Javier Milei finalmente no viajó a la cumbre del Mercosur en Asunción y delegó la representación argentina en su canciller, en una decisión que el Gobierno justificó por la necesidad de atender la transición entre los jefes de Gabinete Manuel Adorni y Diego Santilli. La ausencia presidencial en el encuentro donde la Argentina debía ceder la presidencia pro témpore del bloque a Brasil cargó de simbolismo un vínculo bilateral que atraviesa su punto más bajo en años.
El dato no es menor: la cumbre estaba pensada como el escenario del traspaso de mando regional de Milei a Luiz Inácio Lula da Silva, dos presidentes que no esconden sus diferencias ideológicas ni sus chispazos públicos. En lugar de protagonizar ese acto, el mandatario argentino se quedó en Buenos Aires y, según informó La Política Online, recibió en la Quinta de Olivos a Flavio Bolsonaro, hijo del expresidente brasileño Jair Bolsonaro y dirigente de la derecha de ese país. El contraste fue elocuente: Milei le soltó la mano a Lula en la foto oficial del Mercosur y, el mismo fin de semana, abrió las puertas de Olivos a la oposición bolsonarista.
La cumbre de Asunción estuvo marcada por tensiones de fondo. El eje del debate fue la preocupación de la diplomacia brasileña por las posibles distorsiones comerciales derivadas de la eliminación argentina de aranceles sobre más de 1.600 productos estadounidenses, una medida adoptada en febrero. Brasilia sostiene que cualquier alianza estratégica de un socio con Estados Unidos debe compatibilizarse con la política arancelaria común del bloque. La apertura comercial unilateral de la Argentina hacia Washington se transformó en el principal motivo de fricción dentro del Mercosur.
A ese conflicto se sumó la formalización del pedido argentino de ingreso al Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP), un movimiento que abrió, según los analistas, una pregunta geopolítica inédita sobre la convivencia de ese paso con las reglas del bloque regional. En paralelo, Brasil anunció el inicio de negociaciones para un acuerdo Mercosur–Japón, una jugada que en la diplomacia argentina interpretan como una maniobra para reducir el atractivo de un ingreso individual de la Argentina y Uruguay al pacto transpacífico. El tablero comercial quedó dividido entre la estrategia argentina de mirar al Pacífico y la de Brasil de blindar al Mercosur con socios propios.
El oficialismo defendió la decisión presidencial de no viajar. En la Casa Rosada remarcaron que el recambio en la Jefatura de Gabinete exigía la presencia de Milei en Buenos Aires y que la representación quedó garantizada por la Cancillería. El argumento institucional, sin embargo, no alcanzó a disipar la lectura política de un desplante a Lula en su propio terreno.
La relación entre los dos mandatarios viene cargada de antecedentes. Milei dedicó duras descalificaciones públicas al presidente brasileño en distintas etapas, y Lula evitó durante meses un encuentro bilateral formal. La cumbre del Mercosur ofrecía la ocasión para un acercamiento protocolar mínimo, aunque sea por la necesidad de coordinar la agenda comercial del bloque, pero el faltazo argentino clausuró esa posibilidad. La diplomacia de los gestos terminó pesando más que la agenda económica que el Mercosur necesita resolver.
Para la Argentina, el bloque sigue siendo un socio comercial central pese a la retórica aperturista del Gobierno. El monitoreo del pacto con la Unión Europea, la negociación con Japón y la discusión sobre el arancel externo común son temas que impactan de lleno en la producción y las exportaciones nacionales. Mientras el Presidente elige las batallas ideológicas, los empresarios siguen mirando al Mercosur como el destino de buena parte de las ventas industriales argentinas.
La recepción a Flavio Bolsonaro agregó un capítulo de política internacional con derivaciones internas en Brasil. El bolsonarismo atraviesa un proceso judicial y político adverso, y el acercamiento de Milei a esa familia es leído en Brasilia como un alineamiento explícito con la oposición a Lula. El Presidente argentino volvió a inscribir su política exterior en una clave de afinidad ideológica antes que de pragmatismo regional.
Desde sectores de la oposición y del análisis diplomático cuestionaron el costo de tensar la cuerda con el principal socio comercial del país. Especialistas en relaciones internacionales advirtieron que la sobreexposición del conflicto con Brasil puede complicar la posición negociadora argentina en foros donde se definen aranceles, cuotas y reglas de origen que afectan a la industria local. El riesgo, señalan, es que la épica del enfrentamiento termine pagándose con menos mercados para la producción nacional.
El Gobierno, en cambio, sostiene que la diversificación de socios —con la mirada puesta en Estados Unidos y en el Pacífico— es la mejor estrategia para una economía que quiere abrirse al mundo. La discusión de fondo, que excede a esta cumbre, es si la Argentina puede sostener simultáneamente su pertenencia al Mercosur y su acercamiento a esquemas de comercio que el propio bloque mira con recelo. El interrogante quedó planteado en Asunción y seguirá abierto durante todo el segundo semestre.
En la diplomacia argentina, la decisión presidencial despertó lecturas encontradas. Mientras el oficialismo defendió la prioridad de atender la transición en la Jefatura de Gabinete, sectores del análisis internacional advirtieron que la ausencia debilita la capacidad negociadora del país en un foro donde se definen aranceles y reglas que afectan a la producción nacional. El costo del gesto no se mide en la foto que faltó, sino en el peso que la Argentina pierde en la mesa donde se discute su comercio.
Por ahora, el saldo de la cumbre para la Argentina es ambiguo: cumplió formalmente con el traspaso de la presidencia pro témpore, pero lo hizo sin su Presidente en la mesa y con un nuevo foco de tensión con Brasil. La foto que no se sacó Milei con Lula y la que sí se sacó con el entorno de Bolsonaro resumen el estado de la política exterior libertaria. El Mercosur sigue siendo, para este Gobierno, más un problema a administrar que una alianza a profundizar.