Lunes 26 de agosto de 2019
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SOCIEDAD Y CULTURA | 2.16.2016

En busca de la soberanía perdida

La historia indica que Argentina es la única heredera de las islas Malvinas, tierras que hasta antes de 1810 estuvieron en manos de la corona española. Entre 1983 y 2002 el Estado argentino se mantuvo alejado del reclamo de soberanía. En 2003 Néstor Kirchner se entrevistó con el Primer ministro británico, Tony Blair, transformándose en el primer presidente argentino desde la finalización de la guerra en 1982, en poner nuevamente como cuestión el reclamo por nuestra soberanía nacional.

Al cumplirse hoy 34 años del desembarco de las tropas argentinas en las islas, la historia afirma que Malvinas e islas periféricas del Atlántico Sur (Georgias del Sur, Sandwich del Sur y Aurora), pertenecen al territorio nacional.

Cabe recordar que el 2 de abril de 1767 España entró en posesión del territorio del Atlántico Sur. La corona española tuvo el control y soberanía real hasta que cayó el virreinato del Río de La Plata en 1810 en manos de las Provincias Unidas del sur.

Por su parte Gran Bretaña, que hasta ese entonces solo incursionaba en las islas para el aprovisionamiento de sus barcos de manera ilegal, gestó un plan estratégico para adueñarse de aquellos títulos que se pasaron de mano en mano entre las potencias europeas.

A fines del año 1820, el gobierno de Buenos Aires envió la nave ‘La Heroína’ y en septiembre sus tripulantes izaron el pabellón nacional argentino. En Junio de 1829 el gobernador de Buenos Aires, Martín Rodríguez, decretó la Comandancia Política y Militar de las Islas y puso al frente a Luis Vernet.

1833: giro radical

En enero de 1833 Gran Bretaña desembarcó con fines de ocupación territorial ejerciendo su violencia corsaria. Fue así que la embarcación “Sarandí”, a cargo del comandante Luis Pinedo, quien se encontró en las islas junto a Vernet y a otras 30 personas, decidió retirarse frente al desembarco de dos naves, una británica y otra estadounidense.

Ese mismo año, parte de la peonada trabajadora que acompañó a Vernet efectuó un hecho soberano. Cuando el gobernador volvió a Buenos Aires, ocho gauchos comandados por el entrerriano Antonio Rivero, se sublevaron frente al colono irlandés William Dickson (quien había quedado al mando del archipiélago), por la explotación y la hambruna a la que fueron sometidos, e izaron nuevamente la bandera celeste y blanca. Por su parte los británicos volvieron y capturaron a los gauchos y los enviaron a Gran Bretaña para ser juzgados e izaron otra vez su bandera, la cual no dejó de flamear ininterrumpidamente hasta 1982.

A raíz de la ocupación británica de enero de 1833, Argentina comenzó en 1885 a llevar a cabo un reclamo en materia de legítima soberanía, siempre frente a la negativa al diálogo por parte de la corona.

A lo largo del siglo XX las tratativas por parte de Argentina de negociar con Londres, tampoco tuvieron resultado. Dicho reclamo fue derivado a las Naciones Unidas y recién en 1973 el gobierno argentino pidió que no se explote el suelo que por derecho territorial le corresponde.

Operación Cóndor, utilización militar y tibias maniobras democráticas

En 1966, dieciocho jóvenes estudiantes y obreros peronistas lograron mojarle la oreja al dictador Juan Carlos Onganía y a la corona británica. El 28 de septiembre de ese año, el mismo en que el director de cine y militante Raymundo Glayzer realizó el documental social llamado “Nuestras Islas Malvinas”, secuestraron un avión de línea y lo pilotearon hasta las Islas, donde izaron siete banderas argentinas que flamearon durante 36 horas en una demostración de reclamo por la soberanía nacional. “Muchachos, aunque nos cueste la vida. Lo de menos es que nos lleven presos a Inglaterra. Lo más glorioso, que caigamos en el intento”, exclamó Dardo Cabo antes de salir.

En 1977, en plena dictadura cívico-militar, un alto funcionario del gabinete británico voló hacia las islas. A su regreso visitó Buenos Aires y abrió la posibilidad de empezar un acercamiento. Pero hacia 1982, cuando la dictadura militar llegaba a su fin, el por entonces dictador Leopoldo Fortunato Galtieri, con el visto bueno original del gobierno de Estados Unidos y un acto multitudinario en Plaza de Mayo que apoyó la misión, le declaró la guerra a Gran Bretaña a la voz de “si quieren venir que vengan, le presentaremos batalla”. La estrategia de falso patriotismo por parte de los últimos eslabones de la dictadura hizo que un gran número de argentinos y argentinas olvidaran la tortura, desaparición y muerte que durante siete años marcaron al país.

La fecha elegida por Galtieri para desembarcar en las islas fue el 2 de abril, en memoria al primer asentamiento de la corona española en 1767. El saldo de la batalla ya es conocido: más de 600 soldados argentinos muertos por las balas inglesas y por la utilización genocida argentina de la guerra.

El regreso de la palabra prohibida

Dicho subtítulo corresponde al titular de Página/12 (http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-22720-2003-07-14.html) que eligió Fernando Cibeira el 14 de julio de 2003, día en que Néstor Kirchner se entrevistó con el Primer ministro británico, Tony Blair, transformándose así en el primer presidente argentino desde la finalización de la guerra en 1982 en poner nuevamente como cuestión el reclamo por Malvinas.

El 25 de mayo de 2003, Néstor Kirchner pronunció estas palabras ante la Asamblea Legislativa: “Venimos desde el sur de la Patria, de la tierra de la cultura malvinera y de los hielos continentales y sostendremos nuestro reclamo de soberanía sobre las islas.”

Cibeira en su nota describió así la reunión entre Kirchner y Blair. “Kirchner introdujo el tema cuando le explicó a Blair que había nacido en la Patagonia, en la provincia más cercana a las Malvinas (…). Le contó que resultaba ‘un tema ineludible de tratar’. Y ahí fue cuando mencionó la palabra ‘soberanía’, un vocablo perdido en el lenguaje presidencial en los contados contactos bilaterales que se produjeron en los últimos veinte años”.

Asimismo Cibeira recreó en su nota puntos históricos sobe e tema y sostuvo que “durante la presidencia de Raúl Alfonsín se mantuvo el estado de beligerancia que siguió a la guerra, por lo que no se concretaron reuniones cumbre. En 1989, Carlos Menem decidió normalizar las relaciones con Gran Bretaña poniendo a la soberanía bajo un umbrella (paraguas) y buscando seducir a los kelpers mandándoles ositos de regalo para Navidad. Cuando al fin le tocó estar frente al entonces primer ministro, el conservador John Major, se cuidó muy bien de hablar de soberanía. Fernando de la Rúa siguió el mismo ejemplo, incluso aquel día que Blair aterrizó en Misiones para visitar las cataratas del Iguazú. Por eso, lo de ayer (por el 14 de julio de 2003) significa una vuelta a las posiciones históricas del reclamo argentino, que el Presidente prometió mantener de ahora en más como una política de Estado”.

La postura por el legítimo derecho soberano y continental del ex Presidente Néstor Kirchner como política de Estado, fue categórica e histórica, como así también la postura de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, quien trató el tema tanto en la ONU como en todos los organismos internacionales.

Malvinas, una causa democrática, popular y latinoamericana

Como dijo Cristina Fernández el día en que presentó la desclasificación del Informe Rattenbach (un documento crítico producido por los mismos militares, más conocido por el apellido de quien presidió la comisión, el teniente general Benjamín Rattenbach) “la soberanía, como es de suponer, no se agota en lo estrictamente territorial, sino también contempla la defensa de los recursos naturales”.

En consonancia con el pedido argentino (gestión de la ex Presidenta Cristina Fernández de Kirchner), es notable cómo la amplia mayoría del continente americano, excepto Estados Unidos, Canadá y algunos enclaves coloniales, se proclamaron a favor de Argentina y pronunciaron a Malvinas como una causa democrática, popular y latinoamericana, para ponerle coto al coloniaje en el siglo XXI.

Es a través de esta fuerza colectiva que la Patria Grande espera ansiosa el día en que la bandera celeste y blanca flamee en aquellas tierras australes del fin del mundo, que le pertenecen por derecho a los argentinos y argentinas.