La reforma electoral integral que impulsa el Gobierno de Javier Milei quedó congelada en el Senado y, según fuentes legislativas, no volverá a moverse hasta agosto. El proyecto, que contiene 78 artículos, propone la eliminación de las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), modificaciones a la ley orgánica de los partidos políticos, cambios en el método de elección de los representantes al Parlasur y la incorporación del régimen de Ficha Limpia. La iniciativa más ambiciosa del oficialismo en materia institucional entró en un cuello de botella parlamentario que la dejó sin fecha cierta de tratamiento.
El freno responde, en parte, a la acumulación de proyectos en la agenda del Senado y a la falta de consensos firmes para garantizar la sanción. La intención de la bancada libertaria es que las modificaciones rijan para las elecciones de 2027, lo que le da al oficialismo cierto margen temporal, aunque también lo obliga a no dilatar demasiado el debate. El Gobierno juega contra el reloj: cada mes de demora acerca el riesgo de que la reforma no llegue a tiempo para el próximo turno electoral.
La eliminación de las PASO es uno de los puntos más sensibles del paquete. Las primarias, instauradas en 2009, funcionan como una gran encuesta obligatoria y como mecanismo de ordenamiento interno de los espacios políticos. Su supresión modificaría de raíz la forma en que los partidos dirimen candidaturas y mediría fuerzas recién en la elección general. El fin de las primarias reordenaría el tablero para todos los espacios, en un momento en que el peronismo discute precisamente si dirime su interna en unas PASO.
El proyecto de Ficha Limpia, que prohíbe ser candidato a quien tenga condena confirmada en segunda instancia por delitos de corrupción, generó una tensión paralela. Distintos aliados del oficialismo reclamaron tratarlo por separado de la reforma electoral, para no atar su suerte a un paquete más amplio y resistido. Según se informó, la Casa Rosada no cumplió el compromiso de tratar la iniciativa de manera individual, lo que sumó fricción con esos sectores. El oficialismo quedó en falta con sus propios socios parlamentarios, que ahora desconfían de la estrategia del Gobierno.
La llegada de Diego Santilli a la Jefatura de Gabinete, con el manejo del área de Interior bajo su órbita, apunta justamente a destrabar este tipo de negociaciones. El flamante jefe de Gabinete deberá reconstruir puentes con los gobernadores y con la oposición dialoguista para conseguir los votos que hoy no están. El primer gran examen legislativo de Santilli será mostrar que la reforma electoral puede volver a moverse después del receso.
En la previa, el propio Santilli había trabajado para destrabar la reforma con los gobernadores, aunque persistían dudas en el Senado, según consignó Ámbito. La aritmética de la Cámara alta es esquiva para el oficialismo, que necesita tejer acuerdos con bloques provinciales para alcanzar los números. Sin el aval de los gobernadores, ninguna reforma de fondo tiene destino en el Senado, y el Gobierno lo sabe.
El debate de fondo excede la cuestión técnica. Para el oficialismo, eliminar las PASO y ordenar el régimen de partidos es parte de un programa de modernización institucional y de reducción del gasto electoral. Para sectores de la oposición, en cambio, la supresión de las primarias concentra el poder de decisión en las cúpulas partidarias y debilita la participación ciudadana en la selección de candidatos. La pelea por las reglas electorales es, en el fondo, una pelea por quién controla las candidaturas.
La discusión también se cruza con la coyuntura del peronismo. Si las PASO se eliminan, la principal vía que algunos sectores del justicialismo imaginan para dirimir la interna entre Cristina Kirchner y Axel Kicillof —una elección primaria que legitime al ganador por los votos— quedaría clausurada. La reforma que impulsa el Gobierno podría, sin proponérselo, terminar empujando al peronismo hacia la ruptura en lugar de la competencia interna.
Desde la oposición dialoguista advierten que el tratamiento exprés de un paquete tan amplio, sin el debate suficiente, puede generar más problemas que soluciones. Reclaman desmenuzar las iniciativas, discutir Ficha Limpia por separado y dar tiempo a un análisis pormenorizado de los 78 artículos. El reclamo de los aliados es claro: sin diálogo real, no habrá votos para la reforma.
El cronograma, por ahora, juega a favor de la cautela. Con el Congreso enfocado en otras prioridades y la reforma frenada hasta agosto, el oficialismo tiene tiempo para rearmar la estrategia, pero también corre el riesgo de que el tema pierda centralidad en medio de la discusión económica. El Gobierno apostó fuerte a la reforma electoral, pero por ahora la dejó estacionada en la antesala del Senado.
Lo que viene será una prueba para la nueva estructura de poder del oficialismo. Con Santilli como articulador político y el calendario electoral de 2027 ya en marcha, la reforma electoral se convirtió en uno de los expedientes que medirán la capacidad real del Gobierno para construir mayorías. El destino de las PASO y de Ficha Limpia dirá, en los próximos meses, cuánto poder de negociación conserva la Casa Rosada en el Congreso.