Los secretos de “Parasite”: un análisis político del film coreano que ganó un Oscar como mejor película y pasó a la historia - Política y Medios
15-04-2024 - Edición Nº5918

Los secretos de “Parasite”: un análisis político del film coreano que ganó un Oscar como mejor película y pasó a la historia

En diálogo con Política y Medios, el crítico de cine Maxi Curcio reflexionó sobre las claves de la pieza de Bong Joon Ho que, con recursos estéticos y un potente mensaje ideológico, fue un éxito comercial pero sobre todo muy aplaudida por la crítica especializada.

La noche del domingo 10 de febrero del 2020 no será una más para la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood. Es que Parasite, la obra maestra del director Bong Joon-ho, no sólo se transformó en la primera película en habla no inglesa en conseguir el premio mayor en los Oscar, sino que también obtuvo la estatuilla como mejor película internacional.

Pero, ¿cuáles con los secretos detrás de este film que, con dosis de comedia y drama y una potente crítica social se convirtió en un éxito de galardones  y audiencia? "Parasite es una película sumamente pertinente no sólo por el mensaje ideológico que porta, sino por la cuidada utilización de la puesta en escena, el trabajo de planos y la simétrica arquitectura de sus decorados, aspectos que nos hablan a las claras de que Bong Joon Ho es un purista del lenguaje cinematográfico. Es una buena conjunción entre contenido cinematográfico y metáfora social y política”, explicó el comunicador, escritor y analista de cine, Maxi Curcio en diálogo con Política y Medios.

Según Curcio, una de las claves del éxito de Parasite es la visión de Bong Joon Ho, a quien describió como un director “muy hábil y versátil para trabajar diferentes registros genéricos, fluctuando desde la comedia sarcástica al drama desgarrador”.

¿Qué es lo que ocurre, entonces, para que Parasite –que narra la historia de dos familias de clases sociales dispares, entrelazadas por una historia de mentiras y estafas que colapsa al estallar la tensión entre “los de arriba y los de abajo”-  irrumpa con tanta potencia en la cabeza del espectador? Curcio reflexiona: “Es impactante, es incómoda, es impredecible. Bong Joon Ho sabe cómo indagar un abanico de sensaciones en su público y crear atmósferas que, tanto en esta película como en sus films anteriores, son un pasaporte a pensar alguna cuestión social que elípticamente será cuestionada”.

"El cine es una herramienta muy poderosa para reflexionar acerca de la realidad”, apunta el especialista en otro tramo de la conversación. Y enumera que, a lo largo de la historia, determinadas películas -al igual que sucesos artísticos en la historia del arte- “reflejan alguna realidad que está ocurriendo".  “Determinados artistas decodifican en búsquedas estéticas a fin de mostrar o sugerir aquello que está ocurriendo en determinada coordenada geográfica e histórica”, resume en ese sentido.

Respecto al impacto social del film, que mezcla registros de comedia, suspenso, film de terror y drama familiar con tintes políticos y que ganó la Palma de Oro en Cannes, Curcio explicó: "Parasite nos habla de un momento político que se puede extrapolar en variadas situaciones del presente, viendo espejado su impacto también en nuestra coyuntura social latinoamericana, aún reconociendo distancias culturales, diferentes arquetipos e idiosincrasias con aquellas latitudes”.

Sobre la marcada división de clases entre los dos clanes familiares que protagonizan el film (unos viven en los suburbios y otros en una lujosa mansión en la zona alta de la ciudad), Curcio reflexionó: “Podemos encontrar una analogía con los enfrentamientos entre Corea del Norte y Corea del Sur y esta especie de invasión que acontece en la película. También en una evidente apertura ideológica de Hollywood a reconocer este tipo de propuestas en pos de una mirada menos conservadora a la de antaño”.

En su charla con este medio, el analista de cine historizó acerca del rol social que cumplieron las películas a lo largo de los años haciendo hincapié en que, desde sus inicios, el séptimo arte ha sido concebido no sólo como un sólido aparato industrial de entretenimiento, “sino un vehículo artístico muy poderoso, para provocar los sentidos del espectador”.

“Como toda herramienta que favorezca el pensamiento, debe ser utilizada para generar perspectivas pluralistas que nos sirven para cuestionar el estado de las cosas”, apuntó.

"Siempre es preferible que la bajada de línea ideológica de la película no eclipse el valor cinematográfico que intrínsecamente posea determinada obra, ni nos prive de la subjetivización de toda mirada. No creo en absolutismos y considero en que no hay que subestimar al espectador y su inteligencia para crear su propio juicio. El mensaje de actualidad social como móvil otorga profundidad y relevancia a una película (como síntoma de un momento histórico en donde nos estamos replanteando como sociedad muchos valores impuestos), pero el uso del lenguaje cinematográfico debe ser utilizado como motor y potenciador de una narrativa que se abra a múltiples sentidos. Es fundamental resguardar ese espacio de libertad en donde el espectador pueda bucear, a través de los entresijos de una expresión artística y extraer sus propias conclusiones”, destacó el crítico.

Por último, Curcio bregó por  apostar a un cine “que provoque conflicto”.

“Un cine molesto, que incomode; un cine vanguardista que busque romper con los tradicionalismos. Un cine valiente que se anime a realizar una autocrítica sobre el pasado político, histórico y social de un pueblo, como ha ocurrido con nuestra industria luego de la dictadura militar", concluyó.

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