El acuerdo arancelario con Trump, en jaque: la Corte Suprema de EE.UU. le quita base jurídica y enciende dudas - Política y Medios
29-06-2026 - Edición Nº6723

COMERCIO

El acuerdo arancelario con Trump, en jaque: la Corte Suprema de EE.UU. le quita base jurídica y enciende dudas

14:10 |El entendimiento bilateral preveía eliminar más de 1.600 aranceles recíprocos, pero un fallo del máximo tribunal estadounidense obliga a rediseñar el esquema. Empresas exportadoras siguen el caso con preocupación.

El acuerdo arancelario que la Argentina negoció con Estados Unidos, presentado por el Gobierno como un hito de la alianza entre Javier Milei y Donald Trump, quedó en una situación de incertidumbre. Un fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos le quitó validez jurídica interna a la estrategia arancelaria de Trump y obligó a rediseñar el esquema comercial, lo que pone en duda los compromisos asumidos con Buenos Aires. El entendimiento, que preveía la eliminación de cientos de gravámenes recíprocos, atraviesa así su momento más delicado pese a que ambos gobiernos insisten en que sigue en pie y en que trabajan para salvar lo pactado.

El acuerdo bilateral se enmarca en la sintonía ideológica entre los dos mandatarios. Trump decidió excluir a la Argentina de las sanciones comerciales que aplicó a otros países de la región, en un gesto de reconocimiento a la afinidad con Milei que diferenció al país de socios como Brasil, México y Canadá. El entendimiento contemplaba al menos un centenar de posiciones de comercio exterior, con aranceles que oscilarían entre el 0% y el 10%, y la eliminación de más de mil seiscientos gravámenes recíprocos sobre productos argentinos. A cambio, el Gobierno de Milei se comprometía a bajar más de doscientos aranceles sobre productos estadounidenses, en un esquema que el oficialismo presentó como una apertura beneficiosa para el país.

El problema surgió en el plano jurídico interno de Estados Unidos. La Corte Suprema de ese país puso un freno a la estrategia arancelaria de Trump, una resolución que afecta la validez de los compromisos que Washington asumió en el marco del acuerdo con la Argentina. El fallo del máximo tribunal estadounidense dejó sin sustento legal a buena parte del esquema arancelario sobre el que se construyó el entendimiento. La decisión obliga a la administración Trump a rediseñar su política comercial global y, de rebote, a recalibrar lo pactado con Buenos Aires, en un proceso cuyos tiempos y resultados son todavía inciertos.

Pese al revés, ambos gobiernos buscaron transmitir tranquilidad. Tanto la administración de Milei como su contraparte republicana confirmaron que el acuerdo sigue en pie y que trabajan para sortear el obstáculo jurídico. El oficialismo argentino apuesta a sostener el entendimiento como una pieza central de su política exterior y de su estrategia de inserción comercial, en línea con el alineamiento geopolítico con Estados Unidos que caracteriza a la gestión. La Casa Rosada no quiere que el fallo empañe uno de los logros que exhibe en materia internacional, en momentos en que la economía necesita señales positivas hacia los mercados.

El sector empresario, sin embargo, sigue el caso con preocupación. Las compañías exportadoras que esperaban beneficiarse de la baja de aranceles para colocar sus productos en el mercado estadounidense quedaron en un limbo, sin certezas sobre cuándo y cómo se implementará el esquema. La incertidumbre jurídica golpea de lleno a las empresas que habían empezado a planificar inversiones y exportaciones en función del acuerdo. La alerta crece especialmente en los rubros con mayor potencial de venta a Estados Unidos, que ven cómo una decisión judicial ajena puede frenar planes que ya estaban en marcha.

El episodio expone los riesgos de atar la política comercial a una relación personal entre mandatarios. La estrategia de Milei de privilegiar el vínculo con Trump le permitió obtener un trato diferenciado, pero también la dejó expuesta a los vaivenes de la política interna estadounidense, donde el Poder Judicial puede desbaratar decisiones del Ejecutivo. La fragilidad jurídica del acuerdo muestra que los entendimientos basados en la afinidad ideológica no siempre se traducen en marcos estables y previsibles. El caso ilustra los límites de una diplomacia que descansa más en la sintonía entre líderes que en marcos institucionales sólidos.

Desde la mirada crítica, analistas de comercio exterior advierten que el acuerdo, además de su debilidad jurídica, plantea interrogantes sobre la conveniencia de fondo para la Argentina. Sectores que cuestionan la apertura señalan que la baja de aranceles sobre productos estadounidenses podría perjudicar a la industria nacional, que enfrentaría una competencia para la que no está preparada. La crítica apunta a que el entendimiento privilegia el gesto político por sobre un análisis de los costos y beneficios para la producción local. El debate sobre la apertura comercial, recurrente en la política argentina, vuelve a quedar en el centro de la discusión económica.

El caso también tensiona el vínculo regional. El acuerdo con Estados Unidos fue uno de los factores que enfriaron la relación de la Argentina con Brasil en el marco del Mercosur, donde el gobierno de Lula lee el alineamiento con Washington como un debilitamiento de la posición común del bloque. La política comercial de Milei, así, genera réditos en un frente y costos en otro, en un equilibrio difícil de sostener. La diplomacia económica argentina se mueve en una cuerda floja entre el norte y la región, en un contexto global de reordenamiento de las cadenas comerciales y de creciente proteccionismo.

De cara al futuro, el destino del acuerdo dependerá de cómo la administración Trump logre reconstruir el sustento jurídico de su política arancelaria. Mientras tanto, la Argentina queda a la espera, con un entendimiento anunciado con bombos y platillos pero que todavía no puede aplicarse plenamente. El acuerdo que Milei exhibió como un triunfo de su política exterior quedó, por ahora, atrapado en los tribunales de Washington. El sector exportador, expectante, sigue esperando que las promesas se conviertan en oportunidades concretas y que la incertidumbre jurídica no termine licuando un beneficio que parecía al alcance de la mano.

El episodio abre, además, un interrogante sobre la previsibilidad de los acuerdos internacionales en la era de la guerra comercial. La decisión de la Corte estadounidense muestra que ni siquiera los entendimientos respaldados por el Ejecutivo de una potencia están a salvo de los vaivenes institucionales internos. En un mundo donde las reglas del comercio se reescriben de un día para el otro, la estabilidad de cualquier acuerdo quedó en entredicho. Para la Argentina, que necesita certezas para atraer inversiones y planificar exportaciones, ese clima de incertidumbre es un obstáculo adicional en un escenario ya de por sí complejo.

De cara a los próximos meses, el Gobierno deberá decidir cuánto capital político invierte en sostener un acuerdo cuya implementación depende de factores externos. La apuesta por la alianza con Estados Unidos seguirá siendo un pilar de la estrategia oficial, pero el revés judicial obliga a moderar las expectativas sobre sus beneficios concretos. El desafío del oficialismo será sostener el vínculo con Washington sin sobrevender un acuerdo que todavía no se traduce en resultados tangibles. Mientras tanto, el sector exportador seguirá esperando definiciones que le permitan saber, finalmente, si las oportunidades anunciadas se concretan o quedan en el terreno de las promesas.

El caso reabre, además, un debate de fondo sobre la inserción internacional de la Argentina. La estrategia de alinearse con una sola potencia, por más afín que sea ideológicamente, expone al país a los vaivenes internos de ese socio y reduce su margen de maniobra. Una política exterior más diversificada, advierten los especialistas, permitiría distribuir riesgos y aprovechar oportunidades en distintos mercados sin depender de un único interlocutor. La excesiva dependencia de la relación con Estados Unidos quedó expuesta como una vulnerabilidad cuando el propio sistema judicial de ese país trabó el acuerdo. El episodio funciona como una advertencia sobre los límites de apostar todas las fichas a una sola alianza.

Para la economía argentina, mientras tanto, la prioridad sigue siendo conseguir divisas y mercados. En un contexto de restricción externa, cada acuerdo comercial que se traba representa una oportunidad postergada para sectores que necesitan exportar y generar empleo. El verdadero costo del revés judicial no se mide en el plano diplomático, sino en las exportaciones y las inversiones que quedan en pausa. El desenlace del caso, todavía incierto, definirá si la apuesta del Gobierno por la alianza con Washington se traduce en beneficios concretos o si queda como un gesto político sin correlato en la economía real.

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