¿una avidez económica inconsciente de productores inescrupulosos? ¿la necesidad de subsistencia de otros? Todas situaciones que ponen en evidencia la necesidad de pensar el riesgo de incendio como algo crítico para el Estado, la conservación y el bienestar de la gente. Pero, para no quedarme ahí, todos los días pasan satélites de teledetección por la Argentina, incluso algunos son nuestros como el SAC-D, con las imágenes de los mismos y con muy poco esfuerzo técnico, se pueden mostrar los focos de incendio cuando están empezando. Es necesario armar una estrategia de acción y detección temprana de estos focos, preparar brigadistas, entendiendo que es crítico actuar rápido, por el futuro del ambiente, su fauna y nosotros mismos. Pero, por último, para no ver solo hacia adelante, estos satélites guardan las imágenes en repositorios, a los que tenemos acceso, por lo que podemos saber exactamente donde empezaron cada uno de los focos de incendio, en que día y en que parcela del territorio.

Hay mucho más para hablar: también habría que detenerse en los incendios en Córdoba, que plantean un desafío diferente y, creo que, a futuro, habría que hacer una conexión con varios de estos asuntos y la ley de humedales tan nombrada en estos días. Pero eso será más adelante.

 

*Las opiniones y/o ideas expresadas en esta trabajo, no representan necesariamente las opiniones y/o posiciones de la Universidad Nacional de Río Negro.

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