En un clima de altísima intensidad política y una carga emotiva que se sentía en el aire, Argentina conmemoró este martes el 50º aniversario del golpe de Estado de 1976. No fue una jornada más de calendario; fue una de las demostraciones de fuerza popular más masivas que se recuerden en años. Bajo la consigna «Que digan dónde están», el centro porteño se pobló de miles de fotografías de las víctimas, un recordatorio físico y persistente de que la falta de información sobre su destino final sigue siendo una herida abierta en la democracia.
La Plaza de Mayo funcionó como el epicentro de un sistema de venas abiertas que conectó la ex ESMA y el Congreso con el corazón político del país. En ese escenario, la conmemoración se transformó rápidamente en un espacio de resistencia frente a lo que los organismos definen como un retroceso deliberado en las políticas de Memoria, Verdad y Justicia.
La posta generacional en la calle
La jornada exhibió una vitalidad que parece ignorar el paso de las décadas. Desde temprano, la tradicional caminata de La Cámpora —que este año incluyó una escala simbólica frente al domicilio de Cristina Fernández de Kirchner— marcó el pulso de la movilización.
Sin embargo, el dato central fue la herencia generacional. Al mediodía, las Abuelas de Plaza de Mayo, junto a agrupaciones como H.I.J.O.S. y Nietes, encabezaron una columna que dejó en claro el recambio: centros de estudiantes secundarios marcharon a la par de los sobrevivientes. Por su parte, la Asociación Madres de Plaza de Mayo ingresó a la histórica plaza al ritmo de los tambores de La Chilinga, sosteniendo la bandera de que la única lucha que se pierde es la que se abandona.
La batalla por el sentido: "Memoria completa" vs. Terrorismo de Estado
El contexto político de este 2026 le imprimió una urgencia particular a la fecha. Mientras el gobierno de Javier Milei impulsa el concepto de "memoria completa" y promueve la desclasificación de archivos de inteligencia con una narrativa que busca equiparar la violencia estatal con la de las organizaciones armadas, la calle respondió con un rechazo tajante a la reedición de la "teoría de los dos demonios".
Desde el escenario principal, el documento de los organismos fue lapidario: se ratificó la cifra de los 30.000 desaparecidos y se denunció una relativización sistemática del genocidio por parte del oficialismo nacional.
Un grito federal
La conmemoración tuvo réplicas de gran envergadura en Córdoba, Rosario y Mendoza, confirmando que el reclamo no conoce fronteras provinciales. En localidades como Rojas y Pergamino, los actos en las plazas principales reafirmaron que, a medio siglo del quiebre institucional, la disputa por el sentido del pasado sigue siendo uno de los ejes ordenadores de la política nacional. El cierre en Plaza de Mayo fue una exigencia unánime: apertura total de archivos y continuidad irrestricta de los juicios de lesa humanidad.