La Gran Marcha....Hacia dónde?... - Política y Medios
16-10-2026 - Edición Nº6832

OPINIÓN

La Gran Marcha....Hacia dónde?...

18:15 |Vengo de la marcha universitaria. En realidad, más que una marcha, vengo de una concentración frente al Congreso Nacional (otra más!...).

Y si bien la convocatoria partió centralmente de las autoridades de la llamada comunidad universitaria, la concentración contó no sólo con los gremios docentes y no docentes sino también con el aporte de muchos gremios de la  CGT, de CTA mas agrupaciones y partidos políticos que acudieron para exigir el cumplimiento de la ley de financiamiento universitario y para poner sobre la mesa una carta más fuerte: completar la derogación del DNU 70/23, núcleo conceptual y alma del programa de la Antipatria.

Bien, la Ley de financiamiento sigue sin cumplirse, aún estando agotadas las instancias judiciales correspondientes, caso inédito en lo que va del trayecto democrático iniciado en 1983.

A su vez, tampoco se logró el Quórum necesario para la derogación del infame decreto.

Entonces: lo de hoy fue una derrota popular?...

Rotundamente NO.

De ninguna manera.

Nos toca atravesar una época donde la maniquea forma binaria de pensar en términos de blanco o negro, de suma o resta, de todo o nada, se revela por lo menos inadecuada. Y en materia de análisis político, claramente errada e insuficiente.

Claro que hubiera sido maravilloso ver cómo el Congreso le aplicaba un tiro de gracia al dislate jurídico que constituye un insulto a la fe democrática y al propio fundamento del Congreso mismo.

De igual forma, no resulta agradable ver como el financiamiento universitario, debatido y consensuado formal y legalmente, es reemplazado por multas específicas por no cumplir efectivamente con el imperio de la Ley, a instancias de un Poder Judicial que asiste impotente al incumplimiento desembozado del Poder Ejecutivo.

Y entonces?...

Entonces se trata de mirar la película y no la foto.

Se hace necesario comprender esta convocatoria desde la noción de proceso, de una secuencia de acciones que no arrancaron precisamente hoy y que seguramente proseguirán en busca de acelerar el estado de descomposición que presenta el oficialismo.

Este proceso, que para no ser original, podríamos denominar de recomposición del campo popular, requiere para su evaluación acertada dos cuestiones fundamentales a la hora de medir cuál es su eficacia y potencialidad:

1- La constitución del sujeto político que provoque un cambio en la dinámica institucional de la Nación.

2- La capacidad de construcción ya no de una alternativa meramente gubernamental respecto del oficialismo, sino de un programa superador que parta de la impugnación absoluta de las bases conceptuales y las premisas con las cuales la Antipatria ocupó un lugar al cual sólo pudo acceder merced a la inconsecuencia, la mezquindad y el abandono de sus mejores banderas por parte de una dirigencia que no digiere su propia incapacidad y falta de patriotismo.

Si ponemos un ojo sobre el sujeto político, yendo al caso de la concentración de hoy, se pudo apreciar que en buena hora, no sólo los universitarios se movilizaron en forma masiva. Numerosos estudiantes secundarios participaron con un entusiasmo quizás mayor que el de sus mayores y futuros profesores.

También fueron de la partida los trabajadores organizados en sus sindicatos y centrales sindicales quienes cabe señalar que cumpliendo con su papel histórico, vienen siendo eje de  convocatorias que han ido más allá de su interés sectorial prácticamente desde los primeros días de desarrollo del experimento libertario, muchas veces ninguneados y  no siempre acompañados por otros sectores, no así en la ocasión que nos ocupa hoy.

Y si pusiéramos el otro ojo sobre la cuestión del sujeto político, algunas lecturas de los últimos y recientes acontecimientos ponen en evidencia las concepciones con las cuales se pretende  intervenir y resolver esta encrucijada:

De un lado, los que eligen seguir los tiempos legislativos, poniendo en el centro de la táctica el trapicheo de votos, quórum y negociación entre los bloques, sub bloques y mono bloques, en este plano la movilización popular se concibe exclusivamente como un factor de presión, pero subordinado a los tiempos que marquen los profesionales de la política.

 Por el otro lado, ya se dejan escuchar aquellos que postulan una perspectiva insurreccional, donde por el contrario, la movilización callejera es el único camino a seguir a despecho de los costos humanos que suponen la irrupción popular en los espacios donde se cree que se deciden los destinos de la política. Claro, este romántico trayecto está pensado desde una perspectiva donde la construcción de mediaciones políticas, de organización popular, de ámbitos de discusión intersectorial, son vistos como lujos o veleidades de burócratas.

Estas miradas no pueden ignorar el segundo punto que planteamos: la construcción de un programa político que sea mucho más que un conjunto de medidas de gobierno. Un programa de identificación de los auténticos intereses nacionales, que contemple al poder no como un objeto de administración, sino como una continua creación a través del Pueblo en función de los valores que nos representan y con un sistema democrático que vaya más allá de la representación liberal, con participación de la comunidad organizada como sustento y fin a la vez.

Por eso, la concentración de hoy, si bien no pasará a la historia como un triunfo popular, no puede dejar de ser apreciada como un momento muy importante en esa construcción que deseamos y anhelamos. Porque la salvaje represión desatada contra sus participantes confirma el diagnóstico de un gobierno debilitado, sin plan alternativo, que carece de credibilidad y que está pasando del desprecio institucional como medio de diferenciarse de la famosa casta, a protagonizar cotidianamente el ridículo como modo de gobierno.

Hace bastante tiempo que todas las movilizaciones populares parecen más dirigidas a ser escuchadas por el campo político propio que a conseguir torcer el brazo del oficialismo.

Quizás escuchar ese reclamo, y hacerse cargo de las responsabilidades que eso significa, pueda reparar en parte el daño ocasionado por tanta impericia, que abrió el paso para la llegada de la antipatria.

Lo de hoy, 15 de octubre, seguramente no ha tenido ni tendrá la trascendencia ni el brillo histórico de aquél 17 del mismo mes, pero no ha dejado de ser otro ladrillo en la pared al pie de la cual en algún momento más temprano que tarde más de uno deberá pararse para enfrentar un pelotón de argentinos bien nacidos que exigirán justicia frente a tanto dolor, a tanto atropello, a tanta afrenta al honor nacional.

A no dejarnos amargar con los devotos de las eternas derrotas ni con los hábiles mercaderes de la política profesional.

Vengo de la marcha universitaria recordando al autor de “ El hombre que está solo y espera”. Y me lo imagino al inmenso Raúl Scalabrini Ortiz diciéndonos:

“Creer!! He ahí toda la magia de la vida”.

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