La reacción adversa de los inversores no respondió a factores estrictamente locales, sino al fuerte impacto en cadena provocado por el hundimiento de los activos brasileños: el índice Bovespa abrió la semana con pérdidas de dos dígitos y el real experimentó una marcada depreciación frente al dólar estadounidense, traccionando a la baja al resto de las economías emergentes de la región. La toma de ganancias masiva en los mercados de la región golpeó de lleno en los títulos soberanos y corporativos locales. La depreciación de la divisa brasileña añade presión competitiva sobre las cuentas externas de la Argentina.
El sesgo bajista se sintió con particular virulencia en los sectores más expuestos al comercio bilateral e interjurisdiccional:
Papeles energéticos y bancarios al frente del declive: Las acciones de YPF, Grupo Financiero Galicia, Banco Macro y Pampa Energía registraron caídas en la Bolsa de Nueva York que oscilaron entre el 4,5% y el 8,2% en las primeras horas de operaciones.
Presión sobre los Bonos de la Deuda: Los títulos públicos globales en dólares (GD30, AL30) retrocedieron hasta un 3,5%, elevando el indicador de Riesgo País elaborado por JP Morgan por encima de los niveles de contención que venía sosteniendo el equipo económico.
Temor por el canal comercial: Analistas de la City señalaron que la perspectiva de un real más débil y una eventual política de subsidios o controles en el país vecino encendió alarmas sobre la capacidad de recuperación de las exportaciones industriales y agropecuarias argentinas dirigidas al gigante sudamericano.
Frente al cimbronazo bursátil, los operadores financieros recortan posiciones preventivas a la espera de que el equipo económico de Lula emita señales claras respecto de la meta fiscal, la autonomía del Banco Central de Brasil y los nombres que ocuparán la conducción del Ministerio de Hacienda en el Planalto. En el Palacio de Hacienda local, en tanto, monitorean el comportamiento del Mercado Único y Libre de Cambios (MULC) ante la eventual necesidad de calibrar la paridad del peso para evitar una mayor pérdida de competitividad frente al principal socio comercial. La volatilidad importada del exterior añade un nuevo factor de estrés a la estrategia de estabilización macroeconómica del Gobierno. El reclamo del mercado por definiciones sobre el Gabinete económico brasileño mantiene en vilo a las plazas internacionales. La necesidad de preservar la competitividad cambiaria desafía el esquema de crawling peg del Banco Central.
Si el nuevo gobierno brasileño logra encauzar las expectativas de los agentes económicos mediante compromisos de disciplina fiscal, el mercado regional tenderá a estabilizar las cotizaciones en las próximas rondas; de lo contrario, la sangría de los activos de la región seguirá castigando a las cotizaciones argentinas. El pulso de Wall Street y la evolución del real fijarán la pauta para los activos locales en el tramo final del año.
En las próximas jornadas, las declaraciones de las autoridades electas en Brasilia y la dinámica del mercado cambiario en Buenos Aires determinarán si el "efecto contagio" se profundiza o encuentra un piso de resistencia. Las mesas de dinero operan en máxima alerta. La incertidumbre en los mercados emergentes marca el ritmo del frente financiero.