El gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela, movió una ficha de fuste en el tablero de la interna justicialista al cursar una invitación formal al diputado nacional Máximo Kirchner para visitar su provincia en las próximas semanas. El mandatario norteño, uno de los referentes con mayor rodaje territorial de la Liga de Gobernadores, se anotó formalmente para mediar en la pelea de fondo que mantiene el jefe camporista con el bonaerense Axel Kicillof, buscando enfriar un conflicto que paraliza la capacidad de articulación del movimiento.
La iniciativa del riojano surge en un momento de máxima tensión, luego de que las espadas legislativas del Instituto Patria reactivaran en el Senado bonaerense una serie de proyectos de emergencia diseñados específicamente para marcarle la cancha a la gobernación platense. Ante este escenario de desgaste cotidiano, Quintela intenta ofrecer su provincia como un territorio neutral para ensayar un acercamiento institucional, convencido de que la continuidad de los reproches cruzados en el conurbano termina por regalarle la centralidad política absoluta a la Casa Rosada.
Desde el entorno del mandatario riojano insisten en que el peronismo de las provincias no puede quedar de rehén de una disputa por el control de las listas bonaerenses de cara a los próximos turnos electorales. La estrategia de Quintela apunta a consensuar un temario de resistencia unificado en el Congreso Nacional, recordándole a las facciones en pugna que la división interna facilitó que el gobierno de Javier Milei avanzara con reformas de desregulación ambiental y dominial que dañan las economías regionales.
En los despachos de La Plata y en el búnker de Fuerza Patria miran el movimiento del gobernador norteño con cautela pero sin descalificar la instancia de diálogo. Mientras Kicillof se mantiene aferrado a la defensa de las PASO como su escudo de legitimación y acelera el envío de referentes juveniles al interior para consolidar su propio armado sub 30, los operadores de Máximo Kirchner evalúan el viaje como una oportunidad para reagrupar al peronismo tradicional bajo una conducción federal orgánica que ponga límites a las ambiciones individuales prematuras.
Las próximas semanas serán determinantes para constatar si la diplomacia mediterránea de Quintela logra sentar las bases de una tregua real o si la fractura del peronismo bonaerense ingresó en una fase de no retorno. Con la recesión económica golpeando las arcas de las provincias y la militancia exigiendo señales claras de conducción, la mesa riojana asume el desafío de transformar los vetos cruzados en una propuesta de unidad competitiva capaz de contener las demandas de los gobernadores e intendentes de todo el país.