El oleoducto VMOS entra en la recta final: transportará 550 mil barriles diarios y promete destrabar el cuello de botella del crudo - Política y Medios
27-06-2026 - Edición Nº6721

ENERGÍA

El oleoducto VMOS entra en la recta final: transportará 550 mil barriles diarios y promete destrabar el cuello de botella del crudo

17:30 |El proyecto Vaca Muerta Oil Sur estará operativo a fines de 2026 y permitirá ampliar fuertemente la capacidad de evacuación del petróleo neuquino. La obra apunta a resolver el principal límite del shale: sacar la producción hacia los puertos de exportación.

El proyecto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), uno de los emprendimientos de infraestructura más relevantes del sector energético argentino, entra en su recta final. Según la información del sector, el oleoducto estará operativo a fines de 2026 y permitirá transportar hasta 550 mil barriles por día, con la posibilidad de ampliar esa capacidad a 700 mil barriles diarios si fuera necesario. La obra apunta a resolver el principal cuello de botella del shale: la capacidad de evacuar el crudo hacia los puertos de exportación. VMOS es la llave que puede destrabar el verdadero límite de Vaca Muerta, que no es la producción sino el transporte.

El problema que viene a resolver el oleoducto es estructural. Durante años, la formación neuquina aumentó su producción a un ritmo que la infraestructura de transporte no logró acompañar, generando un cuello de botella que limitaba la posibilidad de exportar. Cada barril que no se puede transportar es un barril que no se puede vender. La historia de Vaca Muerta es, en buena medida, la historia de una producción que crece más rápido que los caños que deberían sacarla.

La capacidad que aportará VMOS es significativa. Con 550 mil barriles diarios en su primera etapa, y la posibilidad de escalar a 700 mil, el oleoducto amplía de manera sustancial la capacidad de evacuación del crudo neuquino. Esa ampliación es condición necesaria para alcanzar el objetivo de producir un millón de barriles diarios que el sector se fijó como meta. Sin la capacidad de transporte que aporta VMOS, las metas de producción de Vaca Muerta quedarían en el terreno de la expresión de deseos.

El impacto exportador del proyecto es directo. Las proyecciones del sector apuntan a generar exportaciones por unos USD 18.000 millones anuales en 2026, una cifra que depende, en gran medida, de la capacidad de sacar el crudo hacia los mercados internacionales. El oleoducto es, en ese sentido, una pieza clave de la estrategia de generación de divisas. Cada kilómetro de caño que se construye en Vaca Muerta se traduce, potencialmente, en dólares para una economía que los necesita con urgencia.

VMOS se integra a un conjunto de obras que están transformando la logística del sector. Al oleoducto se suman el megaproyecto de TGS para exportar líquidos del gas desde Bahía Blanca y el financiamiento del BID para obras viales en Neuquén. La combinación de estas iniciativas configura un salto en la infraestructura energética del país. La Argentina está construyendo, en simultáneo, la red de transporte que su producción energética reclamaba desde hace una década.

El proyecto, sin embargo, también plantea interrogantes. La magnitud de las inversiones y la participación de distintos actores —públicos y privados— en la infraestructura de Vaca Muerta reabren la discusión sobre la gestión y el control de un negocio que mueve miles de millones de dólares. La eficiencia y la transparencia en la administración de estos proyectos son tan determinantes como su concreción técnica. El desafío no es solo construir el oleoducto, sino gestionar de manera eficiente la riqueza que va a transportar.

Especialistas del sector remarcan que la infraestructura es la condición que separa el potencial de la realidad. Vaca Muerta tiene las reservas; lo que le faltaba era la capacidad de convertir esas reservas en producción exportable, y esa capacidad depende de obras como VMOS. El potencial geológico de Vaca Muerta está fuera de discusión; lo que estuvo en duda durante años fue la capacidad del país de construir lo necesario para aprovecharlo.

El oleoducto tiene además un valor estratégico en el contexto macroeconómico actual. Con el dólar bajo presión y vencimientos de deuda que exigen divisas, la posibilidad de acelerar las exportaciones de crudo aparece como una de las pocas fuentes confiables de dólares genuinos. La energía se consolida como el sector llamado a aportar las divisas que la economía argentina necesita. VMOS no es solo una obra de ingeniería: es parte de la respuesta argentina al problema crónico de la falta de dólares.

Para las economías regionales, el avance del proyecto también tiene impacto. La construcción y operación de la infraestructura de Vaca Muerta genera empleo, inversión y actividad en Neuquén y en las regiones por donde pasa la red de transporte. El desarrollo del shale, en ese sentido, derrama más allá de los balances de las petroleras. La obra de infraestructura energética se traduce en empleo y actividad para las regiones que la albergan, un beneficio que excede a las empresas del sector.

El concepto de cuello de botella es clave para entender el desafío del shale. Durante años, la producción de Vaca Muerta creció a un ritmo que la capacidad de transporte no logró acompañar, lo que obligó a limitar la extracción o a buscar salidas alternativas más costosas. La infraestructura de evacuación se convirtió, así, en el principal condicionante del desarrollo. El verdadero techo de Vaca Muerta no estuvo nunca en el subsuelo, sino en la capacidad de los caños para sacar la producción hacia los puertos.

El proyecto VMOS se inscribe en una transformación más amplia de la logística energética. Junto con el megaproyecto de TGS para los líquidos del gas y el financiamiento del BID para obras viales, el oleoducto forma parte de una red de infraestructura que está cambiando la escala del sector. Esa combinación de obras configura un salto que el país venía postergando. La Argentina está construyendo en paralelo la red de transporte que su producción energética reclamaba desde hacía más de una década.

La capacidad de escalar de 550 mil a 700 mil barriles diarios le da al proyecto un margen de crecimiento relevante. Esa flexibilidad permite acompañar el aumento previsto de la producción sin necesidad de nuevas obras de gran escala en el corto plazo. La posibilidad de ampliar la capacidad es, en sí misma, una ventaja estratégica. El diseño escalable de VMOS le permite a Vaca Muerta crecer sin volver a chocar, en lo inmediato, contra el límite del transporte.

El impacto regional del proyecto excede a las petroleras. La construcción y operación de la infraestructura genera empleo e inversión en las provincias por donde pasa la red, dinamizando economías locales que se benefician del desarrollo del shale. Ese derrame es uno de los argumentos centrales a favor del proyecto. La obra no solo mueve crudo: mueve empleo, inversión y actividad en las regiones que atraviesa, un efecto que trasciende al balance de las empresas.

La logística del petróleo es, en cualquier país productor, tan determinante como la extracción misma. De nada sirve aumentar la producción si no existe la capacidad de transportarla hacia los puntos de exportación o de consumo. Por eso, las grandes cuencas petroleras del mundo se desarrollan junto con sus redes de transporte. La historia del petróleo enseña que producir y transportar son dos caras de la misma moneda: una sin la otra no genera valor.

El oleoducto VMOS, en ese sentido, es una obra que define el techo real del desarrollo neuquino. Su capacidad de evacuación determina cuánto crudo puede efectivamente venderse, y por lo tanto cuántas divisas puede generar la cuenca. La obra es, en los hechos, una de las llaves del potencial exportador del país. VMOS no transporta solo petróleo: transporta el potencial exportador de la Argentina hacia los mercados del mundo.

La concreción de la obra, además, envía una señal a los inversores. Demostrar que el país puede construir la infraestructura que su producción requiere genera confianza y atrae nuevas inversiones hacia el sector. Cada obra terminada refuerza la credibilidad del desarrollo de Vaca Muerta. Terminar la obra es también una señal de previsibilidad, un activo que el sector energético necesita para seguir atrayendo capital.

El saldo deja a Vaca Muerta cada vez más cerca de cumplir su promesa. Con VMOS entrando en su recta final, el shale neuquino se acerca a tener la capacidad de transporte que necesita para convertir su potencial en exportaciones reales. La obra resuelve el cuello de botella histórico del crudo. La pregunta que queda, como con todo lo que rodea a Vaca Muerta, es si la Argentina sabrá administrar con eficiencia la oportunidad que la geología y la inversión le pusieron al alcance de la mano.

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