La política comercial argentina volvió a chocar con el Mercosur: Brasil inició un análisis formal del acuerdo comercial que negocian la Argentina y Estados Unidos ante la posibilidad de que viole las normas del bloque regional. La movida del principal socio del país profundiza la tensión de un esquema de integración que Javier Milei decidió esquivar para pactar directamente con Washington, en una apuesta que promete beneficios arancelarios pero que erosiona la relación con Brasilia.
El pacto en negociación es ambicioso. Según reconstruyó Ámbito, el Gobierno avanza con Estados Unidos en un acuerdo que funcionaría como una especie de tratado de libre comercio, con aproximadamente 150 posiciones arancelarias que podrían comerciarse libremente, en un esquema construido por fuera del Mercosur. La eliminación de aranceles recíprocos le daría a la Argentina acceso preferencial para medicamentos, productos químicos, maquinaria, tecnología, dispositivos médicos, automotores y una amplia gama de bienes agrícolas.
La asimetría con Brasil es el dato que ordena la escena. La Argentina se ubica con una tarifa básica del 10% en el nuevo mapa comercial estadounidense, mientras que Brasil enfrenta aranceles del 50%. Que la Argentina avance con Estados Unidos mientras Brasil sufre tarifas altas tensa la ya frágil relación entre los dos socios mayores del Mercosur, y explica por qué Brasilia decidió poner la lupa sobre el acuerdo bilateral.
El Mercosur exige a sus miembros coordinar su política comercial externa y mantener un arancel común frente a terceros países, un principio que un tratado bilateral como el que negocia la Argentina podría vulnerar. El análisis formal que abrió Brasil apunta justamente a determinar si el pacto con Washington rompe esas reglas, en un movimiento que combina la preocupación técnica con el malestar político por quedar en desventaja frente a su vecino.
El antecedente que agrava el cuadro es la propia situación arancelaria de Brasil frente a Estados Unidos. Mientras la administración de Donald Trump aplica tarifas elevadas a los productos brasileños, la Argentina se posiciona como socio preferente, un contraste que altera el equilibrio histórico del bloque. La foto de un Mercosur donde uno de sus dos motores negocia ventajas mientras el otro recibe castigos arancelarios es la imagen exacta de la crisis del esquema de integración.
La política exterior de Milei apostó desde el inicio a un alineamiento estrecho con Washington, y el acuerdo comercial es la expresión económica de esa estrategia. El Gobierno sostiene que un pacto con la mayor economía del mundo abre oportunidades para sectores exportadores argentinos y consolida la relación bilateral, un argumento que entusiasma a los defensores de la apertura pero que preocupa a quienes advierten sobre el costo de debilitar el Mercosur.
En simultáneo, el bloque regional exhibe otras señales de reconfiguración. La Unión Europea y el Mercosur firmaron a comienzos de 2026 un acuerdo de libre comercio tras un cuarto de siglo de negociaciones, en medio de la ofensiva arancelaria de Trump. El Mercosur intenta abrirse al mundo por múltiples frentes mientras se tensiona por dentro, en una ecuación donde cada socio busca su propia estrategia y la coordinación común queda cada vez más debilitada.
Analistas de comercio internacional advierten que la jugada argentina tiene un doble filo. Por un lado, un acuerdo con Estados Unidos puede traducirse en acceso a un mercado enorme y en un salto de competitividad para ciertos rubros; por el otro, avanzar por fuera del Mercosur expone a la Argentina a represalias de sus socios y a un debilitamiento del principal esquema de integración regional del país. El beneficio inmediato convive con un riesgo estructural que no siempre aparece en la contabilidad oficial.
Desde sectores productivos e industriales la mirada está dividida. Algunos rubros exportadores celebran el acceso preferencial al mercado estadounidense, mientras que otros temen que la apertura sin gradualismo profundice la competencia sobre la producción local. La discusión reproduce el debate de fondo sobre el modelo económico, entre quienes ven en la integración con Estados Unidos una oportunidad y quienes advierten sobre los efectos de una apertura que no contempla las asimetrías.
El desenlace del análisis brasileño marcará el próximo capítulo. Si Brasilia concluye que el acuerdo viola las normas del Mercosur, el conflicto podría escalar hacia una crisis diplomática y comercial entre los dos principales socios del bloque, con consecuencias difíciles de anticipar. Si el pacto avanza sin represalias, la Argentina habrá consolidado un cambio de eje en su política comercial que la acerca a Washington y la aleja de la lógica regional.
Por ahora, el tablero quedó en movimiento. Milei apuesta a un vínculo privilegiado con Estados Unidos y a los beneficios de un arancel del 10%, mientras Brasil enfrenta tarifas del 50% y decide poner bajo análisis la jugada de su vecino. Entre la oportunidad de un mercado gigante y el riesgo de fracturar el Mercosur, la política comercial argentina se juega una definición que excede lo económico y redefine su lugar en la región.