A diferencia de lo que ocurría en décadas pasadas, el enorme atractivo geológico y productivo de la cuenca no convencional de Neuquén le otorga a la Argentina un poder de presión inédito en los mercados internacionales. El objetivo estratégico de la administración de Javier Milei es ahogar el financiamiento y la cadena de suministros de los proyectos en el archipiélago, bloqueando el inicio de las extracciones comerciales previstas por firmas licenciatarias de la corona británica.
El disparador que aceleró los plazos institucionales fue la confirmación de la decisión final de inversión adoptada por las compañías Navitas Petroleum y Rockhopper Exploration para desarrollar el yacimiento Sea Lion. Frente a ese escenario, la Cancillería desplegó una arquitectura legal combinada que incluyó el envío de notas formales a embajadores de 29 países donde radican las casas matrices de los principales contratistas de servicios del sector.
La lógica de la intimación gubernamental radica en alterar la ecuación de costo-beneficio de las corporaciones transnacionales que actúan en la región austral. El canciller Quirno explicó los alcances de esta jugada al señalar que perder acceso al mercado argentino sería ahora una consecuencia comercial considerablemente mayor para cualquier proveedor debido al boom del shale oil. De esta forma, el subsuelo neuquino se transforma en el principal activo de negociación exterior de la República.
Para instrumentar este torniquete comercial, el Poder Ejecutivo nacional enviará al Congreso de la Nación un proyecto de ley enfocado en reformar de manera integral la Ley 26.659. El nuevo articulado legal establecerá una ampliación drástica del espectro de empresas pasibles de ser sancionadas, alcanzando no solo a las operadoras directas de los pozos sino a toda la cadena logística, de transporte y de consultoría técnica que preste funciones sin autorización argentina.
Como contrapartida regulatoria inmediata, la Casa Rosada implementará un filtro burocrático infranqueable atado a las ventajas impositivas del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Las corporaciones interesadas en los beneficios fiscales deberán refrendar de forma obligatoria una declaración jurada que certifique que no registran actividades comerciales o de asistencia técnica vinculadas con las licencias emitidas de forma ilegal por la gobernación colonial del archipiélago.
Los analistas del sector energético consideran que la efectividad real de esta audaz maniobra geopolítica tendrá su examen definitivo en el comportamiento que adopten los gigantes de servicios petroleros. Si firmas de primera línea mundial resuelven apartarse preventivamente de los contratos británicos para resguardar sus inversiones multimillonarias en la Patagonia, el Estado argentino habrá demostrado que el potencial de sus recursos naturales puede traducirse en una herramienta de soberanía sumamente efectiva.