Miércoles 23 de octubre de 2019
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EDITORIAL | 17.15.2015

La propuesta política que se esconde detrás del “cambio y la gente”

La etimología de la palabra “cambio” del latín cambium, “hacer trueque, dar una cosa por otra” es tomado del celta o del galo con la idea de curva. Cuál es el proyecto político que se pone de manifiesto a la hora de utilizar estos conceptos.

Cambio es el concepto que denota la transición que ocurre de un estado a otro. En física podría ser la mutación de estados en una materia (sólido, líquido o gaseoso) mientras que en las personas puede atribuírsele a la situación civil (soltero, casado, divorciado o viudo). En política la intencionalidad empleada por la oposición del concepto, es arbitraria. El cambio es el achicamiento del Estado, es la premisa de no intervención de éste en la economía ni en los asuntos más relevantes de la sociedad en su conjunto como salud, educación o aparato productivo.

No hay ningún misterio por develar, no está mal la arbitrariedad en el lenguaje, la historia demuestra que la lucha entre proyectos también se da en las palabras. Lo que sí debe existir es un blanqueo discursivo en la utilización de las mismas porque son el reflejo de propuestas políticas. Y los votantes tienen derecho a saber cuáles son. Sobran ejemplos en la historia argentina de políticos que en campaña no expresan con claridad lo que harán en la gestión de gobierno una vez ganadas las elecciones, por miedo a perder volumen electoral.

La crisis política, económica y social que sacudió al país en 2001, consecuencia directa de la injerencia del proyecto neoliberal de la dictadura continuado durante el menemismo, despertó al pueblo argentino. Hoy la sociedad interpela a los políticos de manera directa y observa de frente las acciones de los candidatos.

Por eso es importante reconocer cuál es el mensaje que enuncian los políticos a la hora de presentarse como el cambio para la sociedad, porque en estas elecciones de octubre no está en juego el poder de las palabras sino la representatividad institucional de las ideas. Así, en declaraciones de algunos de los candidatos de la oposición se encuentra la respuesta. “Hay que privatizar Aerolíneas Argentinas”, expresó el actual jefe de Gobierno porteño y candidato a Presidente, Mauricio Macri en 2009. Semanas atrás en declaraciones televisivas Horacio Rodríguez Larreta del PRO sostuvo esa posición, aunque más solapada; “Si una empresa estatizada es lo que es Aerolíneas hoy, yo no quiero una empresa así”. Cabe recordar que Rodríguez Larreta fue director Ejecutivo de ANSES en los años '90 y que contrató consultoras para diseñar el ajuste, cerró oficinas y echó a más de 1500 empleados. Algunos se animan a más y le atribuyen la trágica decisión del Dr. René Favaloro de terminar con su vida, tras un pedido de respuesta a la crisis que atravesaba la fundación cuando el actual candidato a jefe de Gobierno porteño dirigía el PAMI.

La estatización de algunas empresas del Estado como la línea de bandera nacional o la misma YPF es parte del proyecto estratégico actual que se erige como restaurador de derechos sociales e integrador latinoamericano en sus instancias internacionales como el Mercosur, Celac o Unasur. A pesar de los aciertos, errores y cuentas pendientes existe un norte político que antepone las necesidades del pueblo por sobre los intereses de las corporaciones y el mercado.

“La gente quiere un cambio”

En este slogan de la oposición, impulsado por las empresas de marketing que poco entienden de política, se establece un enlace entres dos conceptos que aparentan tener cierta solidez. Es una muletilla recomendada por las agencias, gente y cambio, es la combinación perfecta para despertar en el inconsciente colectivo la canalización de la bronca por la corrupción e inseguridad fogoneada desde las corporaciones mediáticas que responden al proyecto opositor.

Es así que desde el Frente Renovador y Pro, como las principales fuerzas opositoras a nivel nacional, la utilización desmedida y repetitiva de ambos conceptos identifica el significado de dicho discurso en detrimento de “transformación y pueblo” que enarbola el peronismo.

La transformación política del kirchnerismo no se plantea como el sinónimo de cambio utilizado por la oposición. Más bien se emparenta a profundizar lo realizado, contemplar los errores y abordar las deudas sociales. Deudas justamente ocasionadas por el desarrollo del proyecto que propone un cambio, que más que cambio plantea un giro de 180º para volver a un pasado oscuro de intereses ajenos a la patria.