El mató(n) ¿a un Irán revitalizado? - Política y Medios
08-04-2026 - Edición Nº6641

INTERNACIONAL

El mató(n) ¿a un Irán revitalizado?

15:26 |El retorno de Donald Trump a la Casa Blanca en 2024 supuso un inevitable contrapunto con su primera presidencia. De su política de no injerencia y aislacionista, focalizada en Asia-Pacífico, en la guerra comercial y tecnológica con China, se pasó a una frenética presencia estadounidense en espacios periféricos que Washington guarda para su interés: América Latina, Medio Oriente y África. La ecuación es simple y sencilla: frente al avance chino en materia comercial y tecnológica, Estados Unidos procura tener acceso a reservas de petróleo para incidir en los valores globales de la energía, y el control de materiales críticos - lo que se viene denominando 'tierras raras' - para abastecerse en la producción de semiconductores.

A veces quiero fuego, y me quemo

Con el prólogo de lo ocurrido en Caracas en enero pasado, con la invasión a Venezuela y la captura de Nicolás Maduro, Donald Trump apeló a su rol de "matón liberador" en su política exterior: golpear fuerte la mesa de negociación global para imponer sus términos. Estos rasgos ya se vislumbraban en el comienzo de su segunda administración, en su relación con México y Brasil, ya sea con sus amenazas de intervención o la imposición de aranceles. Sin embargo, Irán no es el escenario venezolano, y puede explicarse en tres factores: el antecedente del sentimiento anti-americano arraigado en Irán desde 1979 con el triunfo de la revolución iraní y su posterior instauración de la República Islámica; la solidez de un sistema político que pese a su descabezamiento descansa en un denso entramado burocrático; y un factor cultural cohesionado. Es así que lo ocurrido el pasado 28-F con el ataque a Teherán y asesinato del Líder Supremo Alí Jamenei, no solo supuso una trampa para Trump en su espejismo venezolano, sino que además brindó a Irán la posibilidad de demostrar el afianzamiento de su régimen y la persistencia de su proyecto de potencia regional. A través de la liberación de una minuciosa estrategia elaborada por Teherán durante décadas, para un conflicto que se entendía inevitable al menos desde el fin de la guerra entre Irán-Irak en 1979.

Asimismo, el golpe de puño cerrado de Trump sobre la mesa global también plantea otra trampa: el retorno a la "edad dorada" de Estados Unidos debe ser entendido en un contexto de interdependencia, a pesar de la contracción globalizadora. Por lo cual, sus efectos pueden ser contraproducentes, y para nada realistas. En este sentido, cada actor internacional denota vulnerabilidades y sensibilidades frente a sucesos internacionales de semejante calibre, que pueden hacer uso de sus factores de poder en su beneficio, fundamentalmente si se tiene en cuenta la asimetría de los actores involucrados (Estados Unidos - Israel - Irán). Pero en este escenario, Trump juega a manejar sus avances y retrocesos como forma de administración del pulso del caos auto-generado.

¿Otra ronda de TACOs?

Hace un año atrás, en su 'Día de la Liberación', en la que impuso una serie de aranceles a distintos países del mundo (desde Argentina hasta China, menos Rusia), los mercados del mundo se hundieron en un 'lunes negro'. Días más tarde dió marcha atrás, en una maniobra descripta por el columnista del Financial Times Robert Armstrong como 'TACO: Trump Always Chickens out' (Trump siempre se echa atrás). Éste sostenía que existían inversionistas financieros que ganaban dinero en el marco de la incertidumbre bursátil impuesta por el mandatario norteamericano.

Lejos de acusar a Trump de 'tibio', su estrategia de 'puño, retroceso y negociación' denota el intento de marcar los términos de la discusión del poder global, en una clara intención de poner en valor el rol de autoridad de Washington. No obstante, la ambición de retornar a la 'edad dorada' colisiona con un mundo cuyo eje se encuentra trasladándose hacia el Este, y en dónde la fragmentación de la autoridad global da a lugar a múltiples actores medios (y no tanto) que logran imponer sus condiciones. Al fin y al cabo, también da muestras del colapso del sistema vigente sostenido en el derecho internacional y organismos multilaterales, como la ONU tal como lo conocíamos. 

El pasado lunes 6 de abril, al anunciar que en la noche del martes 'una civilización entera morirá', Trump una vez más marcó el pulso de la incertidumbre global. Su objetivo: que Irán ponga fin al cierre del estrecho de Ormuz, una de las principales rutas comerciales del mundo controlada por éste, y cerrada desde la escalada bélica ocasionada por la muerte del Ayatolá Jamenei, en un intento de frenar el aumento del valor del barril de petróleo. Al final del 7-A, el mandatario norteamericano anuncia un alto al fuego por quince días, con la condición de la apertura del estrecho y continuando con las negociaciones con Teherán teniendo como mediador a Pakistán. ¿Acaso Trump brindó una ronda más de TACOs? El asunto allí es analizar los términos en los que continúa la negociación. Sobre todo, si se tiene en cuenta que frente a Washington se encuentra un actor que utiliza el tiempo como arma: Irán

Irán, el administrador del tiempo y la interdependencia

En los comienzos del conflicto bélico, Trump anunció que el conflicto duraría "solo cuatro o cinco semanas". En contrapartida, la estrategia de Teherán se basó en el desgaste y la expansión del conflicto en la región con el fin de presionar sobre Washington y dar fin a la guerra. Esta estrategia se regionalizó con el ataque constante de drones a bases y nodos neurálgicos de la infraestructura militar y digital en Medio Oriente, y se globalizó al bloquear el estrecho de Ormuz, con el objetivo de afectar el comercio mundial. No solo encareciendo el valor del barril de petróleo (que llegó a superar los 100 dólares), sino también influyendo en otros sectores. Cómo por ejemplo en las cadenas de valor de los chips a partir de la afectación del comercio de helio, que tiene a Qatar como principal exportador, y que incide en una comercialización en crisis desde 2020.

Partiendo desde su posición asimétrica en relación a Estados Unidos e Israel en términos militares, Irán utilizó la interdependencia a su favor haciendo un uso dos armas: el control de las rutas comerciales y el tiempo. El aumento del valor del petróleo afecta el plan de Trump de energía barata para fortalecer la industria estadounidense en su carrera frente a China. Al mismo tiempo que incide en el pulso de los asuntos internos norteamericanos: la fractura del movimiento MAGA y la paciencia de los electores estadounidenses frente al salto del precio de la gasolina en el año de elecciones intermedias es crucial para Trump. Un hecho similar a lo ocurrido durante la crisis de los rehenes de la embajada de EEUU en Irán entre 1979-1981 y la posterior elección de Reagan.

En medio de las declaraciones cruzadas entre Washington y Teherán, se entiende que la próxima ronda de negociaciones en Islamabad, Pakistán; se daría en base al plan iraní de diez puntos de negociación. Entre estos puntos se encuentran: el control del Estrecho de Ormuz (consolidando una posición estratégica a nivel global), el levantamiento de sanciones económicas, la continuidad de su programa nuclear para uso civil bajo tutela de la Organización Internacional de Energía Atómica, una compensación económica para la reconstrucción de infraestructura afectada por los ataques e insertar a la mesa de discusión a Palestina y el Líbano, quien sufre ataques de Israel en su frontera sur. Si bien ni Trump reconoce el punto de la continuidad del enriquecimiento de uranio por parte de Irán, ni Israel reconoce el punto de Palestina y el Líbano en la mesa de negociación intermediada por Pakistán. Este escenario supondría una limitación del poder estadounidense a partir de la estrategia de cuello de botella y desgaste iraní descrita anteriormente, en favor de Teherán.

Sin embargo, también resulta pertinente hacer mención que la declaración de alto al fuego seguido por una ronda de negociación en Islamabad, lejos de suponer una victoria iraní vislumbra el riesgo latente a la continuidad de la degradación de la estabilidad política económica global producto del shock energético generado por la guerra. Con un Irán que desde su posición asimétrica de potencia intermedia logra mostrar músculo, manteniendo la supervivencia de la República Islámica en medio del conflicto y a pesar de sus fracturas internas. Y con un Estados Unidos que encuentra sus límites en la prolongación de sus injerencias, aun siendo hoy una de las dos potencias globales junto a China. Corriendo el riesgo de que lejos de acercarse a la era dorada de Reagan y de su Makes America Great Again - y a pesar de sus TACOs - Trump se termine mirando en el espejo de su antecesor Jimmy Carter el próximo noviembre en las elecciones intermedias. Ambas víctimas del arma predilecta iraní: el tiempo.

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