El clima en la Casa Rosada se volvió más áspero en torno al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, que en las últimas semanas viene siendo objeto de duros cuestionamientos a raíz del viaje a Nueva York de su esposa en el avión presidencial y un oneroso vuelo privado que realizaron con destino a Punta del Este.
Puertas adentro, crece el malestar con el funcionario, a quien acusan de intentar blindarse políticamente detrás de Karina Milei para sostenerse en el cargo en medio del escándalo por sus gastos, que consideran difíciles de justificar con sus ingresos declarados.
La incomodidad no se limita al episodio inicial, sino que se profundizó con la estrategia comunicacional que desplegó el propio Adorni. En sectores del oficialismo interpretan que el jefe de Gabinete sobreactuó su defensa y terminó agravando la crisis, dejando abierta la incógnita por un posible 'fuego amigo' como desencadenante de la polémica.
Uno de los reproches más repetidos es que buscó involucrar a la hermana del presidente en la disputa con Santiago Caputo. Según esa lectura, el funcionario intentó subirla al centro del conflicto como forma de desviar la atención mediática.
El impacto no habría sido menor. Desde una encuestadora de peso señalaron que el caso tuvo mayor penetración que otros escándalos recientes. “El escándalo de Adorni entró a fondo, no es como Libra, lo entienden todos”, resumieron, en alusión al daño que generó en la imagen del oficialismo al asociarlo con prácticas que el propio espacio suele cuestionar.
La situación se tensó aún más con la denuncia presentada por la diputada Marcela Pagano, en la que se describen presuntas triangulaciones entre organismos públicos, empresas y una firma vinculada a la esposa del funcionario, dedicada al coaching ontológico. La presentación judicial amplió el foco del caso y sumó interrogantes sobre el manejo de fondos.
Dentro del Gobierno también apuntan a Javier Lanari, mano derecha de Adorni, como presunto origen de filtraciones que instalaron en medios versiones sobre inminentes cambios de gabinete. Esa movida fue leída como parte de una ofensiva interna en la disputa entre el karinismo y el sector que responde a Caputo.
Sin embargo, cerca de Karina se despegaron de esa estrategia. Aseguran que la secretaria general no avaló la difusión de esas versiones y que, llegado el momento, cualquier modificación en el gabinete se comunicará sin operaciones previas.
En ese tablero, el sector vinculado a la familia Martín Menem optó por mantenerse al margen. No solo evitaron sumarse a la circulación de rumores sobre un eventual desplazamiento de Caputo, sino que tampoco impulsaron nombres alternativos para áreas sensibles como la inteligencia. Las versiones sobre movimientos inminentes fueron tomadas con distancia e incluso con ironía.
El deterioro de la situación de Adorni también tuvo impacto en su exposición pública. El funcionario se mostró junto al presidente Javier Milei en un acto en Córdoba, en un gesto de respaldo político, aunque en el oficialismo admiten que el episodio no logró desactivar la crisis.
Lejos de calmar las aguas, su participación en una entrevista televisiva con el periodista Luis Majul volvió a generar ruido interno. Allí, el jefe de Gabinete dejó abierta la posibilidad de que Caputo estuviera detrás de la filtración del video que lo muestra abordando un avión privado rumbo a Punta del Este.
Esa insinuación cayó especialmente mal en el entorno de la hermana presidencial. “No es el estilo de Karina”, deslizaron cerca de la funcionaria, marcando distancia de la escalada discursiva.
Desde el círculo de Adorni ensayaron una defensa. “Desde que llegamos a la jefatura fuimos ordenando e incomodando a muchas personas”, argumentó un funcionario de su equipo, en un intento por explicar el trasfondo de las tensiones.
Pero en la Casa Rosada la lectura dominante es otra: que el escándalo ya dejó de ser un problema exclusivamente personal y pasó a convertirse en un factor de ruido político que expone fisuras en el corazón del gobierno.