Frente a una multitud, García Cuerva pidió por "un pueblo que no quiere resignarse a que el trabajo sea una mercancía y a tener que tener dos o más empleos para llegar a fin de mes, o caer en la trampa de los créditos que endeudan y asfixian a tantas familias". La frase, breve y directa, condensó el eje de un mensaje que apuntó de lleno contra el modelo económico y sus consecuencias sociales.
El arzobispo fue más allá y planteó un límite conceptual que resuena en el debate público: "La libertad económica no puede ser absoluta y debe medirse siempre en función del bien común y de la dignidad de cada persona", en línea con las enseñanzas del papa León XIV. También cuestionó a la dirigencia política, a la que describió como alejada de la gente: "Hablan de los pobres, pero no están cerca", dijo ante un pueblo que definió como "cansado de promesas incumplidas".
El pronunciamiento de García Cuerva no fue un hecho aislado, sino la señal más nítida de que la Iglesia decidió meterse de lleno en la defensa de los endeudados. La cuestión dejó de ser un problema individual para convertirse en un drama social de dimensiones históricas: cerca de seis millones de argentinos no pudieron pagar sus deudas en regla, y la morosidad se ubica en su nivel más alto en dos décadas.
En ese cuadro, las fintech quedaron en el centro de la escena. La mora en las billeteras virtuales trepó a niveles que superan incluso a los de la pandemia. Mercado Pago, la mayor billetera del país, vio triplicarse su morosidad en un año, hasta alcanzar en torno al 15% de su cartera, mientras que en el conjunto del segmento no bancario los atrasos escalaron por encima del 30%. Ualá, otra de las grandes protagonistas del sistema, arrastra una crisis de morosidad que ya encendió las alarmas en la City. Para la Iglesia, detrás de esas cifras hay familias reales golpeadas por tasas que vuelven las deudas prácticamente impagables.
El pronunciamiento de la Iglesia contrasta de manera frontal con la postura del Gobierno. Días atrás, el presidente Javier Milei rechazó cualquier tipo de asistencia a las familias endeudadas y descargó la responsabilidad sobre los propios deudores. "Nadie les puso una pistola en la cabeza, es su responsabilidad", afirmó, al sostener que los problemas de pago deben resolverse entre los bancos y los deudores, sin intervención del Estado.
"Si alguien tiene un acuerdo privado con otro y no está en condiciones de cumplir ese acuerdo, ¿es correcto que le haga pagar a un tercero? Quienes se endeudan tienen responsabilidad, no les pusieron una pistola en la cabeza para hacerlo", insistió el mandatario. La mirada oficial choca de lleno con la de la Iglesia, que atribuye el fenómeno a la caída del poder adquisitivo de salarios y jubilaciones, que empuja a muchos hogares a usar la tarjeta no para adelantar una compra, sino para sostener gastos corrientes y llegar a fin de mes.
Así quedaron planteadas dos lecturas opuestas de un mismo drama. De un lado, un Gobierno que apela a la responsabilidad individual y descarta cualquier salvataje. Del otro, una Iglesia que, con García Cuerva como voz más audible, endurece su discurso contra un sistema de crédito que —advierte— asfixia a las familias, y que pone la lupa sobre las grandes fintech como Ualá y Mercado Pago, hoy en el ojo de la tormenta por el récord de morosidad. En el medio, millones de argentinos que ven crecer sus deudas mes a mes y esperan una respuesta que, por ahora, nadie termina de darles.