28 de septiembre de 2020 - Edición Nº4623

Coronavirus, cambio climático… ¿y nuevo ambiente?

Hay situaciones que están cambiado, pero ¿cuánto falta para tomar consciencia de nuestros actos, tanto individuales como colectivos? ¿Cuánto falta para darnos cuenta que lo urgente ya está pasando? ¿Cuánto falta para que veamos que nuestros actos tienen graves consecuencias en un futuro incierto?

 

Por Bianca Maroni - Lo más importante está quizá, no solo en evitar tirar basura al piso o promover el reciclaje, sino también en el cuidado ambiental como parte de un todo, inmiscuido en la realidad cotidiana dentro de nuestra sociedad, asumiendo que el compromiso del cuidado ambiental está en nosotros, todos los seres vivos.

La palabra ambiente significa lo que nos rodea día a día, lo que constituye nuestro entorno, desde el suelo, el aire, el agua, la vida, como así también la sociedad y sus individuos, vinculando esta arista a temas tales como la educación, la salud, la alimentación, la economía y todo lo que motoriza la rueda que mueve al mundo.

En los últimos días, se ha reducido la producción, el consumo y el turismo en la mayoría de los países afectados por el Coronavirus, una pandemia mundial que se convirtió en crisis.

Empezó entre los meses de diciembre y enero en China para llegar en cuestión de meses hasta nuestro país, Argentina.

Con incertidumbres y desconocimientos nos encontramos, recurriendo al uso del aislamiento como el único medio efectivo para evitar el contagio y la propagación del virus.

La epidemia también llegó a los mercados de valores y economías de casi todo el mundo.

De esta forma, al tener que quedarnos en casa por las medidas excepcionales que los gobiernos tuvieron que aplicar limitando la movilidad, trajeron consecuencias económicas no poco profundas que algunos gobiernos se animaron en plantear como una dicotomía frente al cuidado de la salud de la ciudadanía.

Existe una teoría “del cisne negro”, desarrollada por el filósofo e investigador libanés Nassim Taleb, que con esta metáfora describe un suceso sorpresivo, de gran impacto y que, una vez pasado el hecho, se racionaliza por retrospección haciendo que parezca explicable y dando impresión que se esperaba que ocurriera. Este año, el Bank for International Settlements (BIS), conocido como "el banco de los bancos centrales", con sede en Basel, Suiza, publicó el libro “El Cisne Verde”, una investigación hecha por Patrick Bolton, Morgan Despres, Luiz Pereira da Silva, Frédéric Samama y Romain Svart zma, quienes crearon la alegoría de un “Cisne Verde”, refiriéndose a una crisis financiera provocada por el cambio climático.

La crisis generada por el virus evidenció otras crisis, la climática y la ecológica, otorgándole un respiro en el mundo. El aparato productivo tuvo que detenerse, los medios de transporte, el cierre de fábricas, empresas y comercios contribuyeron a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), junto a la recuperación de ecosistemas. Así, la situación a la que nos enfrentamos y sus consecuencias, tuvieron un notable efecto de forma inmediata y favorable para con el ambiente logrando una reducción del 6% de emisiones a nivel global. El Coronavirus ha reducido las emisiones de efecto invernadero más rápido que todos los años que llevamos de negociaciones internacionales.

"Estos momentos realmente resaltan cuán íntimamente están relacionadas las emisiones de gases invernaderos con el modelo económico”, dice Jon Erickson, un economista ecológico.

Tan solo tenemos que ver como el conocimiento cintífico nos permite ganar tiempo. Tan solo pocos días pasaron para que el virus se esparciera en todo el mundo y los gobiernos tomaran medidas. Por lo que claramente si le diéramos más importancia al conocimiento crítico para organizarnos, venceríamos al tiempo. Lo mismo podríamos decir respecto al cambio climático, ya que tan solo es cuestión de tiempo para que el daño sea tal que suframos las consecuencias que están sufriendo en otros lugares del mundo.

Respecto al coronavirus, ¿queremos llegar a un punto de inflexión como el de España o EE.UU? Si lo pensamos bien, seguramente no, por eso resulta mejor prevenir que lamentar. Seguramente, si queremos tratar el cambio climático como una emergencia global como lo venimos haciendo contra el COVID-19, tenemos que tener un nivel similar de coordinación internacional.

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