Viernes 22 de febrero de 2019
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ENTREVISTAS | 5.16.2016

Yuelze: “La música debe cumplir una función social”

Así lo manifestó Miguel Pérez, más conocido como Yuelze, un músico del oeste del conurbano bonaerense de 64 años de edad que las vivió todas en el rock y la música popular argentina de las últimas cuatro décadas. Tocó junto a Litto Nebbia, Edelmiro Molinari, David Lebón y Raúl Porchetto, entre otros. Formó parte de la banda de León Gieco y los caballos cansados; integró el dúo Miguel y Eugenio, el grupo Aucán y fue sesionista de músicos como Domingo Cura. También fue militante popular en la década del ’70. En la actualidad sigue componiendo sus canciones, da clases particulares de guitarra y lleva adelante un proyecto cultural autogestionado llamado Escuela por Escuela, desde el que intenta tejer un puente artístico entre la juventud y la música.

Es viernes y regreso al Ituzaingó que me cobijó durante años, al oeste, donde, como dicen los Divididos, “está el agite”. Me siento nuevamente como en el barrio, ese en el que todavía se encuentran varias bandas por manzanas, calles por las que transitan Bocón Frascino (ex Pescado Rabioso), el Indio Solari, Palo Pandolfo, Miguel Cantilo (ex Pedro y Pablo) o el protagonista de esta entrevista, mi amigo Miguel, o como todos lo conocemos…Yuelze.

Luego del abrazo del encuentro, nos sentamos en el mismo lugar donde dejamos todo la última vez que nos vimos…la sala de ensayo. Acto seguido unos chasquidos de un terco encendedor y el pucho que dio el pie a la siguiente charla.

¿Cómo te encontraste con la música?

A los 9 años estudiando guitarra clásica, después tocando zambas y chamamé con mis primos hasta que a mis 17 aparecieron los Beatles. Ahí los chalchaleros dejaron de ser lo que me movía, sobre todo porque el folklore tradicional era cosa de grandes y el tango cosa de viejos y no había mucha música joven. Digo que los Beatles llegaron porque salieron de un imperio, porque si hubieran salido de Avellaneda no creo que los hubieran conocido en el resto del mundo.

¿Cómo vino el despegue musical en los ’70 entre dúo y bandas? ¿Podría decirse que fuiste uno de los precursores del folk-rock nacional?

Fui uno de los primeros que realmente empezó a discutir que el rock nacional tenía que ser argentino, porque había muchas bandas, inclusive algunos músicos ya famosos, que choreaban de lo que venía de afuera, sea inglés o estadounidense. Y nosotros estábamos en un movimiento que no llegó a mayores, pero sí nos reuníamos con los Jaivas de Chile, con Santaolalla y con León Gieco, con los que teníamos un concepto de que éramos rockeros pero para pintar la aldea. También había otro rock que no concebía esa idea, llámese Pappo, Billy Bond o Spinetta, aunque creo que en el fondo el flaco era muy nacional. Nosotros habíamos empezado a explicitar la idea de un rock joven y de acá.

Recordás a músicos militantes ¿Cómo era esa fusión? ¿Existía y existe tal fusión?

Muchos músicos militantes no conocí, algunos tomaban su trabajo como militancia, como León desde el escenario. Yo tuve problemas justamente por bajar del escenario y meterme en los barrios y fue donde se me armó quilombo porque después no pude subir porque me iban a matar. Recuerdo que tocando con León un día en Moreno viene un pibe y me dice “vos sos Juancito”, que era mi nombre clandestino y le digo “estás equivocado, no soy Juancito” y él responde “dale boludo, te conozco del barrio”. Fue ahí donde me di cuenta que ya no me podía seguir subiendo al escenario porque me junaban de todos lados.

Participaste de varios festivales como el del triunfo peronista de 1973 que devolvió la democracia, el BA Rock, el acusticazo, etc. ¿Cuál fue el que te partió la cabeza, como símbolo de toda una época?

Participé de todos esos recitales. Antes que nada, eran auténticos. En aquel tiempo, a León y a Miguel y Eugenio, entre otros, el único que nos daba bola era Daniel Ripoll, quien fuera el Director de la Revista Pelo y organizador del BA Rock, porque creía que lo que hacíamos estaba bueno, porque el rock de esos años era realmente auténtico, es decir, había cierta ideología rockera, juventud rebelde que creía que el camino del capitalismo o de la guita no era el único camino. El rock estaba conectado con el amor, creíamos en el amor, creemos en el amor, el rock nace desde el amor.

¿Existía una clara diferencia entre jóvenes militantes y rockeros?

Se mezclaban un poco, pero estaba bien delimitado; igual había cierta unidad. Para 1973 todavía desconfiaba un poco de la política, pero ese retorno a la democracia, luego de varias dictaduras, fue una bisagra para todos, aunque muchas cosas me hacían ruido en la cabeza, como Ezeiza; después me pasaría lo mismo con el armado peronista de la Triple A. Nosotros vivimos una confusión muy grande, a su vez con buenas intenciones. Al mismo tiempo los rockeros hicimos muchas cosas por lo coyuntural, como el recital de la solidaridad latinoamericana para los combatientes de Malvinas en el ’82 y otros tantos. Hubo siempre una implicancia franca y directa de unidad entre los músicos y lo que pasaba, como el caso de la marcha de la Bronca de Miguel Cantilo.

¿Sentís que hoy va emergiendo una bronca parecida como la de aquellos tiempos?

Creo que se está gestando, porque todavía estamos muy frescos en este baile que hicieron desde el marketing, donde hubo mucha guita para tergiversar a la opinión pública a través del Grupo Clarín y todos sus secuaces. Le han hecho el bocho a la población ¡Los medios siempre fueron un poco turros! A mí me pasó cuando llevaba los discos a las radios, donde la mayoría si no ponías plata no te pasaba un carajo. Muy pocos nos transmitían y nos animaban, entre ellos Juan A. Badía, el Negro Marthineitz, Miguel A. Merellano y tres o cuatro más. Muchos rockeros que quieren ser famosos lo hacen a cualquier costo, es por eso que a finales de los ’80 y los ’90 un montón de pibes con el objetivo de ser famosos permitieron que se coimeé para pasar su música y nacieron el Quilmes y el Pepsi Rock, y ahí es donde el rock fue ganado por el sistema. Le sacaron lo que tenía de vital, de revolucionario o de movilizador. Las empresas vieron que había pendejada y le metieron la publicidad ¡Mejor que tomen cerveza y no hablen!

Me das el pie para preguntarte sobre lo que dijo Charly García hace un mes atrás y que retomó Billy Bond, sobre que al rock nacional le falta ese factor ideológico que alguna vez tuvo, y hasta se animó a decir que lo que se hacía acá era una garcha atómica ¿Vos qué pensás al respecto?

Apoyo lo que Charly dice, pero no de manera general, porque las generalidades siempre hacen injusticias. No todos son una garcha atómica, hay pibes que hacen cosas muy buenas, inteligentes y creativas. Lo que sí hay es un gran predominio del rock ganado por el sistema, aquellos a los que les interesa muy poco el contenido del mensaje de lo que hacen, tanto musical como literario. Encuentro una confusión de lo que se armó, donde el señor Tinelli hizo mierda un montón de valores. El arte se fue al carajo, porque arte es hacer algo con amor para el otro, con un sentido de originalidad ¿Decime cuántas bandas cumplen con ese principio?

¿Cómo se hace ahora para seguir construyendo un escenario que contemple a los músicos por fuera del mercado, y qué opinión te merece el camino hacia lo que es la ley de la música y su órgano de gestión y producción el Instituto Nacional de la Música (INAMU)?

¡Me parece excelente! Varias veces lo hablamos con Diego Boris, pero me parece que le faltó una implementación concreta y en el medio los agarró todo este quilombo de los globos. La intención de la ley de la música es bárbara, pero la realidad es que todavía muchísimos músicos deben pagar para tocar porque no hay otra forma.

El día en que tuve la suerte de charlar dos horas con Joan Manuel Serrat me dijo: “un músico popular es como un periodista que tiene una columna en un diario, sino la usa bien, no está cumpliendo ninguna función social”, esa frase me marcó para siempre. Sería algo así como qué sentido tiene que yo cante para que mi ego se alimente, o si canto porque estoy brindando algo que sea útil para el bien común.

Han quedado varias temas sin tratar, como tus inicios en Miguel y Eugenio, Aucán, los caballos cansados con León Gieco, tu retirada de la música y el regreso, y sobre todo lo que has generado en los últimos años, como los proyectos colectivos del centro cultural “La Casa de Yuelze” y Escuela por Escuela…

Te cuento algo que no lo cuento casi nunca, pero en esa foto que ves en la que estamos con León en un viaje que hicimos a Santa Cruz en el 2005, él me cuenta que en toda su carrera el mejor recuerdo que tiene es cuando nos íbamos en el auto de mi vieja a Córdoba, con Raúl Porchetto, mi hermano Eugenio y yo, los cuatro en un Dodge 1500. Me llamó mucho la atención, porque León tocó en todo el mundo, pero su recuerdo era ese viaje, con ese clima donde nos divertíamos muchísimo, sin presiones de nadie, ni del representante, ni del micro para viajar. Íbamos a tocar por un asado que nos invitaban y después sacábamos de lo que se recaudaba. Después de la anécdota sobre aquel viaje me quedé pensando sobre cuando laburé con él en giras, y caí en que no tuve la misma sensación de placer que tuvo él, porque íbamos con un micro contratado por una empresa, con sonidistas y demás. En una ciudad me acuerdo que nos sacaron a cascotazos porque el que había contratado a León se había ido con toda la guita y estaba toda la gente como loca esperando que salgamos a escena y como el representante dijo “no tocamos porque no está la guita”, nos terminaron cagando a piedrazos. Era otro mundo, ya existía algo que podríamos llamar la diferencia entre lo autogestivo y lo comercial o empresarial.

Curiosamente volví a la música en el 2001 cuando me re fundí con el estudio de diseño que tenía, y tres años después estando desocupado, gracias a un amigo pude poner La Casa de Yuelze, un lugar de encuentro donde todos venían a tocar, donde además se llevaban un mango, un ida y vuelta entre compañeros.

¿Cómo retornamos o reencausamos el proyecto nacional y popular?

El liberalismo funciona cuando a la gente le chupa un huevo todo, como cuando viven pensando sólo en el auto que se compró para ir el sábado al boliche, y al mismo tiempo va a entablar una relación con una chica con la que también buscaba un tipo con un auto y que la lleva al boliche el sábado y nada más, el resto no existe… de eso se trata el individualismo, valor muy lejano a la sensibilidad y el amor.

Sin lugar a duda la vida de este artista ha sido y es un camino con muchísima polvareda levantada en esto llamado arte de la música, y trinchera también. Asociación imposible de separar en épocas donde el individualismo opera como única opción imperante.

“El Rock está despierto, siempre andará por acá”

Biografía Musical

Miguel y Eugenio 1972

https://www.youtube.com/watch?v=pmMjWxTgW-A&nohtml5=False

Miguel y Eugenio en el Programa Melopea Nº 8 conducido por Lito Nebbia, emitido el sábado 28/04/73 por Radio Municipal

http://www.losincunables.com/2011/12/litto-nebia-miguel-y-eugenio.html

Acusticazo

https://www.youtube.com/watch?v=-uVuqNvtrZU

Aucán

https://www.youtube.com/watch?v=Iebey0wdtHY

Yuelze

https://www.youtube.com/watch?v=D9BPjAR-510

Más información en: http://www.yuelze.com.ar/