Domingo 09 de agosto de 2020
Facebook Twitter Instagram RSS
INTERNACIONAL | 7.15.2015

"Francisco amigo" fue el grito que escuchó el Papa en su visita a Guayaquil

Francisco reivindicó el valor de la familia. Antes de la ceremonia, saludó desde el papamóvil a los miles de fieles que se congregaron en el campo eucarístico de Samanes.

Cuando el papa pisó suelo guayaquileño en la Base Aérea Simón Bolívar procedente de Quito, los asistentes estallaron en júbilo. "Francisco amigo", corearon los seguidores católicos.

Allí, el Papa fue recibido por el vicepresidente de la República, Jorge Glas, entre otras autoridades locales y nacionales. Los balcones de las casas aledañas a la base se engalanaron con motivos alusivos a Francisco.

La ansiedad y el calor, mientras tanto, causaron estragos en algunas personas en Samanes, quienes fueron rápidamente atendidas por paramédicos de la Cruz Roja, que se apostaron en cada uno de los 32 bloques en que fue organizado el predio eucarístico.

Luego de visitar el Santuario de la Divina Misericordia, ubicado a 26 kilómetros al oeste del centro urbano guayaquileño, el pontífice se encaminó, en el sencillo auto Fiat asignado para sus recorridos en Ecuador, rumbo al parque Samanes, en el norte de la ciudad.

En su trayecto, Francisco recibió el cariño de los guayaquileños que viven en barrios aledaños que se volcaron a los costados de las avenidas por donde pasó la caravana papal. Esos detalles fueron atestiguados por la feligresía ubicada en Samanes.

Después de un recorrido de unos 20 minutos, el momento esperado por los cientos de miles de personas llegó a su fin. Francisco ya no fue observado por una pantalla sino que fue visto en persona abordo del papamóvil.

Nadie quiso dejar escapar ese momento histórico y en sus celulares y cámaras fotográficas y de vídeo captaron su paso, su saludo, su característica sonrisa y su impecable atuendo religioso de color blanco.

En el templete, lo recibieron autoridades eclesiásticas y el coro ofreció unas notas melodiosas que llenaron de emoción a la gente.

En la misa, Francisco puso énfasis en la protección a la familia. "La familia constituye la gran riqueza social que otra institución no puede sustituir", expresó el pontífice.

Emilio Piedra, un católico del sector de Las Orquídeas, no dejaba de orar mientras en la ceremonia se ofrecía la comunión a la multitud. Una repentina ventisca refrescaba de vez en cuando el ánimo de las personas.

Finalmente, después de 87 minutos, el Papa pronunció sus últimas palabras: “Rezo por las familias de cada uno de ustedes, les pido que no se olviden de rezar por mí. Hasta la vuelta”.

La emoción invadió a muchos de los feligreses, algunos de los cuales intentaron acercarse al papamóvil para darle un agradecimiento por su presencia en Ecuador y un “hasta pronto” al primer papa latinoamericano de la historia, el argentino Jorge Mario Bergoglio.

Después de la misa, los cientos de miles de feligreses salieron ordenados, gracias al operativo que implementaron los cerca de 8.000 integrantes de las fuerzas del orden y del voluntariado.

“El papa nos deja una maravillosa reflexión para cuidar y proteger lo más valioso que es la familia”, expresó Stalin Cando, quien llegó junto a su esposa y se retiró caminando a su vivienda ubicada en un barrio residencial del norte.

El padre Ángel Villamizar, párroco de la iglesia del Cristo del Consuelo, se mostró emocionado por la oportunidad de haber compartido junto al santo padre y la comunidad católica guayaquileña.

El sacerdote fue protagonista junto a cientos de fieles de una procesión la víspera de la misa con la imagen del Cristo del Consuelo, símbolo emblemático de la devoción católica local, que fue colocado en el templete cerca del sumo pontífice.

Francisco posteriormente se dirigió a un almuerzo y encuentro privado con la comunidad jesuita, a la que pertenece, en el colegio Javier. Allí saludó con el padre Paquito, Francisco Cortés, un religioso de 91 años y amigo personal al que Jorge Bergoglio conoció en la década de los ochenta.

Luego, se dirigió a la base área local, no sin antes despedirse de los feligreses que se apostaron nuevamente en las avenidas para decirle "Gracias Francisco".

Fuente utilizada: Ansur