El Gobierno enfrentará este viernes una prueba decisiva en el mercado: intentará captar unos 8 billones de pesos para cubrir vencimientos del Tesoro y, al mismo tiempo, absorber la liquidez emitida por el Banco Central en los últimos días. La operación no sólo tiene impacto financiero, sino que también funciona como señal política dentro del equipo económico.
La definición de avanzar con una estrategia de máxima disciplina monetaria llevó la impronta del presidente Javier Milei, que inclinó la balanza frente a las posiciones que proponían relajar el ajuste para apuntalar la actividad.
La Secretaría de Finanzas diseñó una licitación amplia, con instrumentos en pesos y en dólares. Entre ellos, se destacan nuevas emisiones de Lecap a tasa fija de corto plazo, títulos ajustados por inflación como Lecer y Boncer, y la reapertura de bonos a tasa variable y dólar linked con vencimientos más largos.
Además, el menú incluye deuda en moneda extranjera. El objetivo es captar unos 150 millones de dólares en la primera jornada y otros 100 millones en una segunda colocación prevista para el lunes, en un intento por reforzar el frente externo.
El mercado venía siguiendo de cerca estas definiciones. La expectativa giraba en torno a si el Ejecutivo mantendría la política de absorción de pesos o si comenzaría a flexibilizarla para evitar que la recesión se profundice.
Finalmente se optó por sostener el endurecimiento monetario, priorizando el control de la inflación por sobre un repunte de la actividad económica cada vez más necesario, en un contexto de cierre de empresas diario y deterioro sostenido del mercado laboral.
En los últimos días, el Banco Central logró recomprar divisas en el mercado, con adquisiciones relevantes que permitieron recomponer parte de las reservas utilizadas para atender compromisos del Tesoro. Sin embargo, el desafío sigue siendo mayor: el Gobierno necesita duplicar ese ritmo para cubrir los vencimientos del año y generar expectativas de estabilidad hacia adelante.
En ese contexto, el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional contemplaba la posibilidad de que la compra de dólares se tradujera en mayor emisión para dinamizar la economía. Pero esa alternativa fue descartada por el presidente, que insiste en neutralizar cada peso emitido.
“Hoy lo que se emite es para comprar reservas (y Tesoro esteriliza) de eso depende el nivel de la base monetaria amplia”, escribió Milei en redes sociales, dejando en claro que no habrá expansión monetaria.
En la misma línea, defendió el esquema fiscal y financiero del Gobierno. “Respecto a los intereses se pagan con superávit y si no sabés cómo se computan los bonos de cupón cero o los que ajustan te falta estudiar contabilidad. CIAO!”, respondió en un cruce con usuarios, en medio de críticas sobre la sostenibilidad del modelo.
Hoy lo que se emite es para comprar reservas (y Tesoro esteriliza) de eso depende el nivel de la base monetaria amplia.
— Javier Milei (@JMilei) March 25, 2026
Respecto a los intereses se pagan con superávit y si no sabés cómo se computan los bonos de cupón cero o los que ajustan te falta estudiar contabilidad.
CIAO!
Las declaraciones se dieron en paralelo a una discusión más amplia sobre los efectos del programa económico. La inflación, tras haber tocado un piso meses atrás, volvió a mostrar señales de aceleración, mientras que la actividad continúa resentida.
Incluso dentro del oficialismo y entre actores del mercado aparece una disyuntiva creciente: pisar la inflación a cualquier costo o introducir algún alivio para evitar un deterioro mayor del consumo, el empleo y la recaudación.
El propio presidente se involucró en esa discusión con referencias históricas, al mencionar el “Rodrigazo” de 1975 como punto de comparación para debatir responsabilidades en crisis macroeconómicas, en un intercambio que también funcionó como defensa de su propia gestión.
En ese escenario, la licitación de este viernes se convierte en algo más que un mecanismo de financiamiento. Es, en los hechos, una señal de continuidad de un modelo que prioriza el orden monetario y fiscal, aun cuando la economía real muestra signos de desgaste.
El equilibrio es delicado: mientras el Gobierno apuesta a consolidar expectativas de estabilidad, crece la presión -interna y externa- para evitar que el ajuste termine erosionando las bases mismas del programa.