Algo cruje en el cinturón urbano más poblado de la Argentina. No es un ruido nuevo, pero su frecuencia se ha vuelto eléctrica, peligrosa. En los 24 municipios que conforman el Conurbano Bonaerense, lo que se palpa es un hundimiento en tobogán de todas las variables económicas. La metáfora que recorre los pasillos municipales es tan gráfica como inquietante: los cables están pelados y el pasto está seco.
Tras un verano que estiró los plazos de la tolerancia, el clima social parece haber quebrado. El gobierno de Javier Milei atraviesa una "tormenta perfecta": denuncias de nepotismo, un shock externo por el conflicto en Medio Oriente y, fundamentalmente, un deterioro interno que las encuestas ya no pueden disimular. Según el último relevamiento de Latam Pulse, la desaprobación de la figura presidencial trepó al 61,6% en marzo, mientras que el rechazo a su gestión alcanzó el 57,4%.
La clase media en la mira
A diferencia de otras crisis, el epicentro del dolor se ha desplazado. Ya no se trata solo de los sectores históricamente vulnerables. “El gobierno de Milei está depredando a la clase media”, sentenció ante este diario el ministro de Desarrollo de la Comunidad bonaerense, Andrés Larroque.
El paisaje es desolador: cierres de empresas, mora crediticia y familias enteras que caen en el sistema de préstamos informales ante la imposibilidad de calificar en el circuito bancario o incluso en aplicaciones como Mercado Pago.
El intendente de Morón, Lucas Ghi, relata una escena que sintetiza el drama: un trabajador registrado de Morón Sur, asfixiado por deudas con prestamistas barriales, le confesó una disyuntiva extrema: "O robo para pagar o me tengo que mudar de barrio". Es la encrucijada de quien tiene empleo, pero ya no tiene vida.
El "desempleo blue" y la lista de espera para sobrevivir
El fenómeno del "autoempleo" o “desempleo blue” —como lo denomina el Instituto Argentina Grande (IAG)— crece a la par de la desocupación oficial, que en el GBA ya escala al 9,5%. Se trata de miles de personas que, para compensar la caída del poder adquisitivo, suman jornadas de tres o cuatro horas adicionales como choferes de aplicaciones o repartidores.
Los datos de la empresa Pedidos Ya son un termómetro infalible de la crisis: la firma tiene hoy 300.000 solicitudes en "latencia". Personas que quieren pedalear o manejar una moto para sobrevivir, pero que el algoritmo no admite para no canibalizar los ingresos de quienes ya están en la plataforma.
“La situación es dramática y está acompañada de una alteración emocional. La gente hoy se nos pone a llorar”, describe Larroque.
Un territorio volátil
Mientras el Estado nacional retacea recursos —la Provincia denuncia un recorte de 22 billones de pesos—, el Conurbano resiste mediante el Servicio Alimentario Escolar (SAE) y el programa MESA. Sin embargo, la red de contención parece cada vez más tensa ante una inflación que no da tregua.
Para el analista Juan Courel, de Alaska Comunicación, el Conurbano será inevitablemente el eje de cualquier construcción política antimileísta. "Es donde está concentrada la mayor cantidad de votos. El hartazgo se está manifestando, pero falta algo que encadene las demandas", explica.
El GBA es hoy una incubadora de una coalición social opositora. Con el 37% del padrón electoral y una crisis que ya no distingue entre el trabajador formal y el desocupado, el principal bastión político del país espera, entre la angustia y el agotamiento, el próximo capítulo de una historia que parece haber llegado a su umbral de dolor.