El Gobierno volvió a la carga con su intento de sacar del colchón los dólares que los argentinos guardan fuera del sistema. El ministro de Economía, Luis Caputo, presentó el proyecto de "Inocencia Fiscal 2", que modifica la Ley 27.799 sancionada en diciembre de 2025, después de que el esquema original mostrara un nivel de adhesión menor al esperado y de que contadores y tributaristas plantearan observaciones sobre distintos aspectos de la norma. La iniciativa ingresó a la Cámara de Diputados como parte de la agenda económica del segundo semestre.
El diagnóstico oficial es que el régimen original quedó corto. La primera versión de la inocencia fiscal buscaba incentivar la formalización de los ahorros no declarados, pero no logró la respuesta masiva que el Gobierno esperaba. La baja adhesión al esquema inicial obligó al equipo económico a rediseñar la herramienta, con la premisa de eliminar las trabas que, según los especialistas, desalentaban a los contribuyentes a blanquear sus tenencias en dólares. El nuevo proyecto es, en los hechos, una corrección de la letra que no funcionó.
Entre los cambios principales, el proyecto elimina los límites de ingresos y de patrimonio para ingresar al régimen, aunque los grandes contribuyentes no accederán a todos los beneficios. También permite corregir declaraciones juradas sin perder las ventajas del sistema. La modificación más relevante es el refuerzo del llamado "tapón fiscal", un mecanismo que limita la posibilidad de que la Agencia de Recaudación y Control Aduanero cuestione el origen de los fondos sin pruebas objetivas, una garantía pensada para dar tranquilidad a quienes desconfían de la letra chica. El objetivo es despejar el temor a futuros reclamos.
El ministro acompañó la presentación con un mensaje directo a los ahorristas. "Tener los dólares debajo del colchón es un muy mal negocio", planteó Caputo al defender el proyecto, en un intento por convencer a los argentinos de que integren al circuito formal las divisas que atesoran fuera del sistema financiero. La frase resume la apuesta del Gobierno: mostrar que la formalización conviene más que la informalidad y que el nuevo esquema ofrece garantías suficientes para dar el paso.
La lógica económica detrás de la iniciativa es clara. El Gobierno necesita dólares para robustecer las reservas y para dinamizar una economía que sigue mostrando señales mixtas, y una parte importante de esas divisas está inmovilizada en manos de particulares. La estimación oficial es que existe un stock significativo de ahorros en dólares fuera del sistema, y el objetivo del régimen es canalizar aunque sea una fracción de ese dinero hacia el consumo, la inversión y el circuito bancario formal. El éxito del proyecto se medirá en cuántos dólares logre movilizar.
El contexto financiero juega a favor del anuncio. El riesgo país se ubica en torno de los 410 puntos, cerca de sus mínimos de los últimos años, y las reservas del Banco Central escalaron a un nuevo máximo de la gestión. Esos indicadores le dan al Gobierno un marco más favorable para relanzar la inocencia fiscal, con el argumento de que el programa de estabilización empieza a mostrar resultados y de que integrar los ahorros al sistema es menos riesgoso que en el pasado. La estabilidad relativa es el principal activo que el oficialismo exhibe.
Sin embargo, el proyecto deberá pasar por el Congreso, donde el oficialismo es minoría y depende de la negociación con los gobernadores y los bloques dialoguistas. La discusión sobre la inocencia fiscal se suma a un paquete cargado que incluye la reforma electoral, el Super RIGI y la reforma laboral, y todas esas piezas compiten por la atención del recinto. La suerte de la Inocencia Fiscal 2 dependerá tanto de sus incentivos técnicos como de la capacidad del Gobierno de construir las mayorías que le permitan sancionarla, un desafío que hasta ahora no resolvió con ninguno de sus grandes proyectos. El Parlamento vuelve a ser el cuello de botella.
Los tributaristas, que habían objetado la primera versión, observan el nuevo esquema con expectativa cautelosa. La eliminación de los topes y el refuerzo del tapón fiscal responden a varios de sus reparos, aunque advierten que el verdadero incentivo depende de la confianza en que las reglas no cambiarán a futuro. La memoria de blanqueos anteriores, con reglas que se modificaron en el camino, es el principal obstáculo que el Gobierno debe superar para convencer a los ahorristas de que esta vez la garantía es sólida. La confianza, más que la norma, será el factor decisivo.
El antecedente de los blanqueos previos ofrece pistas sobre el potencial y los límites de la iniciativa. La historia argentina registra varios regímenes de exteriorización de capitales con resultados dispares, que dependieron menos de la letra de la norma que del contexto de confianza en el que se aplicaron. La experiencia muestra que los ahorristas responden cuando perciben estabilidad y garantías, y se retraen cuando intuyen que las reglas pueden cambiar, un patrón que el Gobierno deberá tener en cuenta para no repetir el resultado magro del primer intento. La memoria de los blanqueos condiciona la respuesta del público.
El proyecto se inscribe en la estrategia más amplia de acumulación de reservas. El Gobierno necesita robustecer las arcas del Banco Central para sostener el esquema cambiario y despejar las dudas sobre la capacidad de pago de la deuda, y los dólares del colchón aparecen como una fuente de divisas que no requiere endeudamiento. La inocencia fiscal es una pieza de un rompecabezas mayor en el que el oficialismo busca sumar dólares por todas las vías posibles, desde las exportaciones hasta la colocación de bonos y la formalización de los ahorros. Cada fuente de divisas cuenta en el cálculo oficial.
El impacto sobre la actividad económica es otro de los objetivos declarados. El Gobierno espera que una parte de los dólares que salgan del colchón se vuelquen al consumo, a la inversión inmobiliaria o al circuito productivo, dinamizando una economía que todavía no encuentra un sendero firme de crecimiento. La apuesta es que la formalización de los ahorros no solo engrose las reservas sino que también active sectores que dependen del gasto de las familias, en un momento en el que el consumo sigue golpeado. El proyecto busca, a la vez, sumar divisas y mover la economía.
Lo que está en juego, más allá de los tecnicismos, es la capacidad del Gobierno de traducir la mejora financiera en dólares concretos que refuercen su programa. La Inocencia Fiscal 2 es la apuesta de Caputo para corregir un instrumento que no rindió y para sumar divisas en un momento clave, pero su destino se definirá en un Congreso trabado y en la disposición de los argentinos a confiar en las reglas que el oficialismo promete respetar. El resultado dirá si la corrección alcanza.