18 de septiembre de 2020 - Edición Nº4613

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Ley de humedales: un nuevo foco de tensión con el campo

El avance del COVID y los incendios en el Delta del Paraná, Córdoba y gran parte del litoral pusieron de relieve la agenda ambiental y el manejo del suelo. En este marco, el oficialismo avanza con la “Ley de Humedales” y encienden luces de alarma en los productores. No sería extraño que la Ley de Humedales se transforme en un nuevo round entre el Gobierno y el campo.

La pandemia del Coronavirus y los incendios en el Delta del Paraná, Córdoba y gran parte del litoral argentino pusieron de relieve la agenda ambiental y el manejo del suelo. En este marco, el oficialismo avanza con la “Ley de Humedales” y encienden luces de alarma en los productores.

Por Instagram, Twitter, Facebook y TV, las fotos y videos de las llamas devorando las islas del delta se multiplicaron por miles, junto con los mensajes de indignación ante la destrucción de un ecosistema tan frágil.

Unos días después llegaron las imágenes de Córdoba y los mapas satelitales dando cuenta de los miles de focos de incendio en todo el país, principalmente en las provincias del NOA y NE y se instaló el debate sobre la necesidad de una Ley que proteja los humedales en nuestro país.

Fue el propio Juan Cabandié, Ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, quién marcó la posición oficial con un tweet fechado el 14 de agosto: “Sería bueno que se apruebe la Ley de Humedales en el Congreso de la Nación”, escribió.

 

Luego, en una entrevista otorgada a “Elonce” de Entre Ríos fue un paso más allá y propuso declarar Reserva Nacional al complejo de islas del Río Paraná: "Esto no tiene que suceder más, por eso he presentado una denuncia penal, como así también lo ha hecho el gobernador Bordet. Nos reunimos en conferencia virtual y hemos conversado acerca de la posibilidad de declarar a la zona como Reserva Nacional. Es una figura dentro de las áreas protegidas, que se contempla en lo productivo, pero de forma sostenible. Esa sería muy buena opción y sería algo importante para terminar con esto que lleva muchos años y que en otros años se ha cobrado vidas en accidentes automovilísticos", dijo.

En sintonía con Cabandié, el Diputado Nacional del Movimiento Evita, Leonardo Grosso, titular de la Comisión de Recursos Naturales y Conservación del Ambiente Humano, aceleró el tratamiento de la Ley de Humedales. 

La Comisión, que se volvió a reunir esta semana, tiene números equilibrados entre oficialismo y oposición. Aunque a primera vista, su Vicepresidenta, la entrerriana radical Gracia Jaroslavsky estaría de acuerdo con avanzar con la Ley, no sería la primera vez que en Cambiemos cambian de opinión por presiones corporativas. En la reunión de esta semana declaró que “es esencial que en el espíritu de la ley quede plasmado un cambio de cultura hacia el antropocentrismo” y que “se fomente la educación ambiental real desde los primeros grados”

Por su parte Grosso, que ha puesto el tema medioambiental como su caballito de batalla, señaló que “es una ley que pretende que el Estado regule las actividades sobre estos humedales para que no se quemen 90 mil hectáreas de pastizales en el delta del Paraná, para que no destruyamos la capacidad ecosistémica de los humedales de evitar las inundaciones, como ocurrió en la basílica de Luján; para que no sea tarde”

 

Sin embargo, no todo parece fluir tan linealmente. Desde su tradicional columna en el Diario Clarín, Hector A. Huergo, fuerte exponente de los intereses del núcleo sojero, encendió las luces de alarma y en una columna de análisis sobre los incendios y las emisiones de CO2, le pegó a la Ley de Humedales.

“En la Argentina, algunos quieren aprovechar los incendios para empujar una riesgosa “ley de humedales” que puede paralizar cualquier proceso productivo. El expediente es sencillo: hay productores insensibles, avaros y ambiciosos, capaces de quemar medio delta o las islas del Paraná, o cualquier “humedal”, para que venga pasto fresco y aprovecharlo con sus vacas. En el medio de la confusión, se suman los veganos, reclamando por los derechos del animal, las emisiones de metano, la pérdida de biodiversidad y cuantos vicios puedan haber salido de la Caja de Pandora”.

Más allá de las innecesarias chicanas, Huergo expresa de manera exagerada una preocupación legítima de los sectores productivos. Temen que la definición utilizada de “Humedal” sea tan amplia que los inhabilite a desarrollar sus actividades. 

Consultado por PolíticaYMedios, un académico que participa de los debates alertó que las organizaciones no gubernamentales tienen demasiado peso: “Las ONG tienen una posición conservacionista dura, dicho de manera vulgar, para ellos cualquier lugar medio inundado y con patos es un humedal; pero nuestro país tiene necesidades productivas y alimentarias que no pueden obviarse”

Dentro de los “papers” que van y vienen por WhatsApp y mail, varios involucrados coinciden en que el texto titulado “Hacia la conservación y el uso sustentable de los Humedales”, elaborado por los académicos Patricia Kandus (3iA-UNSAM), Ricardo Gutierrez (EPyG-UNSAM /CONICET), Laura Belfer (UNSAM), Mariano Pérez Safontas (UNLP), Rubén Darío Quintana (3iA-IIIA UNSAM /CONICET), Roberto Bó (FCEyN-UBA) y Elena María Abraham (IADIZA-CONICET) es de las piezas más equilibradas al respecto.

En ella señalan que “los humedales son sistemas variables en cuanto al almacenaje de agua en el tiempo y elásticos en su superficie. Son variables en su tamaño y pueden ocupar desde pocas decenas de metros (ej. vegas de altura, mallines patagónicos) hasta dominar paisajes enteros como en el caso de los humedales litoraleños y algunos humedales pampeanos. A su vez, se encuentran fuertemente influenciados por los ecosistemas y usos de la tierra en su vecindad, lo que determina que, más allá de los tradicionales enfoques ecosistémicos y de gestión integrada de cuencas, deban incorporarse conceptos de la ecología del paisaje para garantizar su integridad ecológica, la conservación de sus funciones y, en consecuencia, su preservación como patrimonio natural-cultural y su papel en el sostén de la vida y del bienestar de las personas".

Y concluyen: "Todos estos factores hacen que la definición de los humedales sea compleja y su identificación y delimitación necesiten acuerdos conceptuales y conocimientos y herramientas particulares. En la actualidad, la existencia de los humedales en nuestro planeta se halla seriamente comprometida. La producción no sostenible, encarnada en modos actuales de extractivismo agroindustrial, forestal y minero y de especulación inmobiliaria que privilegian miradas sectoriales con rentabilidad a corto plazo, llevan a la degradación y pérdida sistemática de estos ecosistemas. A esto se suma que la estrecha vinculación de las funciones ecológicas de los humedales con el régimen hidrológico pone en evidencia su sensibilidad frente a los procesos de cambio climático, pero también manifiesta su potencial como reguladores hídricos naturales que los proyectan como futuros oasis en escenarios aún desconocidos”.

Tras el aumento a las retenciones y el conflicto por Vicentín, sumado al enojo del Grupo Clarín por el Decreto que transforma en servicios públicos a la telefonía celular y la internet, no debería de extrañar que la Ley de Humedales se transforme en un nuevo round de batalla entre el gobierno y el campo.

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