No sabemos aún si son los últimos pasos de un tiempo fructífero, aunque también cruel. Sisabemos, que hay signos claros de agotamiento en los conductores de esta máquina que transitaa gran velocidad.
A nosotros, Argentinos aún, el equilibrio europeo, nos permitía entender la historia. Subordinada tal vez, periférica seguramente, pero comprensible. Estados Unidos, fue también un heredero razonable y respetuoso de ese equilibrio. El momento actual plantea un desbalance. Un desequilibrio con actores nuevos a los cuales no estamos acostumbrados. Muchos de ellos, lejanos. Demasiado lejanos.
De no conseguir un proyecto americano o latinoamericano, algo que nos proteja, ni siquiera seremos capaces de comprender el mundo que nos somete. ¿Sudamérica? también son muchos pasos, pero un solo camino. Nuestra historia encierra un tesoro. El amor, la caridad y el
humanismo. Valores, que nos deben estremecer ante la violencia de los barbaros y de los civilizados del mundo, que sin pudor lo destruyen.
No parece, que, en el corto plazo, vayamos a encontrar el camino en estas pampas. La en comandita que alcanzó el poder en la Argentina, está convencida de estar dando la disputa en defensa de occidente contra la amenaza oriental. Con ese convencimiento, como si el partido
estuviese en el minuto decisivo, sacrifican en los altares de la patria en todo momento todas las cosas. Una razón de estado incomprobable justifica los posicionamientos internacionales, los conciertos de Rock y las disputas con la farándula o con la selección nacional de futbol en las redes sociales.
Los defensores de la libertad occidental no son más que señoritos satisfechos que se volvieron inmediatamente insatisfechos y caprichosos desde que llegaron a la casa rosada a tocar la campanita, a exigir que se los atiendan viendo cómo ven, un mundo nuevo abrirse a sus deseos. Acumularon prebendas, millas y propiedades. Ostentaron el latrocinio como nuevo rico que no sabe de discreción y se ofendieron y atacaron a todo aquel que cuestione sus modos, sus cosas, sus dichos. Antes, el sordo no se resentía de la palabra por no saber cómo suena, pero eso era antes, ahora andan todos enojados.
El escenario en el que se disputa el partido tiene en las tribunas un público desencantado. ¿Hasta dónde aguantará la sociedad? Difícil saberlo. El macrismo no pudo vencer entre otras cosas por las altísimas expectativas de consumo luego de 15 años de Kirchnerismo. Los bienes aspiracionales fueron su perdición. El aire acondicionado, el autito, la escapada el fin de semana, la compra de ropa, las vacaciones en otro lado lejos de nosotros, el subirse al avión, el tener algo para mostrar en Instagram, el gasto porque sí; todo eso, salvó a la sociedad de un proyecto colonial. No fueron las razones ideológicas, ni el proyecto de país, ni las aspiraciones nacionales de emancipación ni ninguna cosa épica o poética. El pretorianismo de consumo hijo de la prosperidad, fue demasiado pesado para la oferta electoral de cambiemos. Lo superfluo y la desidia rescataron a la sociedad Argentina. Sin embargo, la pandemia generó un ajuste siniestro aún en las expectativas. A la vuelta de página, la sociedad argentina tiene el umbral del dolor más alto que nunca y solamente debate quienes son los que deben hacer el sacrificio con diversas respuestas.
El clima de época, lo dicta ese nuevo sector desagregado de personas. Aunque no sean mayoría dan una cierta tonalidad hegemónica. En 2023, el homo tributo, solo, desorganizado, sin contención y sin destino, atado al estado por el pago de un impuesto, encontró quien lo represente y no eran pocos. No todos por supuesto tomaron ese camino ideológico, pero se estima que 2/3 de ellos votaron a Javier Milei.
Hoy nuevamente van quedando solos. Mas de dos millones de personas lo cual duplica a los empleados de comercio debidamente registrados. Sumemos a esta realidad al más de medio millón de conductores de autos y motos de las app y tenemos u panorama interesante. Jóvenes, vitales, movedizos.
Como tantos otros, son parte de una masa fragmentada. El homotributista, siente que lo roban a cada paso. Está peor que el trabajador en negro en tiempos en que existía el trabajo. Para ellos,el estado, es una curita en la panza de un paciente descompuesto y como siempre es más molesto, lo que tiene el vecino que lo que tiene una entelequia llamada oligarquía que nunca. vieron se explotó ese odio al empleado público con resultados que hoy están a la vista.
La falsa expectativa fue la otra carta. La posibilidad de salir de pobres por medio de una pirueta financiera era la quimera del oro. Es la promesa de la martingala segura para ganar en el casino. Sin embargo, no era más que una apuesta y se sabe que “el que juega por necesidad, pierde por obligación”
Sobre la masa inerte y disuelta del hombre masa ahora solo, se construye esta nueva generación. Fragmentos de masa que se unen por una filigrana de frustración. Todos quieren humillar a alguien y a la vez, no ser humillados. Los jóvenes Argentinos, optaron por la libertad. Esta nueva generación no hizo nada diferente a otras. Hubo una generación que opto por el Rock en el país del Tango, otra, pago con desocupación el pasaje al primer mundo. La actual, paga con todo: futuro, soberanía, derechos laborales, la necesidad insólita de pertenecer a algo que aún no cristalizó y que parece demasiado peligroso. Por tercera vez en 70 años una generación renuncia
a su misión histórica. Quizá esta vez sea la vencida.
Sin embargo, la historia no termina nunca y la politica es un juego que se recrea todos los días. El gobierno propone la polarización constante convencido que en esa logica acumula poder. Eso en un país donde el que gana gobierna y el que pierde va preso o por lo menos pasa su vida yendo a tribunales. Del lado de la oposición, es esperable que alguien pueda juntarles la cabeza
a todos y poner a caminar de nuevo a un país al que a pesar de su juventud le sobra historia, cultura, ideas, capacidad y logros. El peronismo actual, no representa nada (potente), sin embargo, tiene aún 7 millones de votos. Es algo. Es mucho, a decir verdad. Pero, en la medida que no pueda combinar su historia, y su oposición al gobierno, con un proyecto de futuro, en sintonía razonable con un mundo en donde lo nuevo está lejos y lo viejo cerca, vigente y aún vivo, no será posible transformar esta realidad. Las frustraciones siguen ahí, igual que en 2015/19 y 23.